Los
secretos del tiempo
Impartida
por Rahima Valverde
Introducción
El Domingo 30 de Octubre a las 3 de la mañana el
reloj retrocedió una hora y empezó el horario
de invierno.
La estructuración del tiempo natural y la imposición
de un tiempo funcional al servicio de la economía
es uno de los síntomas mas característicos
del encubrimiento de la realidad y el alejamiento del
medio natural de la sociedad tecnológica.
Como todos los años -una vez en primavera y otra
en otoño- nuestros hábitos, nuestra salud
y nuestra relación con la creación de Allah,
se ven profundamente alteradas por causa de la manipulación
de la conducta dictada por la maquina del tiempo.
TRANSCRIPCIÓN
Bismillahirrahmanirrahim
Miremos el mundo que nos rodea, el misterio envuelve las
enormes distancias interplanetarias, las grandes masas
saladas de los océanos, el continuo movimiento
en el interior de la tierra. Animales, vegetales y rocas
forman parte de la inagotable diversidad del cosmos. Enfrentados
a este antiguo espectáculo, nosotros, con la innata
capacidad para interpretar el lenguaje de los signos que
se despliegan ante nuestra existencia.
Cada cosa tiene asignada su pareja, su contrario, su opuesto.
Luz y oscuridad, vida y muerte, dolor y placer, esclavitud
y libertad podrían iniciar la relación de
antagonistas en la interminable lista del universo. El
fenómeno tiene lugar también en otras expresiones
de la vida del hombre, por ejemplo en el terreno del pensamiento:
capitalismo, comunismo; dictadura, democracia; realismo,
nominalismo. Esta dualidad es, en términos existenciales,
la manera en que experimentamos el transcurrir de nuestra
vida, pero el Islam, al igual que anteriores enseñanzas
unitarias, afirma además, que la existencia esconde
un secreto que es el que da sentido y cohesión
a todo lo existente. El secreto puede ser conocido, en
árabe se denomina Tauhid: unidad.
1. ¿Qué es el tiempo?
La reflexión acerca del tiempo constituye uno de
los hilos conductores de la historia de la filosofía,
y su propio significado ha sufrido numerosas variaciones,
generalmente relacionadas con las cosmovisiones que se
han sucedido a lo largo de la historia del pensamiento.
La determinación de la naturaleza del tiempo, es
sin duda, uno de los núcleos centrales de todo
el pensamiento filosófico, e incluso se puede afirmar
que toda la ontología clásica ha sido, en
su propia esencia, una filosofía del tiempo. Por
otra parte, en la medida en que la reflexión sobre
el tiempo es también uno de los elementos fundamentales
de la ciencia, la concepción que se tenga de él
aparece como uno de los nexos básicos de unión
entre el pensamiento filosófico y el científico.
Platón dice que el tiempo es la imagen móvil
de la eternidad. Refleja el debate de la época
entre el tiempo subjetivo (el de cada persona), el tiempo
objetivo (cronos o duración de los acontecimientos),
y el concepto de eternidad (tiempo inmortal y divino,
sin principio ni fin) introducido por Aristóteles.
El ser que mide es para Aristóteles la conciencia
interna del tiempo.
Newton establece el tiempo como algo absoluto, verdadero
y matemático, que transcurre uniformemente. Descarta
el factor subjetivo e introduce la medición matemática
del tiempo con ayuda de los relojes. Para Newton el tiempo
es sólo una magnitud, una unidad de medida.
Einstein, con su Teoría de la Relatividad, establece
la unión del tiempo y el espacio en un nuevo concepto
revolucionario señalando que el tiempo es la cuarta
dimensión de la realidad. Los objetos no sólo
tienen longitud, altura y profundidad, sino que además
están inmersos en un proceso temporal inevitable
que tiene tanta importancia como las otras tres dimensiones
físicas.
Bertrand Russell lo explica así: espacio y tiempo
no son independientes, como tampoco lo son las tres dimensiones
del espacio. Seguimos necesitando las cuatro dimensiones
para determinar la posición de un hecho, pues no
existe el mismo tiempo para diferentes observadores.
La Real Academia Española da como una de las definiciones
del tiempo: “La duración de las cosas sujetas
a mudanza”.
De las muchas definiciones que se dan del tiempo, parece
clara la imposibilidad de concebir el tiempo sin referirnos
al movimiento. Cualquier evolución requiere una
transformación, un cambio de posición, un
cambio de composición química, etc…
a través del tiempo. Por lo tanto parece que no
puede hablarse de tiempo si no existe movimiento.
La Física dice que el movimiento es el cambio de
posición de un objeto respecto a un sistema de
referencia en un periodo de tiempo determinado. Así,
cuando se habla del origen del universo y se dice que
toda la materia estaba concentrada en un punto y que tras
una gran explosión comenzó a expandirse…,
cabe preguntarse ¿y antes qué?, ¿qué
había? Estas son las preguntas que se ha hecho
siempre la humanidad y así se puede pensar que
al producirse la gran explosión que causó
la expansión de la materia y formó el espacio,
también desde ese preciso instante hasta hoy, comenzó
a contar el tiempo. Tiempo que seguirá contando
siempre y cuando exista el movimiento.
2. El tiempo y la organización social.
Para llevar el tiempo al terreno de lo real solamente
podemos hacerlo a través de la experiencia concreta.
Las sociedades configuran el tiempo, construyéndolo
de acuerdo con una serie de valores más o menos
generales que caracterizan a ese grupo.
El tiempo puede ser ordenado de forma peculiar por un
grupo o una comunidad, con el resultado de toda una gama
de ritmos y de tiempos sociales condicionados por las
necesidades y la naturaleza de los diversos grupos humanos.
Así que puede haber tantos tiempos colectivos como
grupos diferentes.
La concepción del tiempo en las sociedades cazadoras
y nómadas, ha sido distinta que en las sociedades
agrícolas y sedentarias, las cuales, dependientes
de la agricultura para su supervivencia, han tenido necesidad
de una cronometría, de un calendario rector de
sus actividades: el tiempo de la siembra y el tiempo de
la recolección. Por lo que se puede decir que la
coordinación de los diversos ritmos temporales
permite que la sociedad sea viable, siendo el resultado
de la imposición de los tiempos propios de los
grupos dominantes. Un ejemplo actual de ello sería
la coordinación de los horarios laborales y comerciales.
El tiempo social aparece, pues, como el resultado del
control social de la clase dominante; a la inversa, el
cambio de la estructura del tiempo supondría la
pérdida de poder de esa clase dominante, así
como el inicio de cambios profundos en la estructura comunitaria
total.
