pagina principal

 

Los secretos del tiempo
Impartida por Rahima Valverde

Introducción

El Domingo 30 de Octubre a las 3 de la mañana el reloj retrocedió una hora y empezó el horario de invierno.

La estructuración del tiempo natural y la imposición de un tiempo funcional al servicio de la economía es uno de los síntomas mas característicos del encubrimiento de la realidad y el alejamiento del medio natural de la sociedad tecnológica.

Como todos los años -una vez en primavera y otra en otoño- nuestros hábitos, nuestra salud y nuestra relación con la creación de Allah, se ven profundamente alteradas por causa de la manipulación de la conducta dictada por la maquina del tiempo.

TRANSCRIPCIÓN

Bismillahirrahmanirrahim

Miremos el mundo que nos rodea, el misterio envuelve las enormes distancias interplanetarias, las grandes masas saladas de los océanos, el continuo movimiento en el interior de la tierra. Animales, vegetales y rocas forman parte de la inagotable diversidad del cosmos. Enfrentados a este antiguo espectáculo, nosotros, con la innata capacidad para interpretar el lenguaje de los signos que se despliegan ante nuestra existencia.

Cada cosa tiene asignada su pareja, su contrario, su opuesto. Luz y oscuridad, vida y muerte, dolor y placer, esclavitud y libertad podrían iniciar la relación de antagonistas en la interminable lista del universo. El fenómeno tiene lugar también en otras expresiones de la vida del hombre, por ejemplo en el terreno del pensamiento: capitalismo, comunismo; dictadura, democracia; realismo, nominalismo. Esta dualidad es, en términos existenciales, la manera en que experimentamos el transcurrir de nuestra vida, pero el Islam, al igual que anteriores enseñanzas unitarias, afirma además, que la existencia esconde un secreto que es el que da sentido y cohesión a todo lo existente. El secreto puede ser conocido, en árabe se denomina Tauhid: unidad.

1. ¿Qué es el tiempo?

La reflexión acerca del tiempo constituye uno de los hilos conductores de la historia de la filosofía, y su propio significado ha sufrido numerosas variaciones, generalmente relacionadas con las cosmovisiones que se han sucedido a lo largo de la historia del pensamiento. La determinación de la naturaleza del tiempo, es sin duda, uno de los núcleos centrales de todo el pensamiento filosófico, e incluso se puede afirmar que toda la ontología clásica ha sido, en su propia esencia, una filosofía del tiempo. Por otra parte, en la medida en que la reflexión sobre el tiempo es también uno de los elementos fundamentales de la ciencia, la concepción que se tenga de él aparece como uno de los nexos básicos de unión entre el pensamiento filosófico y el científico.

Platón dice que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. Refleja el debate de la época entre el tiempo subjetivo (el de cada persona), el tiempo objetivo (cronos o duración de los acontecimientos), y el concepto de eternidad (tiempo inmortal y divino, sin principio ni fin) introducido por Aristóteles. El ser que mide es para Aristóteles la conciencia interna del tiempo.

Newton establece el tiempo como algo absoluto, verdadero y matemático, que transcurre uniformemente. Descarta el factor subjetivo e introduce la medición matemática del tiempo con ayuda de los relojes. Para Newton el tiempo es sólo una magnitud, una unidad de medida.

Einstein, con su Teoría de la Relatividad, establece la unión del tiempo y el espacio en un nuevo concepto revolucionario señalando que el tiempo es la cuarta dimensión de la realidad. Los objetos no sólo tienen longitud, altura y profundidad, sino que además están inmersos en un proceso temporal inevitable que tiene tanta importancia como las otras tres dimensiones físicas.

Bertrand Russell lo explica así: espacio y tiempo no son independientes, como tampoco lo son las tres dimensiones del espacio. Seguimos necesitando las cuatro dimensiones para determinar la posición de un hecho, pues no existe el mismo tiempo para diferentes observadores.

La Real Academia Española da como una de las definiciones del tiempo: “La duración de las cosas sujetas a mudanza”.