El propósito principal de la organización
del tiempo es el establecimiento de unas pautas relacionadas
con el modo de estructurar el grupo, pautas temporales
que coordinarán las actividades y servirán
para canalizar la potencia que todo grupo social genera,
separando el tiempo en bloques, poniendo límites
a los actos, sincronizando comportamientos, reemplazando
el vacío con la seguridad de lo repetido, permitiendo
marcar cortes en los cuales esa energía puede y
debe actuar para poner en marcha nuevamente el ciclo.
3. Tiempo cíclico y tiempo lineal.
El tiempo es medido por el Sol, con las alternancias del
día y de la noche, y por la Luna, con un ciclo
regular bastante fácil de determinar.
El ciclo de las fases lunares constituye el fenómeno
más regular y el más evidente después
de la alternancia del día y de la noche, constituyendo
los meses para los musulmanes, pero no para la cultura
occidental.
El año es para occidente, el giro completo de la
Tierra alrededor del Sol, más difícil de
medir por carecer de fases (apreciables de forma precisa)
y ser bastante largo (efecto lineal), influye o mejor
dicho se expresa de manera importante en el ciclo de las
estaciones, con consecuencias en la vegetación
y en los factores climáticos. El año, para
los musulmanes, es cuando se completa el ciclo de 12 lunas.
Estos dos ciclos, el lunar y el solar, de diferente duración
y más largo que el día, plantean dos soluciones
de calendario incompatibles entre sí, al menos
en el plazo de un año.
En la conceptualización del tiempo desde el origen
de la civilización, apareció el tiempo que
domina los ciclos naturales (día y noche, fases
de la luna, estaciones del año, actividad vegetativa,
tiempo de floración, fruto y agostamiento de las
plantas, etc.), y el tiempo de la experiencia individual,
que comienza con el nacimiento y culmina en la muerte.
Dos formas de experiencia diferentes, ya que una es cíclica,
dominada por la idea del retorno, y la otra es lineal
e irreversible.
Se enfrentan pues dos maneras de concebir el tiempo: el
tiempo cíclico y el tiempo lineal. El ciclo lunar
repetido, está asociado a las concepciones cíclicas
del tiempo, mientras que el ciclo solar, más extenso,
va unido a las organizaciones lineales.
La concepción cíclica del tiempo estaba
presente en los grupos íntimamente relacionados
con la Naturaleza, la vida social se ritmaba por la sucesión
de estaciones y por los ciclos de producción que
ellas marcan. El concepto de la linealidad apareció
ya que el hombre antiguo concebía el presente y
el pasado como una extensión en torno a sí
mismo, dependiendo de fuerzas poderosas y ajenas a su
voluntad, tomando pleno sentido al explicarse por el pasado
y el futuro.
El hombre moderno depende menos de la naturaleza, ya que
su medida del tiempo está basada en instrumentos
más o menos autónomos. El tiempo es concebido
como fugaz, como irreversible, vectorial y dividido en
segmentos de igual tamaño y de valor equivalente,
entendido como una forma de existencia de la materia,
como “duración pura”.
4.
Origen de la división del día, la hora,
minutos y segundos.
La Tierra es el reloj fundamental de la humanidad, ya
que desde sus albores, el hombre ha contemplado admirado
el espectáculo de los cielos, no pudiendo dejar
de reparar en la regularidad de determinados fenómenos
astronómicos. La salida y puesta del Sol, las diferentes
fases de la Luna, y el cambio de las estaciones, iban
a determinar muy pronto las primeras divisiones temporales
en días, meses, y años que aún hoy,
con pequeños cambios conservamos.
Fue en las tierras de Mesopotamia donde por primera vez
se procedió a domesticar el tiempo, al dividir
la temporalidad de dos puestas consecutivas de sol (para
los antiguos babilonios como para muchos otros pueblos,
como ya hemos dicho, el inicio de un nuevo día
venía marcado por la puesta de sol) en dos periodos
de 12 horas de desigual duración, uno para el día
y otro para la noche. La razón de por qué
escogieron el número 12 y no otro cualquiera, sin
estar muy clara, parece ser que tiene que ver con la división
del firmamento en 12 signos zodiacales de 30 grados cada
uno y con un sistema sexagesimal de numeración.
Más tarde, los griegos decidieron que era mejor
dividir el día en 24 partes de igual duración
ajustadas a las horas equinocciales (en los dos equinoccios
la noche y el día tienen exactamente la misma duración).
Sin embargo y debido al tremendo prestigio de los sacerdotes
astrónomos mesopotámicos, se siguió
utilizando el sistema de numeración de éstos
al dividir cada una de esas 24 partes del día en
otras 60 partes (primeras partes o minutos) y éstas
a su vez en otras 60 más (partes segundas o segundos).
Y de esta forma tan intuitiva ya tenemos nuestros días,
horas, minutos y segundos basados exclusivamente en la
periodicidad de la naturaleza.
5. Historia del horario en occidente.
Un salto esencial en la interpretación del tiempo
se produce gracias a las creencias del judaísmo,
que rompen con la idea del eterno retorno y rechazan la
noción de destino implantada por los griegos. Esta
es la visión del mundo sobre la que se construye
más adelante la concepción cristiana, que
realza el valor del futuro e introduce la esperanza como
referencia de la evolución humana. Así la
persona ya no es considerada prisionera de los ciclos
y de la fatalidad (sometida a los ciclos y al destino),
sino que se encuentra en peregrinación hacia el
futuro y esperando con intensidad el próximo cambio
del mundo. Es la idea del tiempo lineal, que se contrapone
a la idea del tiempo cíclico. El cambio de mentalidad
que se introduce es de gran consideración, y no
sólo integra la esperanza en la cultura de la especie,
sino que al mismo tiempo la hace subversiva: “El
mundo está inacabado y debemos perfeccionarlo”.
(Este aspecto es radicalmente opuesto en el Islam).
Esta noción del tiempo como fuente de progreso,
añade la dimensión social al debate de la
antigüedad sobre los elementos objetivo, subjetivo
y eterno (o cíclico) del tiempo. La polémica
se prolonga hasta la época moderna, cuando el tiempo
es percibido, bien como realidad absoluta (una realidad
completa en sí misma), bien como propiedad (de
las cosas) o también como relación, como
decía Aristóteles (más que una realidad,
el tiempo es una relación).
De manera general se supone que los antiguos tenían
una idea circular del tiempo, mientras que el judaísmo
y el cristianismo introdujeron la linealidad.