De las muchas definiciones que se dan del tiempo, parece clara la imposibilidad de concebir el tiempo sin referirnos al movimiento. Cualquier evolución requiere una transformación, un cambio de posición, un cambio de composición química, etc… a través del tiempo. Por lo tanto parece que no puede hablarse de tiempo si no existe movimiento.

La Física dice que el movimiento es el cambio de posición de un objeto respecto a un sistema de referencia en un periodo de tiempo determinado. Así, cuando se habla del origen del universo y se dice que toda la materia estaba concentrada en un punto y que tras una gran explosión comenzó a expandirse…, cabe preguntarse ¿y antes qué?, ¿qué había? Estas son las preguntas que se ha hecho siempre la humanidad y así se puede pensar que al producirse la gran explosión que causó la expansión de la materia y formó el espacio, también desde ese preciso instante hasta hoy, comenzó a contar el tiempo. Tiempo que seguirá contando siempre y cuando exista el movimiento.

2. El tiempo y la organización social.

Para llevar el tiempo al terreno de lo real solamente podemos hacerlo a través de la experiencia concreta. Las sociedades configuran el tiempo, construyéndolo de acuerdo con una serie de valores más o menos generales que caracterizan a ese grupo.

El tiempo puede ser ordenado de forma peculiar por un grupo o una comunidad, con el resultado de toda una gama de ritmos y de tiempos sociales condicionados por las necesidades y la naturaleza de los diversos grupos humanos. Así que puede haber tantos tiempos colectivos como grupos diferentes.

La concepción del tiempo en las sociedades cazadoras y nómadas, ha sido distinta que en las sociedades agrícolas y sedentarias, las cuales, dependientes de la agricultura para su supervivencia, han tenido necesidad de una cronometría, de un calendario rector de sus actividades: el tiempo de la siembra y el tiempo de la recolección. Por lo que se puede decir que la coordinación de los diversos ritmos temporales permite que la sociedad sea viable, siendo el resultado de la imposición de los tiempos propios de los grupos dominantes. Un ejemplo actual de ello sería la coordinación de los horarios laborales y comerciales. El tiempo social aparece, pues, como el resultado del control social de la clase dominante; a la inversa, el cambio de la estructura del tiempo supondría la pérdida de poder de esa clase dominante, así como el inicio de cambios profundos en la estructura comunitaria total.

El propósito principal de la organización del tiempo es el establecimiento de unas pautas relacionadas con el modo de estructurar el grupo, pautas temporales que coordinarán las actividades y servirán para canalizar la potencia que todo grupo social genera, separando el tiempo en bloques, poniendo límites a los actos, sincronizando comportamientos, reemplazando el vacío con la seguridad de lo repetido, permitiendo marcar cortes en los cuales esa energía puede y debe actuar para poner en marcha nuevamente el ciclo.

3. Tiempo cíclico y tiempo lineal.

El tiempo es medido por el Sol, con las alternancias del día y de la noche, y por la Luna, con un ciclo regular bastante fácil de determinar.

El ciclo de las fases lunares constituye el fenómeno más regular y el más evidente después de la alternancia del día y de la noche, constituyendo los meses para los musulmanes, pero no para la cultura occidental.

El año es para occidente, el giro completo de la Tierra alrededor del Sol, más difícil de medir por carecer de fases (apreciables de forma precisa) y ser bastante largo (efecto lineal), influye o mejor dicho se expresa de manera importante en el ciclo de las estaciones, con consecuencias en la vegetación y en los factores climáticos. El año, para los musulmanes, es cuando se completa el ciclo de 12 lunas.

Estos dos ciclos, el lunar y el solar, de diferente duración y más largo que el día, plantean dos soluciones de calendario incompatibles entre sí, al menos en el plazo de un año.

En la conceptualización del tiempo desde el origen de la civilización, apareció el tiempo que domina los ciclos naturales (día y noche, fases de la luna, estaciones del año, actividad vegetativa, tiempo de floración, fruto y agostamiento de las plantas, etc.), y el tiempo de la experiencia individual, que comienza con el nacimiento y culmina en la muerte. Dos formas de experiencia diferentes, ya que una es cíclica, dominada por la idea del retorno, y la otra es lineal e irreversible.

Se enfrentan pues dos maneras de concebir el tiempo: el tiempo cíclico y el tiempo lineal. El ciclo lunar repetido, está asociado a las concepciones cíclicas del tiempo, mientras que el ciclo solar, más extenso, va unido a las organizaciones lineales.
La concepción cíclica del tiempo estaba presente en los grupos íntimamente relacionados con la Naturaleza, la vida social se ritmaba por la sucesión de estaciones y por los ciclos de producción que ellas marcan. El concepto de la linealidad apareció ya que el hombre antiguo concebía el presente y el pasado como una extensión en torno a sí mismo, dependiendo de fuerzas poderosas y ajenas a su voluntad, tomando pleno sentido al explicarse por el pasado y el futuro.

El hombre moderno depende menos de la naturaleza, ya que su medida del tiempo está basada en instrumentos más o menos autónomos. El tiempo es concebido como fugaz, como irreversible, vectorial y dividido en segmentos de igual tamaño y de valor equivalente, entendido como una forma de existencia de la materia, como “duración pura”.

4. Origen de la división del día, la hora, minutos y segundos.

La Tierra es el reloj fundamental de la humanidad, ya que desde sus albores, el hombre ha contemplado admirado el espectáculo de los cielos, no pudiendo dejar de reparar en la regularidad de determinados fenómenos astronómicos. La salida y puesta del Sol, las diferentes fases de la Luna, y el cambio de las estaciones, iban a determinar muy pronto las primeras divisiones temporales en días, meses, y años que aún hoy, con pequeños cambios conservamos.

Fue en las tierras de Mesopotamia donde por primera vez se procedió a domesticar el tiempo, al dividir la temporalidad de dos puestas consecutivas de sol (para los antiguos babilonios como para muchos otros pueblos, como ya hemos dicho, el inicio de un nuevo día venía marcado por la puesta de sol) en dos periodos de 12 horas de desigual duración, uno para el día y otro para la noche. La razón de por qué escogieron el número 12 y no otro cualquiera, sin estar muy clara, parece ser que tiene que ver con la división del firmamento en 12 signos zodiacales de 30 grados cada uno y con un sistema sexagesimal de numeración.

Más tarde, los griegos decidieron que era mejor dividir el día en 24 partes de igual duración ajustadas a las horas equinocciales (en los dos equinoccios la noche y el día tienen exactamente la misma duración). Sin embargo y debido al tremendo prestigio de los sacerdotes astrónomos mesopotámicos, se siguió utilizando el sistema de numeración de éstos al dividir cada una de esas 24 partes del día en otras 60 partes (primeras partes o minutos) y éstas a su vez en otras 60 más (partes segundas o segundos). Y de esta forma tan intuitiva ya tenemos nuestros días, horas, minutos y segundos basados exclusivamente en la periodicidad de la naturaleza.

5. Historia del horario en occidente.

Un salto esencial en la interpretación del tiempo se produce gracias a las creencias del judaísmo, que rompen con la idea del eterno retorno y rechazan la noción de destino implantada por los griegos. Esta es la visión del mundo sobre la que se construye más adelante la concepción cristiana, que realza el valor del futuro e introduce la esperanza como referencia de la evolución humana. Así la persona ya no es considerada prisionera de los ciclos y de la fatalidad (sometida a los ciclos y al destino), sino que se encuentra en peregrinación hacia el futuro y esperando con intensidad el próximo cambio del mundo. Es la idea del tiempo lineal, que se contrapone a la idea del tiempo cíclico. El cambio de mentalidad que se introduce es de gran consideración, y no sólo integra la esperanza en la cultura de la especie, sino que al mismo tiempo la hace subversiva: “El mundo está inacabado y debemos perfeccionarlo”. (Este aspecto es radicalmente opuesto en el Islam).

Esta noción del tiempo como fuente de progreso, añade la dimensión social al debate de la antigüedad sobre los elementos objetivo, subjetivo y eterno (o cíclico) del tiempo. La polémica se prolonga hasta la época moderna, cuando el tiempo es percibido, bien como realidad absoluta (una realidad completa en sí misma), bien como propiedad (de las cosas) o también como relación, como decía Aristóteles (más que una realidad, el tiempo es una relación).