A finales del primer milenio, la Iglesia tomó el
poder y construyó el calendario cristiano, la concepción
sagrada del control del potencial humano. El control del
tiempo partió desde los monasterios: ante la inseguridad
del mundo, la Iglesia se enfrentó con la disciplina,
la previsibilidad. El respeto de los horarios no servía
solamente para el desarrollo de una vida colectiva en
orden, sino que afirmaba también la sumisión
a la orden y reconocía de manera concreta que el
tiempo no pertenecía a los hombres sino a Dios.
El anuncio del tiempo apareció como un instrumento
y un atributo del poder: SAN BENITO, en el capítulo
XLVII de su regla dice que: “el mismo abad o alguien
directamente encomendado por él se encargará
de tocar las campanas para llamar a la oración.
Dar la señal para la hora de Dios, tanto de día
como de noche, será incumbencia del abad, sea dándola
él mismo, sea encargando esta misión a un
hermano diligente, de manera que todo se haga a las horas
correspondientes”. Atender la señal era someterse
a la autoridad, o sea al abad, es decir a Dios. Las campanas
sonaban para la obra de Dios a las horas litúrgicas.
La influencia de los monasterios, y más tarde de
los clérigos urbanos, se extendió cada vez
más a la población cercana, sobre todo en
las ciudades crecientes. La vida cotidiana se ritmaba
naturalmente por las horas litúrgicas, y por el
calendario de la Iglesia. Las campanas, nuevo instrumento
de comunicación de masas, servían para anunciar
al mundo cercano, las horas litúrgicas.
El ciclo diario venía encuadrado por los toques
de oración que eran interpretados al amanecer,
a mediodía y al atardecer. La norma general parece
ser que era el toque por la mañana o al amanecer;
a medio día, a las doce del sol, o sea, cuando
el sol está más alto, y al atardecer, a
la puesta de sol o al oscurecer.
Tales toques marcaban el principio y final de la jornada,
lo que equivale a decir el silencio de las campanas durante
la noche. La noche era momento de silencio y el día
de comunicación.
En el año mil la ciudad europea comenzó
a vivir su propia vida. La hora y el año, la campana
y el calendario no desaparecieron sino que cambiaron de
manos; las campanas fueron tocadas por los alguaciles
para convocar las asambleas, para llamar a la defensa,
etc. La campana se convirtió en instrumento del
poder ciudadano. Así, el instrumento concebido
para llamar a la oración que ritmaba desde hacía
tres siglos la vida religiosa, se convirtió en
el instrumento del poder ciudadano. Aquello que sólo
era una señal de recogimiento, se oía cada
vez más en el orden dado por los laicos para marcar
el principio y el fin de acciones profanas. Al toque de
Prima, al alba, la ciudad se despertaba y se preparaba
para el trabajo. Con el toque de Nona, fijado entre el
siglo X y el siglo XIII cerca del mediodía, se
marcaba una pausa en la jornada urbana de trabajo, y las
vísperas indicaban el final del día.
La ciudad ya no podía contentarse con la campana
conventual y quería la suya, montando otra en un
nuevo monumento, el llamado beffroi, palabra difícil
de traducir porque se trata precisamente de un concepto
prácticamente inexistente en nuestro ámbito
cultural: torre comunitaria dependiente de la ciudad,
y cuyo propósito era marcar con su reloj las horas
y con sus toques ritmar las actividades de los ciudadanos
y comunicarles mensajes municipales laicos.
El tiempo eclesial, poco preciso, se sustituyó
de manera irreversible por otro regular, controlado, a
la medida del mercader. El tiempo empezó a racionalizarse,
se volvió laico, más por necesidades prácticas
que por razones teológicas, que por otro lado están
en la base. Los mercaderes y artesanos sustituyeron este
tiempo de la Iglesia por el tiempo medido con más
exactitud, utilizado para las tareas profanas y laicas,
por el tiempo de los relojes. La gran revolución
del movimiento comunal en el orden del tiempo son esos
relojes que por doquier se alzan al frente de los campanarios
de las iglesias.
El hombre de la ciudad tomó posesión, a
mediados del siglo XVI, del tiempo y se lo quitó
a Dios. Igual que liberó su razón de la
teología, definió el tiempo como la posibilidad
de ganancia y de potencia, mirando hacia el futuro y no
hacia el pasado, a sus hijos y no a sus mayores. Impuso,
aún enmascarado por la Iglesia, a la que comenzó
a manipular, la unificación de la medida del tiempo
por todo el espacio comercial europeo, que necesitaba,
para organizar su expansión.
Este cambio de mentalidad con respecto al tiempo es de
mayor relevancia en las ciudades de poder creciente, donde
el hombre ya se encontraba más sometido al orden
que él había creado que a los ritmos naturales,
separándose de manera clara de la naturaleza, comportándose
respecto a ella como si fuera un objeto exterior. El carillón
del reloj municipal representaba el tiempo “secular”,
en oposición a las campanas de la Iglesia, que
medían el tiempo de los servicios religiosos. La
comunidad urbana se convirtió entonces en dominadora
de su ritmo propio, con su ritmo particular. El tiempo
urbano, emancipado de la Iglesia, apareció quizás
como consecuencia de la invención de los relojes
mecánicos, deviniendo un tiempo sin cualidad, neutro
por su contenido y no ligado a los sujetos que viven y
que le atribuyen una colaboración afectiva, tiempo
extraño para los hombres de la antigüedad
y la edad media.
La aparición del tiempo regular aportó el
triunfo del tiempo lineal, llegando el tiempo presente
a comprimirse, para no ser otra cosa que un punto continuamente
en transformación, en un punto entre el pasado
y el futuro, y que transforma al futuro en pasado. El
tiempo presente se convirtió en efímero,
irreversible e inaprensible. El carillón de la
torre que sonaba regularmente recordaba, de forma ininterrumpida,
la brevedad de la vida e incitaba a la realización
de grandes acciones y a dar un contenido positivo al tiempo.
El cómputo mecánico del tiempo, hecho sin
la intervención directa del hombre, obligaba a
reconocer que el tiempo era independiente de él,
incluso en la ausencia de sucesos. El hombre, en la ciudad,
dejó de ser dueño del tiempo, ya que al
transcurrir independientemente, los hombres se veían
obligados a someterse a su imperio.
El tiempo se convirtió en un tirano con vida propia,
todos tenían que vivir a horas idénticas
o al menos coherentes entre ellas, todos tenían
que estar rodeados de un tiempo definido hasta el segundo
para interiorizar la nueva disciplina.