De manera general se supone que los antiguos tenían una idea circular del tiempo, mientras que el judaísmo y el cristianismo introdujeron la linealidad.

A finales del primer milenio, la Iglesia tomó el poder y construyó el calendario cristiano, la concepción sagrada del control del potencial humano. El control del tiempo partió desde los monasterios: ante la inseguridad del mundo, la Iglesia se enfrentó con la disciplina, la previsibilidad. El respeto de los horarios no servía solamente para el desarrollo de una vida colectiva en orden, sino que afirmaba también la sumisión a la orden y reconocía de manera concreta que el tiempo no pertenecía a los hombres sino a Dios. El anuncio del tiempo apareció como un instrumento y un atributo del poder: SAN BENITO, en el capítulo XLVII de su regla dice que: “el mismo abad o alguien directamente encomendado por él se encargará de tocar las campanas para llamar a la oración. Dar la señal para la hora de Dios, tanto de día como de noche, será incumbencia del abad, sea dándola él mismo, sea encargando esta misión a un hermano diligente, de manera que todo se haga a las horas correspondientes”. Atender la señal era someterse a la autoridad, o sea al abad, es decir a Dios. Las campanas sonaban para la obra de Dios a las horas litúrgicas.

La influencia de los monasterios, y más tarde de los clérigos urbanos, se extendió cada vez más a la población cercana, sobre todo en las ciudades crecientes. La vida cotidiana se ritmaba naturalmente por las horas litúrgicas, y por el calendario de la Iglesia. Las campanas, nuevo instrumento de comunicación de masas, servían para anunciar al mundo cercano, las horas litúrgicas.

El ciclo diario venía encuadrado por los toques de oración que eran interpretados al amanecer, a mediodía y al atardecer. La norma general parece ser que era el toque por la mañana o al amanecer; a medio día, a las doce del sol, o sea, cuando el sol está más alto, y al atardecer, a la puesta de sol o al oscurecer.

Tales toques marcaban el principio y final de la jornada, lo que equivale a decir el silencio de las campanas durante la noche. La noche era momento de silencio y el día de comunicación.

En el año mil la ciudad europea comenzó a vivir su propia vida. La hora y el año, la campana y el calendario no desaparecieron sino que cambiaron de manos; las campanas fueron tocadas por los alguaciles para convocar las asambleas, para llamar a la defensa, etc. La campana se convirtió en instrumento del poder ciudadano. Así, el instrumento concebido para llamar a la oración que ritmaba desde hacía tres siglos la vida religiosa, se convirtió en el instrumento del poder ciudadano. Aquello que sólo era una señal de recogimiento, se oía cada vez más en el orden dado por los laicos para marcar el principio y el fin de acciones profanas. Al toque de Prima, al alba, la ciudad se despertaba y se preparaba para el trabajo. Con el toque de Nona, fijado entre el siglo X y el siglo XIII cerca del mediodía, se marcaba una pausa en la jornada urbana de trabajo, y las vísperas indicaban el final del día.

La ciudad ya no podía contentarse con la campana conventual y quería la suya, montando otra en un nuevo monumento, el llamado beffroi, palabra difícil de traducir porque se trata precisamente de un concepto prácticamente inexistente en nuestro ámbito cultural: torre comunitaria dependiente de la ciudad, y cuyo propósito era marcar con su reloj las horas y con sus toques ritmar las actividades de los ciudadanos y comunicarles mensajes municipales laicos.

El tiempo eclesial, poco preciso, se sustituyó de manera irreversible por otro regular, controlado, a la medida del mercader. El tiempo empezó a racionalizarse, se volvió laico, más por necesidades prácticas que por razones teológicas, que por otro lado están en la base. Los mercaderes y artesanos sustituyeron este tiempo de la Iglesia por el tiempo medido con más exactitud, utilizado para las tareas profanas y laicas, por el tiempo de los relojes. La gran revolución del movimiento comunal en el orden del tiempo son esos relojes que por doquier se alzan al frente de los campanarios de las iglesias.

El hombre de la ciudad tomó posesión, a mediados del siglo XVI, del tiempo y se lo quitó a Dios. Igual que liberó su razón de la teología, definió el tiempo como la posibilidad de ganancia y de potencia, mirando hacia el futuro y no hacia el pasado, a sus hijos y no a sus mayores. Impuso, aún enmascarado por la Iglesia, a la que comenzó a manipular, la unificación de la medida del tiempo por todo el espacio comercial europeo, que necesitaba, para organizar su expansión.

Este cambio de mentalidad con respecto al tiempo es de mayor relevancia en las ciudades de poder creciente, donde el hombre ya se encontraba más sometido al orden que él había creado que a los ritmos naturales, separándose de manera clara de la naturaleza, comportándose respecto a ella como si fuera un objeto exterior. El carillón del reloj municipal representaba el tiempo “secular”, en oposición a las campanas de la Iglesia, que medían el tiempo de los servicios religiosos. La comunidad urbana se convirtió entonces en dominadora de su ritmo propio, con su ritmo particular. El tiempo urbano, emancipado de la Iglesia, apareció quizás como consecuencia de la invención de los relojes mecánicos, deviniendo un tiempo sin cualidad, neutro por su contenido y no ligado a los sujetos que viven y que le atribuyen una colaboración afectiva, tiempo extraño para los hombres de la antigüedad y la edad media.

La aparición del tiempo regular aportó el triunfo del tiempo lineal, llegando el tiempo presente a comprimirse, para no ser otra cosa que un punto continuamente en transformación, en un punto entre el pasado y el futuro, y que transforma al futuro en pasado. El tiempo presente se convirtió en efímero, irreversible e inaprensible. El carillón de la torre que sonaba regularmente recordaba, de forma ininterrumpida, la brevedad de la vida e incitaba a la realización de grandes acciones y a dar un contenido positivo al tiempo. El cómputo mecánico del tiempo, hecho sin la intervención directa del hombre, obligaba a reconocer que el tiempo era independiente de él, incluso en la ausencia de sucesos. El hombre, en la ciudad, dejó de ser dueño del tiempo, ya que al transcurrir independientemente, los hombres se veían obligados a someterse a su imperio.

El tiempo se convirtió en un tirano con vida propia, todos tenían que vivir a horas idénticas o al menos coherentes entre ellas, todos tenían que estar rodeados de un tiempo definido hasta el segundo para interiorizar la nueva disciplina.
Estas explicaciones muestran el cambio en el sentido del tiempo, ahora puntual, sin historia, renunciando a toda tradición, siguiendo al progreso, dejando la regulación del tiempo, la expresión de los mensajes comunitarios, en manos de máquinas automáticas.

La aceptación del tiempo abstracto y matematizado no fue bien acogida más que por las clases en el poder, la precisión matemática del tiempo abrió el camino hacia el control, planificación y gestión total de los productores y consumidores, con el reloj a la cabeza de todos los engranajes de la sociedad mecanizada.

La visión del universo mecánico de Newton, su concepción del “tiempo absoluto, verdadero, matemático, que fluye uniformemente sin relación con nada eterno”, quedó clavada en nuestras mentes.

Con el poder que el reloj confería, millones de personas podían ser sincronizadas para hacer girar las máquinas, hizo la vida de la gente cada vez más artificial, alienada, monótona y alejada de su entorno natural. Con esta nueva abstracción del tiempo, se regularon la funciones orgánicas: se comió, no al sentir hambre, sino impulsado por el reloj; se durmió, no al sentirse cansado, sino cuando el reloj lo exigió. El reloj era la máquina más productiva: producía horas, minutos y segundos. De tal forma que, lo que era sucesión de acontecimientos naturales, se convirtió en Tiempo. El Tiempo era ahora mercancía más eficiente y fácilmente contabilizable para ser gestionada, vendida y consumida. En el siglo XIII la Iglesia Católica se oponía a los créditos, a tener que devolver más dinero del que se presta por el hecho de que haya transcurrido tiempo, ya que el tiempo pertenecía a Dios, no se podía comprar ni vender. Ahora el reloj lo justificó bajo el supuestamente frío, imparcial y objetivo punto de vista del número. La generalización de la mercantilización del tiempo fue impulsada por el reloj, de ello se sirvieron los industriales, y una vez justificado, este nuevo ser rigió el mundo, el “tiempo de la usura” en los créditos, el “tiempo del trabajo” también se generalizó como mercancía, se mercantilizaron, compraron y vendieron por horas los detentadores de la fuerza, los trabajadores, que pasaron a ser apéndices de las máquinas. En palabras de Marx: “bajo el látigo del reloj, en manos de los poseedores del Tiempo”.