Estas explicaciones muestran el cambio en el sentido del
tiempo, ahora puntual, sin historia, renunciando a toda
tradición, siguiendo al progreso, dejando la regulación
del tiempo, la expresión de los mensajes comunitarios,
en manos de máquinas automáticas.
La aceptación del tiempo abstracto y matematizado
no fue bien acogida más que por las clases en el
poder, la precisión matemática del tiempo
abrió el camino hacia el control, planificación
y gestión total de los productores y consumidores,
con el reloj a la cabeza de todos los engranajes de la
sociedad mecanizada.
La visión del universo mecánico de Newton,
su concepción del “tiempo absoluto, verdadero,
matemático, que fluye uniformemente sin relación
con nada eterno”, quedó clavada en nuestras
mentes.
Con el poder que el reloj confería, millones de
personas podían ser sincronizadas para hacer girar
las máquinas, hizo la vida de la gente cada vez
más artificial, alienada, monótona y alejada
de su entorno natural. Con esta nueva abstracción
del tiempo, se regularon la funciones orgánicas:
se comió, no al sentir hambre, sino impulsado por
el reloj; se durmió, no al sentirse cansado, sino
cuando el reloj lo exigió. El reloj era la máquina
más productiva: producía horas, minutos
y segundos. De tal forma que, lo que era sucesión
de acontecimientos naturales, se convirtió en Tiempo.
El Tiempo era ahora mercancía más eficiente
y fácilmente contabilizable para ser gestionada,
vendida y consumida. En el siglo XIII la Iglesia Católica
se oponía a los créditos, a tener que devolver
más dinero del que se presta por el hecho de que
haya transcurrido tiempo, ya que el tiempo pertenecía
a Dios, no se podía comprar ni vender. Ahora el
reloj lo justificó bajo el supuestamente frío,
imparcial y objetivo punto de vista del número.
La generalización de la mercantilización
del tiempo fue impulsada por el reloj, de ello se sirvieron
los industriales, y una vez justificado, este nuevo ser
rigió el mundo, el “tiempo de la usura”
en los créditos, el “tiempo del trabajo”
también se generalizó como mercancía,
se mercantilizaron, compraron y vendieron por horas los
detentadores de la fuerza, los trabajadores, que pasaron
a ser apéndices de las máquinas. En palabras
de Marx: “bajo el látigo del reloj, en manos
de los poseedores del Tiempo”.
El reloj es sin duda la máquina clave de la moderna
sociedad industrial.
6. Husos horarios, hora solar, hora local, hora
UTC y hora oficial.
Durante siglos, el tiempo marcado por los relojes era
controlado por la rotación de la tierra, es el
caso de los relojes de sol. Sin embargo, al mejorar los
instrumentos de medición temporal (relojes de arena,
de agua y mecánicos), se descubrió que la
rotación de la tierra no era suficientemente estable
y precisa como para marcar el fluir constante del tiempo.
En 1967, en la XIII Convención General de Pesas
y Medidas, se decidió establecer un patrón
de tiempo mucho más preciso y estable que los existentes
hasta ese momento. El nuevo patrón se llama “segundo”
Sistema Internacional, y se define como la duración
de 9.192.631.770 periodos de radiación correspondiente
a la transmisión entre dos niveles hiperfinos del
átomo de Cesio-133. Este tiempo es el llamado Tiempo
Atómico Internacional (TAI).
Para intentar armonizar el tiempo solar con el tiempo
atómico, en 1964 se decidió crear el Tiempo
Universal Coordinado (UTC), que es el TAI corregido 0,9
segundos con respecto al tiempo solar. Hoy en día
el tiempo por el que nos regimos es el UTC.
El tiempo local (LT) viene definido por la posición
del Sol respecto al meridiano del lugar. A las doce del
mediodía, el Sol se encontrará justo sobre
el meridiano del lugar. Si utilizamos el sol medio tendremos
el tiempo local medio (LMT).
A mediados del siglo XIX se constató, que con el
aumento de la velocidad en los medios de transporte que
el ferrocarril había introducido, era necesario
contar con un tiempo uniforme a nivel nacional, de forma
que los relojes de los trenes y de los pasajeros no debieran
ajustarse a la hora local de cada pueblo por donde pasaran.
Inglaterra fue la pionera en adoptar un horario de trenes
uniforme, basado en el tiempo medio de Greenwich (GMT),
localidad donde se encontraba el Real Observatorio de
la Armada encargado de medir el tiempo. Hacia 1855 el
98 % de los relojes públicos ingleses funcionaba
según hora GMT.
Más tarde, la introducción de la telegrafía
sin hilos y de la instalación del primer cable
de comunicaciones trasatlántico en 1850, hizo patente
la necesidad de contar con un estándar de tiempo
común para todos los países que antes iban
por libre en la cuestión temporal. En 1884 se convoca
en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano,
en la que entre otras cosas se acordó establecer
un tiempo universal (UT), basado en el tiempo medio de
Greenwich.
Como consecuencia de la introducción de un tiempo
estándar de referencia, se decidió establecer
un sistema de husos horarios que corresponden con 24 zonas
horarias (doce al este y doce al oeste de Greenwich),
atribuidas a los meridianos terrestres y adaptadas en
lo posible al perímetro geográfico de los
países, en las cuales la hora oficial fuese la
misma y coincidiera con el tiempo medio de su meridiano
central. Hay un consenso político científico
internacional para situar el meridiano 0 en Greenwich
(Inglaterra). A partir de ese meridiano se organiza y
se mide la hora cero mundial, relacionada con el horario
solar.
Así, el horario solar es científicamente
medible y definible en cada punto del planeta con exactitud,
siendo los husos horarios no áreas de medida horaria
solar real, sino ordenaciones horarias de cada meridiano
terrestre que toman como medida de referencia la hora
solar.
Los husos horarios no dan la hora solar real en la mayoría
del territorio que abarcan, por ejemplo, en Vigo no es
la misma hora solar que en Barcelona pues entre ambas
ciudades hay un desfase horario de 40 minutos. Es decir,
el horario oficial basado en el UTC, Tiempo Universal
Coordinado, es una forma de coordinación regional
de las medidas del tiempo para sincronizar productiva
y luego políticamente grandes áreas. El
Horario Oficial que padecemos es pues aquel que más
interesa al Estado.
Del huso horario dice la Enciclopedia Encarta Online:
En principio, cada país adopta la hora local del
huso que contiene la mayoría de su territorio.