El reloj es sin duda la máquina clave de la moderna sociedad industrial.

6. Husos horarios, hora solar, hora local, hora UTC y hora oficial.

Durante siglos, el tiempo marcado por los relojes era controlado por la rotación de la tierra, es el caso de los relojes de sol. Sin embargo, al mejorar los instrumentos de medición temporal (relojes de arena, de agua y mecánicos), se descubrió que la rotación de la tierra no era suficientemente estable y precisa como para marcar el fluir constante del tiempo.

En 1967, en la XIII Convención General de Pesas y Medidas, se decidió establecer un patrón de tiempo mucho más preciso y estable que los existentes hasta ese momento. El nuevo patrón se llama “segundo” Sistema Internacional, y se define como la duración de 9.192.631.770 periodos de radiación correspondiente a la transmisión entre dos niveles hiperfinos del átomo de Cesio-133. Este tiempo es el llamado Tiempo Atómico Internacional (TAI).

Para intentar armonizar el tiempo solar con el tiempo atómico, en 1964 se decidió crear el Tiempo Universal Coordinado (UTC), que es el TAI corregido 0,9 segundos con respecto al tiempo solar. Hoy en día el tiempo por el que nos regimos es el UTC.

El tiempo local (LT) viene definido por la posición del Sol respecto al meridiano del lugar. A las doce del mediodía, el Sol se encontrará justo sobre el meridiano del lugar. Si utilizamos el sol medio tendremos el tiempo local medio (LMT).

A mediados del siglo XIX se constató, que con el aumento de la velocidad en los medios de transporte que el ferrocarril había introducido, era necesario contar con un tiempo uniforme a nivel nacional, de forma que los relojes de los trenes y de los pasajeros no debieran ajustarse a la hora local de cada pueblo por donde pasaran. Inglaterra fue la pionera en adoptar un horario de trenes uniforme, basado en el tiempo medio de Greenwich (GMT), localidad donde se encontraba el Real Observatorio de la Armada encargado de medir el tiempo. Hacia 1855 el 98 % de los relojes públicos ingleses funcionaba según hora GMT.

Más tarde, la introducción de la telegrafía sin hilos y de la instalación del primer cable de comunicaciones trasatlántico en 1850, hizo patente la necesidad de contar con un estándar de tiempo común para todos los países que antes iban por libre en la cuestión temporal. En 1884 se convoca en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, en la que entre otras cosas se acordó establecer un tiempo universal (UT), basado en el tiempo medio de Greenwich.

Como consecuencia de la introducción de un tiempo estándar de referencia, se decidió establecer un sistema de husos horarios que corresponden con 24 zonas horarias (doce al este y doce al oeste de Greenwich), atribuidas a los meridianos terrestres y adaptadas en lo posible al perímetro geográfico de los países, en las cuales la hora oficial fuese la misma y coincidiera con el tiempo medio de su meridiano central. Hay un consenso político científico internacional para situar el meridiano 0 en Greenwich (Inglaterra). A partir de ese meridiano se organiza y se mide la hora cero mundial, relacionada con el horario solar.

Así, el horario solar es científicamente medible y definible en cada punto del planeta con exactitud, siendo los husos horarios no áreas de medida horaria solar real, sino ordenaciones horarias de cada meridiano terrestre que toman como medida de referencia la hora solar.

Los husos horarios no dan la hora solar real en la mayoría del territorio que abarcan, por ejemplo, en Vigo no es la misma hora solar que en Barcelona pues entre ambas ciudades hay un desfase horario de 40 minutos. Es decir, el horario oficial basado en el UTC, Tiempo Universal Coordinado, es una forma de coordinación regional de las medidas del tiempo para sincronizar productiva y luego políticamente grandes áreas. El Horario Oficial que padecemos es pues aquel que más interesa al Estado.