No obstante, existen excepciones a esta regla, como por
ejemplo España, que adopta el horario centroeuropeo
correspondiente al huso vecino (esto se refiere a la hora
de más con la que contamos independientemente del
cambio horario de verano).
De modo que la hora oficial peninsular española
(TO) difiere de la escala Tiempo Universal Coordinado
(UTC) en 1 hora en “horario de invierno” y
en 2 horas en “horario de verano”.
Cada grado, dentro de un huso horario UTC, tiene un desfase
real de cuatro minutos, por lo que un huso horario basado
en Tiempo Universal Coordinado, es en sí una uniformación
horaria arbitraria hecha a gran escala a costa del tiempo
solar real.
Introduciendo el huso horario vecino, el centroeuropeo,
se introduce en realidad 1 hora y 10 minutos de desfase
real con el horario solar, en invierno, y si además
se admite el cambio horario de verano que el Estado Europeo
introduce, son 2 horas y 10 minutos de desfase del horario
solar real con el horario oficial en verano, sobre nuestro
reloj biológico. Y esta es una decisión
política que atiende a criterios políticos,
productivos, capitalistas y de mercantilismo europeo.
Existen países europeos que no aplican los cambios
horarios. Esta medida mundial, no europea, la aplican
sólo ciertos países desde 1972, y muchos
de ellos han tenido que abandonarla por problemas de salud
de la población. Portugal, casi en las mismas coordenadas
que Galicia no lo aplica. Irlanda, Inglaterra e Islandia,
todos los países al oeste del uso horario también
se negaron a aplicarlo.
7. El tiempo biológico.
La vida en la Tierra está sometida al ritmo diario
marcado principalmente por la sucesión de los días
y las noches. Los animales, las plantas o las algas, responden
adecuando sus ciclos vitales a la rotación de la
Tierra, y esto es así gracias a la existencia de
los “relojes biológicos”.
La gran diversidad de los seres vivos presentan estos
ritmos llamados circadianos (es decir, que duran aproximadamente
un día), parece indicar que se trata de un fenómeno
antiguo: los biólogos evolucionistas opinan que
desde hace unos 700 millones de años todos los
organismos pluricelulares disponen de “relojes”
que les permiten adaptarse a la sucesión del día
y de la noche, algo fundamental para controlar la alimentación,
la defensa o la caza, el aprovechamiento de la luz solar
o para regular la temperatura corporal.
En un principio se pensó que los animales sincronizaban
su reloj mediante la visión: mayor luz de día
y menor, obviamente, de noche. Pero posteriormente se
comprobó que aislando individuos de las referencias
diarias externas, el reloj biológico era capaz
de mantenerse de manera bastante aproximada al menos durante
un mes.
Por otro lado, esa capacidad existe también en
seres vivos sin sistema nervioso central, como las plantas,
las algas verdeazuladas o algunos hongos, e incluso en
cultivos de células separadas del resto del organismo.
Se empezó así a sospechar que existía
un tipo de reloj básico instalado quizás
en cada una de las células de un ser vivo. La hipótesis
de que cada célula viene con su reloj diario incorporado
puede parecer sorprendente, pero ha sido confirmada recientemente
por investigadores del Departamento de Biología
Molecular de la Universidad de Ginebra (Suiza).
La coordinación de esos relojes, de todos los relojes
que existen en las células de un organismo (por
ejemplo: en los billones de células de que se compone
un ser humano), se realiza principalmente por la referencia
externa de la luz (calor), mediada por las hormonas, sustancias
que son liberadas siguiendo un patrón rítmico
aproximadamente diario. Esto permite, en cierto modo,
ponerlos en hora y hacer que funcionen simultáneamente.
Recibe el nombre de Cronobiología el estudio de
los ritmos biológicos que regulan diversos metabolismos
de nuestro organismo. En él inciden pautas distintas,
las más estudiadas en los últimos tiempos
son los ritmos circadianos, que son aquellos que tienen
una frecuencia próxima a la diaria, es decir, entre
20 y 28 horas. En este grupo se encuentra la mayoría
de los ritmos que se estudian en cronobiología.
El ritmo circadiano más evidente es el que alterna
el sueño y la vigilia, y que viene condicionado
por la sucesión del día y de la noche.
Los ritmos ultradianos son aquellos que tienen una frecuencia
superior a la diaria, es decir, un periodo inferior a
20 horas. Como ejemplo de ritmo ultradiano, cabe citar
el latido cardiaco y la ventilación pulmonar. Son
ritmos que tienen que ver con ciclos de atención
o actividad, con la regulación de las funciones
corporales que necesitan una periodificación menor
que un día, como es el aprendizaje, la alimentación
o el reposo.
Los ritmos infradianos son aquellos cuya frecuencia es
inferior a la diaria, es decir, con un periodo superior
a las 28 horas, como es el caso del ciclo menstrual de
la mujer. No es infrecuente que una misma variable biológica
presente de forma simultánea ritmos de frecuencia
diferentes, éste es el caso de la secreción
pulsátil ultradiana de algunas hormonas como el
cortisol, que además siguen un ritmo circadiano
de 24 horas.
También existen ritmos circanuales, mediados en
gran medida por los cambios estacionales de iluminación
y temperatura. Regulan periodos de fertilidad, migración
o, en los humanos, ciclos depresivos que se ha comprobado
como relacionados con la cantidad de luz que se recibe.
Por lo que, tanto las plantas como los animales poseen
relojes biológicos que responden a las variaciones
diarias de la luz solar y que regulan los ciclos cotidianos
de la actividad biológica. En los mamíferos,
el componente esencial de este mecanismo se encuentra
en el núcleo supraquiasmático del cerebro.
8. Cambios horarios: razones oficiales, razones
reales.
La decisión de adelantar la hora oficial durante
los meses con mayor cantidad de horas de luz se ha venido
adoptando en España y en otros países desde
las primeras décadas de siglo XX.
En España, la primera norma publicada con tal contenido
fue el Real Decreto de 3 de abril de 1918, por el que
se adelantaba la hora oficial “como medio de conseguir
el ahorro de carbón”. En los años
posteriores se adoptó la hora de verano mediante
órdenes de la Presidencia del Consejo de Ministros
de vigencia anual, pero con una frecuencia irregular e
intermitente, hasta que en el periodo comprendido entre
1950 y 1973 la práctica fue abandonada por completo.
La recuperación de la costumbre del adelanto horario
tuvo lugar en 1974 con carácter general en Europa,
adoptándose de forma drástica y urgente
ante la crisis del petróleo sobrevenida en dicho
año. Desde entonces y hasta 1984, una orden anual
de la Presidencia del Gobierno vino implantando la hora
de verano ininterrumpidamente y de forma coordinada con
los demás países europeos, pero con absoluta
autonomía normativa respecto a los mismos.
En el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo, por el que
se establece la hora de verano, tiene como finalidad el
incorporar al ordenamiento jurídico español
la Directiva 2000/84/CE, de 19 de enero de 2001, del Parlamento
Europeo y del Consejo, relativa a las disposiciones sobre
la hora de verano. Dicha Directiva, aplicable con carácter
indefinido a partir del año 2002, introduce un
modo de determinación anual de la fecha y hora
de comienzo y fin del periodo de la hora de verano.
Según estimaciones del Instituto para la Diversificación
y Ahorro de la Energía (IDAE), en nuestro país
el ahorro en iluminación en el sector doméstico
por el cambio de hora desde final de marzo hasta final
de octubre, puede representar un 5%. Si el consumo medio
de una familia española es de 3.200 kilovatios/hora,
el ahorro sería de más de 6 euros/mes por
hogar y más de 60 millones de euros para el conjunto
de ellos. A ello habría que sumar, procedente del
sector de comercio y servicios, un ahorro del 3% (más
de 6 millones de euros) en concepto de reducción
de consumo de aire acondicionado.
El astrónomo del Observatorio Astronómico
Nacional, Pere Planeses, señala que el cambio de
hora no tiene como finalidad el ahorro de energía,
sino más bien motivos relacionados con la incitación
al consumo y al ocio en nuestras sociedades. Así
explicó a Europa Press, que no está demostrado
que el cambio horario produzca un ahorro real de energía,
como cuando se instauró esta decisión en
1974 durante la crisis del petróleo, cuando era
real que se ahorraba hasta un 1 % de energía al
aprovechar más horas de luz. Sin embargo, ahora
las motivaciones han cambiado, y añadió
que en la actualidad se valoran otras cuestiones como
las salidas, el ocio y los servicios en general, porque
se valora mucho más el tiempo libre y el disfrute.
Por lo que todo apunta a que el hecho de que la hora oficial
en España no se corresponda con la hora solar,
es por razón de los intereses capitalistas, obedeciendo
además a criterios de unificación del mercado
y de sincronización de los aparatos productivos
centro y oeste europeos, ya que la hora legal española
corresponde a husos horarios del centro y este de Europa.
Pero no se entiende que a la vez que se toman medidas
tan drásticas de ahorro energético, se tomen
también medidas que animan a la expansión
del consumo energético, intentando que éste
crezca varios puntos anualmente. No, la medida del cambio
de hora no se realiza en Europa por el ahorro energético.
Adelantar una hora obliga a millones de trabajadores a
ajustar sus ritmos circadianos con los horarios laborales,
¿por qué razón? Recordemos que en
las granjas avícolas se aplican con notable éxito
potentes focos de luz sobre los pollos para acelerar sus
ritmos de crecimiento.
Lo que sucede al adelantar una hora oficialmente, es decir,
decretar que todo el mundo se levante una hora antes,
es como devaluar la moneda. Si la gente se despierta de
noche, antes del amanecer porque se tienen que levantar
una o dos horas antes, cuando llegan a sus centros de
trabajo, sobre todo los trabajadores industriales, están
en el momento que se corresponde con la fase alta de sus
ritmos circadianos, las horas en que el cuerpo humano
de manera natural desarrolla su mayor potencial orgánico.
Si además, al haber más horas de luz al
atardecer, las masas trabajadoras se acuestan más
tarde y aumentan el consumo, miel sobre hojuelas para
los capitalistas. No importa que ello produzca trastornos
de salud, menos y peores horas de sueño, no importa
que la población esté desajustada de su
reloj biológico, porque esa hora se traduce en
mayor productividad y consumo, en dinero para aquellos
que, a la vez, preparan nuevos recortes del empleo.
El problema de los husos horarios, como hemos visto, es
su arbitrariedad, el reloj es una forma de poder, la hora
oficial es una forma de inducirnos a realizar actos de
los que si supiéramos su contenido, muy difícilmente
accederíamos de grado a realizarlos. La decisión
sobre la utilización, coordinación e interconexión
de los tiempos no es una decisión científica,
sino una decisión social sobre la utilización
de un saber científico.
9. Consecuencias del cambio horario.
Durante tiempos ancestrales, el ser humano ha ido adaptando
el ritmo de su vida al modelo más idóneo,
según su situación geográfica, su
clima, la naturaleza de sus tierras, el factor de las
estaciones y en general a sus necesidades, siendo éste
el conocimiento de su existencia. Poco a poco este ritmo
de vida pautó el ciclo diario marcando horas medias
que se establecieron como las normales para las rutinas
diarias. La hora de despertar, la de comenzar el trabajo
matutino, la hora de comer, la siesta (en ciertas áreas
geográficas muy generalizada), el comienzo del
trabajo por la tarde, el fin de la jornada laboral, la
cena y la hora de ir a dormir.
Con el horario impuesto por esta sociedad, despertamos,
trabajamos, estudiamos, nos alimentamos y dormimos de
una forma mecánica, pero ¿está de
acuerdo nuestro cuerpo con ese ritmo? Si somos sinceros
hemos de confesar que normalmente nuestro organismo suele
protestar. Las revoluciones internas que nuestro cuerpo
manifiesta ante los horarios oficiales se deben a ese
reloj interno que la naturaleza ha puesto en nuestro interior.
De forma instintiva seguimos ritmos que obedecen tanto
a la química segregada por nuestras hormonas como
a los cambios de luz.
¿Creemos que podemos alterar el legado del conocimiento
de nuestros antepasados sin que ello nos afecte, como
si fuéramos una máquina insensible? ¿Es
que el ser humano no está afectado por el cosmos?
No hay duda de que sí lo está. ¿Por
qué hemos de alterarlo en beneficio de la producción
si es más beneficiosa nuestra buena salud o nuestro
bienestar? Nos empeñamos en cambiarlo todo en beneficio
de la economía general, del país, del mundo,
pero no sabemos muy bien de qué. ¿Es nuestro
asunto un tema meramente económico? Me pregunto
si la gente es consciente que la regulación horaria
no nos beneficia a todos, más bien nos perjudica.
¿No estaríamos más interesados en
llevar un ritmo horario más acorde con nuestra
naturaleza, que en el beneficio que el cambio de horarios
produce a la economía del país? Aunque los
políticos o los que están en el poder deberían
preguntarse si esto no perjudica a otro tipo de economías,
como puede ser el gasto referente a la salud.