Del huso horario dice la Enciclopedia Encarta Online: En principio, cada país adopta la hora local del huso que contiene la mayoría de su territorio. No obstante, existen excepciones a esta regla, como por ejemplo España, que adopta el horario centroeuropeo correspondiente al huso vecino (esto se refiere a la hora de más con la que contamos independientemente del cambio horario de verano).

De modo que la hora oficial peninsular española (TO) difiere de la escala Tiempo Universal Coordinado (UTC) en 1 hora en “horario de invierno” y en 2 horas en “horario de verano”.

Cada grado, dentro de un huso horario UTC, tiene un desfase real de cuatro minutos, por lo que un huso horario basado en Tiempo Universal Coordinado, es en sí una uniformación horaria arbitraria hecha a gran escala a costa del tiempo solar real.
Introduciendo el huso horario vecino, el centroeuropeo, se introduce en realidad 1 hora y 10 minutos de desfase real con el horario solar, en invierno, y si además se admite el cambio horario de verano que el Estado Europeo introduce, son 2 horas y 10 minutos de desfase del horario solar real con el horario oficial en verano, sobre nuestro reloj biológico. Y esta es una decisión política que atiende a criterios políticos, productivos, capitalistas y de mercantilismo europeo.

Existen países europeos que no aplican los cambios horarios. Esta medida mundial, no europea, la aplican sólo ciertos países desde 1972, y muchos de ellos han tenido que abandonarla por problemas de salud de la población. Portugal, casi en las mismas coordenadas que Galicia no lo aplica. Irlanda, Inglaterra e Islandia, todos los países al oeste del uso horario también se negaron a aplicarlo.

7. El tiempo biológico.

La vida en la Tierra está sometida al ritmo diario marcado principalmente por la sucesión de los días y las noches. Los animales, las plantas o las algas, responden adecuando sus ciclos vitales a la rotación de la Tierra, y esto es así gracias a la existencia de los “relojes biológicos”.

La gran diversidad de los seres vivos presentan estos ritmos llamados circadianos (es decir, que duran aproximadamente un día), parece indicar que se trata de un fenómeno antiguo: los biólogos evolucionistas opinan que desde hace unos 700 millones de años todos los organismos pluricelulares disponen de “relojes” que les permiten adaptarse a la sucesión del día y de la noche, algo fundamental para controlar la alimentación, la defensa o la caza, el aprovechamiento de la luz solar o para regular la temperatura corporal.

En un principio se pensó que los animales sincronizaban su reloj mediante la visión: mayor luz de día y menor, obviamente, de noche. Pero posteriormente se comprobó que aislando individuos de las referencias diarias externas, el reloj biológico era capaz de mantenerse de manera bastante aproximada al menos durante un mes.
Por otro lado, esa capacidad existe también en seres vivos sin sistema nervioso central, como las plantas, las algas verdeazuladas o algunos hongos, e incluso en cultivos de células separadas del resto del organismo. Se empezó así a sospechar que existía un tipo de reloj básico instalado quizás en cada una de las células de un ser vivo. La hipótesis de que cada célula viene con su reloj diario incorporado puede parecer sorprendente, pero ha sido confirmada recientemente por investigadores del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Ginebra (Suiza).

La coordinación de esos relojes, de todos los relojes que existen en las células de un organismo (por ejemplo: en los billones de células de que se compone un ser humano), se realiza principalmente por la referencia externa de la luz (calor), mediada por las hormonas, sustancias que son liberadas siguiendo un patrón rítmico aproximadamente diario. Esto permite, en cierto modo, ponerlos en hora y hacer que funcionen simultáneamente.

Recibe el nombre de Cronobiología el estudio de los ritmos biológicos que regulan diversos metabolismos de nuestro organismo. En él inciden pautas distintas, las más estudiadas en los últimos tiempos son los ritmos circadianos, que son aquellos que tienen una frecuencia próxima a la diaria, es decir, entre 20 y 28 horas. En este grupo se encuentra la mayoría de los ritmos que se estudian en cronobiología. El ritmo circadiano más evidente es el que alterna el sueño y la vigilia, y que viene condicionado por la sucesión del día y de la noche.