Hasta dos horas de diferencia horaria, ¿nos hemos
parado a apreciar lo que esto supone? Practiquemos un
ejercicio con las horas en las que hacemos nuestras rutinas
diarias actuales, quitemos esas dos horas a nuestros relojes
y veamos lo que ocurre cuando lo hacemos todo a la misma
hora que ahora marcan nuestros relojes. Pues resulta que
cuando salimos a trabajar por la mañana el día
está más entrado, se hace más alegre
y nuestra actividad comienza con otra energía,
la hora de parar para comer se retrasa, y por tanto la
hora de descanso después de la misma concluye cuando
el sol deja de estar tan fuerte; esa hora invita a recomenzar
la actividad de la tarde sintiéndonos más
descansados, y por fin terminaremos nuestra actividad
diaria a una hora propia para cenar porque ya ha anochecido,
y acostarnos más temprano porque está entrada
la noche.
Podemos además comprobar este efecto si viajamos
a algún país donde se respeta el horario
natural del sol, la apreciación es inmediata, es
más saludable. Os invito a que lo experimentéis,
después sentiréis que nos han usurpado un
beneficio que antaño gozaba la gente de este país.
Se habla continuamente del estrés que la mayoría
de la gente padece, y es que estamos siendo tratados como
máquinas diseñadas para producir. Esto no
sólo ocurre con las personas, también ocurre
con los animales y las propias plantas. Existen muchos
trabajos relacionados con este tema y la ciencia que lo
estudia es la Cronobiología, que viene siendo desarrollada
desde los años cuarenta. En un estudio realizado
en 1975, se pudo demostrar en el Centro de Salud Naval
de San Diego (EEUU), por el psicólogo Carl Englund,
que estos ritmos corporales influyen en nuestro rendimiento
físico, emocional, intelectual o sexual. La Cronobiología
es llamada la ciencia para la salud del siglo XXI.
Santiago Casares Pérez, médico coruñés
especialista en medicina interna, en una entrevista realizada
por un diario de tirada nacional (no publicada, censurada),
decía:
El
cambio horario provoca una pérdida de calidad
de vida, no compensa el daño que causa a los
seres vivos, sobre todo al ser humano. Destaca el gasto
farmacológico por trastornos del sueño,
ansiedad, enfermedades cardiovasculares y accidentes
de circulación.
- Para usted ¿cuál es el verdadero reloj?
No hay duda, existen tres relojes, el biológico,
el solar y el oficial. El único reloj verdadero
para nosotros es el biológico, el del organismo.
Este se adapta desde la noche de los tiempos al giro
de la tierra, hora solar, y aún así no
lo consigue del todo.
- ¿Cómo funciona?
Como dijimos, el giro de la tierra (circa diae) impone
su disciplina a través de la luz, la temperatura
y los ciclos hormonales inducidos a todo el organismo.
La melatonina epifisaria y otras hormonas hipofisiarias
que se producen rítmicamente de acuerdo a este
giro de la tierra y con ello las funciones orgánicas,
tensión, respiración, vigilia, etc., oscilan
también durante 24 horas. Todo ello lo estudia
la cronobiología.
- Todo ello ¿está expuesto a modificaciones?
Se regula por ciclos que damos en llamar circadianos
y no se pueden modificar, obviamente, nunca. Su ritmo
es de 24 horas y 20 minutos, y depende directamente
de la rotación de la tierra. Una ciencia emparentada
con la cronobiología es la cronofarmacología
que demuestra el diferente efecto de los fármacos
según la hora biológica en que se administren.
- Y el ser humano se resiente, claro.
La totalidad de los seres vivos lo nota. Si nos levantamos
a las 8 de la mañana, en realidad lo estamos
haciendo a las seis de la madrugada. El organismo jamás
se adapta porque, insisto, nuestro reloj, el biológico,
depende de la rotación de la tierra y no de la
decisión de los economistas y políticos.
Es como si usted le cambia el nombre al mes, si diciembre
lo denominamos julio, sigue siendo diciembre y no iríamos
a la playa.
- ¿Cuál es el efecto más importante?
Sobre todo y más en las personas de edad, se
produce un incremento de casos de patología de
la esfera psiquiátrica, ansiedad, depresión,
insomnio, falta de concentración, irritabilidad,
fatiga crónica, problemas cardiovasculares y
sobre todo accidentes laborales y de tráfico
por “ir dormidos al volante”. Es una pérdida
fantástica de la calidad de vida. Con estas medidas
están restando horas reales de vida a los seres
vivos, y también se acusa un incremento importante
en el gasto farmacéutico (somniferos, ansiolíticos,
etc.) Por cierto, también los animales lo sufren
indirectamente al serles cambiadas sus horas de alimentación,
existiendo numerosos estudios al respecto.
O
sea, si existen tres relojes, el biológico, el
solar y el oficial, se debería tratar de ponerlos
a todos ellos de acuerdo, y que todo funcione dentro del
orden natural y lógico. Si el reloj biológico
está conectado al giro de la tierra, está
conectado por fuerza al reloj solar, por lo que el asunto
será poner de acuerdo al reloj oficial.
Dada la importancia que la hora oficial tiene por la necesidad
de regular las actividades sociales de forma precisa,
siendo además imprescindible para la infraestructura
en la que se basan todos los medios de transporte y comunicación,
una alternativa posible sería funcionar en paralelo,
es decir, con un horario único y global para todos
los países, y otro local-solar adecuado al sitio
geográfico. Consistiría en la existencia
de dos horarios diferentes:
1º-
“La hora internacional”, que serviría
para situar de forma más sencilla y precisa la
hora de todos los países, por ser el mismo instante
en cada punto geográfico, además de la
facilidad que aportaría al no tener que corregir
los horarios de los medios de comunicación.
2º- “La hora local”, fijada en áreas
afines reducidas (ciudades, comarcas, etc.), haciendo
coincidir los equinoccios solares a las 12:00 y las
24:00 horas, por lo que se trataría de una hora
solar, biológicamente más beneficiosa
para nuestra salud, y adaptada de forma natural al clima
y a las estaciones. No necesita ser regulada porque
tiene carácter fijo y su establecimiento no tendría
grandes consecuencias de descoordinación.
Esta
forma de funcionamiento horario sería capaz de corregir
los diferentes problemas que el establecimiento de la hora
produce, sin entrar en conflicto con el reloj, y sí
beneficiándonos de su utilidad práctica. Además,
esta alternativa no es nueva respecto a la hora local, ya
que en España observamos que hasta 1900 incluso,
la hora legal era la del meridiano de Madrid, usando cada
provincia la hora local; por ejemplo los relojes barceloneses
marcaban las horas 23 minutos antes que los relojes madrileños.
Fue a partir de 1901 cuando se comienza a utilizar en España
la hora de Greenwich en todo el estado español.
10.
La concepción del tiempo en el Islam.
Dice
un ayat del Corán:
Es cierto que Allah hiende la semilla y el núcleo,
haciendo salir lo vivo de lo muerto y lo muerto de
lo vivo.
Ese es Allah. ¿Cómo podéis apartaros?
El hace romper el día, y ha hecho de la noche
reposo, y del sol y de la luna dos cómputos.
Ese es el decreto del Irresistible, el Conocedor.
Y El es Quien ha puesto para vosotros las estrellas
para que os guiarais por ellas en la oscuridad de
la tierra y del mar.
Hemos hecho los signos claros para los que saben
Mientras tanto, y tal como expresa Shaij al-Akbar: “El
Universo continúa estando en presente de indicativo”.
Ibn Hazam de Córdoba dijo también: “Ni
el pasado ni el futuro existen. Existe el presente, el
ahora, el instante”.
En el Islam existen cinco momentos a lo largo del día
en los que se establecen las oraciones (salats) obligatorias:
-
Salat as-Subh, la oración de la Aurora
o del Alba, que su tiempo empieza cuando la luz rompe
las tinieblas, yendo desde la qibla (dirección
sudeste) hacia dabar al-qibla (dirección noroeste).
- Salat az-Duhr, la oración del Mediodía,
que empieza en el momento en que el sol se separa del
centro de los cielos, y la sombra empieza a crecer.
- Salat al-Asr, la oración de la Tarde,
que se inicia su tiempo cuando la sombra de todas las
cosas es tan grande como ellas mismas, después
de la sombra del mediodía.
- Salat al-Magrib, la oración del Crepúsculo,
su tiempo es el del crepúsculo vespertino, en
el momento en que el sol se oculta tras el velo de las
sombras.
- Salat al-Isha, la oración de la Noche
o de Vísperas, que su tiempo es aquel en que
desaparece el reflejo del sol, siendo este reflejo la
claridad amarilla o rojiza que queda en el oeste de
los restos de los rayos del sol.
En
el Islam el salat es la referencia central y más
importante a lo largo del día, hasta tal punto
de vertebrar la vida privada y social de las sociedades
musulmanas cinco veces al día y año tras
año. Mientras, al otro lado del espejo, en la otra
cara de la moneda de la existencia, las sociedades no-musulmanas
hacen girar y ordenan las vidas de sus integrantes, en
torno a otro eje: el trabajo.
El Islam no es una religión, es una determinada
forma de vivir, de entender y de ordenar la existencia.
No pertenece a Oriente, ni tampoco a Occidente, pertenece
a la humanidad.
Los musulmanes somos los más sensibilizados para
apreciar la situación a la que estamos siendo sometidos.
Es el horario de los salats los que indican el punto de
inflexión del sol respecto a la superficie terrestre,
es decir en el lugar en donde nos encontramos en cada
momento. Ellos marcan los límites de los intervalos
en los que procede un cambio de la actividad. Paraos a
pensar si no el subh el momento en que comienza la actividad
del día, el duhr el que marca la hora de parar
para hacer el salat antes de ir a comer, la hora de asr
marca también el comienzo de la actividad de la
tarde, el magrib el fin de la actividad y la vuelta a
casa a cenar y por fin la isha a buena hora y no tener
que esperar si se está cansado y se quiere ir a
dormir.
Quiero remarcar que la ciencia, en su afán de investigación
y de conocer, al fin llega al punto que no es otro sino
confirmar lo que a los musulmanes nos ha sido legado con
el regalo por Allah a través de su Mensajero Muhammad,
las bendiciones y la paz sean con él.
Dice
Rumi:
“El
misterio de la naturaleza… está expresado
por entero en la forma humana. El hombre fue producido
desde el fondo del pasado más lejano del planeta;
lleva en sí, como su destino propio, todo el
destino del planeta, y con éste el destino del
universo infinito… La historia entera del mundo
dormita en cada uno de nosotros”.
Abu Huraira relató que el Mensajero de
Allah, la paz sea con él, dijo:
“Cuando
el tiempo se contraiga, el conocimiento será
apartado, aparecerá la guerra civil, la mezquindad
se apropiará de los corazones de la gente y el
harj será frecuente”. Al ser preguntado
por el significado de harj, dijo que significa amotinarse.
Shaij Fadhlalla dice:
“El
hombre es el microcosmos y el mundo exterior es el macrocosmos.
Por el momento no estamos sincronizados o alineados.
El microcosmos-yo no está armonizado con los
mundos macrocósmicos, por tanto sufro debido
a la falta de entendimiento, estoy bajo el pesado fardo
de la ignorancia, que se disipará cuando tenga
lugar la armonización del microcosmos con el
macrocosmos. Esto ocurre por medio de la sumisión.
Ocurre por medio de la entrega del yo, que es la causa
del desajuste. A través de la negación,
dependiendo del yo. Su eliminación iluminará
el alineamiento del microcosmos con el macrocosmos”.
Somos
inseparables de todo el cosmos porque somos su reflejo,
lo encontramos en el Corán cuando lo abrimos, una
sura de las más pequeñas dice:
¡Por
la noche cuando extiende el velo!
¡Por el día cuando resplandece!
¡Por Quien ha creado al varón y a la hembra!
Dice
Shaij Abdelqader as-Sufi en su libro El Camino de Muhammad:
“El
Mensajero de Allah vino con un mensaje que era una guía
de cómo prepararse para el otro mundo. Vino con
las buenas noticias y las amonestaciones contenidas
en el Corán, las cuales atañen al lugar
cósmico del hombre en los dos mundos. El Mensajero
de Allah especifica claramente que al final de la historia
del planeta, el hombre del Camino no tendrá más
opción que la de abandonar la bárbara
sociedad de su época si quiere sobrevivir. Ciertamente,
la agitación interna de los últimos días
será tan intensa que para el musulmán
será esencial adoptar un quietismo lleno de reflexión
y meditación. Hay un Camino que las criaturas
deben seguir, y este Camino les aparta del daño,
les limita y les conduce hacia una buena existencia.
Gentes que sólo viajan por un Camino que contiene
felicidad y liberación”.
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