Los ritmos ultradianos son aquellos que tienen una frecuencia superior a la diaria, es decir, un periodo inferior a 20 horas. Como ejemplo de ritmo ultradiano, cabe citar el latido cardiaco y la ventilación pulmonar. Son ritmos que tienen que ver con ciclos de atención o actividad, con la regulación de las funciones corporales que necesitan una periodificación menor que un día, como es el aprendizaje, la alimentación o el reposo.

Los ritmos infradianos son aquellos cuya frecuencia es inferior a la diaria, es decir, con un periodo superior a las 28 horas, como es el caso del ciclo menstrual de la mujer. No es infrecuente que una misma variable biológica presente de forma simultánea ritmos de frecuencia diferentes, éste es el caso de la secreción pulsátil ultradiana de algunas hormonas como el cortisol, que además siguen un ritmo circadiano de 24 horas.

También existen ritmos circanuales, mediados en gran medida por los cambios estacionales de iluminación y temperatura. Regulan periodos de fertilidad, migración o, en los humanos, ciclos depresivos que se ha comprobado como relacionados con la cantidad de luz que se recibe.

Por lo que, tanto las plantas como los animales poseen relojes biológicos que responden a las variaciones diarias de la luz solar y que regulan los ciclos cotidianos de la actividad biológica. En los mamíferos, el componente esencial de este mecanismo se encuentra en el núcleo supraquiasmático del cerebro.

8. Cambios horarios: razones oficiales, razones reales.

La decisión de adelantar la hora oficial durante los meses con mayor cantidad de horas de luz se ha venido adoptando en España y en otros países desde las primeras décadas de siglo XX.

En España, la primera norma publicada con tal contenido fue el Real Decreto de 3 de abril de 1918, por el que se adelantaba la hora oficial “como medio de conseguir el ahorro de carbón”. En los años posteriores se adoptó la hora de verano mediante órdenes de la Presidencia del Consejo de Ministros de vigencia anual, pero con una frecuencia irregular e intermitente, hasta que en el periodo comprendido entre 1950 y 1973 la práctica fue abandonada por completo.

La recuperación de la costumbre del adelanto horario tuvo lugar en 1974 con carácter general en Europa, adoptándose de forma drástica y urgente ante la crisis del petróleo sobrevenida en dicho año. Desde entonces y hasta 1984, una orden anual de la Presidencia del Gobierno vino implantando la hora de verano ininterrumpidamente y de forma coordinada con los demás países europeos, pero con absoluta autonomía normativa respecto a los mismos.

En el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo, por el que se establece la hora de verano, tiene como finalidad el incorporar al ordenamiento jurídico español la Directiva 2000/84/CE, de 19 de enero de 2001, del Parlamento Europeo y del Consejo, relativa a las disposiciones sobre la hora de verano. Dicha Directiva, aplicable con carácter indefinido a partir del año 2002, introduce un modo de determinación anual de la fecha y hora de comienzo y fin del periodo de la hora de verano.

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), en nuestro país el ahorro en iluminación en el sector doméstico por el cambio de hora desde final de marzo hasta final de octubre, puede representar un 5%. Si el consumo medio de una familia española es de 3.200 kilovatios/hora, el ahorro sería de más de 6 euros/mes por hogar y más de 60 millones de euros para el conjunto de ellos. A ello habría que sumar, procedente del sector de comercio y servicios, un ahorro del 3% (más de 6 millones de euros) en concepto de reducción de consumo de aire acondicionado.

El astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional, Pere Planeses, señala que el cambio de hora no tiene como finalidad el ahorro de energía, sino más bien motivos relacionados con la incitación al consumo y al ocio en nuestras sociedades. Así explicó a Europa Press, que no está demostrado que el cambio horario produzca un ahorro real de energía, como cuando se instauró esta decisión en 1974 durante la crisis del petróleo, cuando era real que se ahorraba hasta un 1 % de energía al aprovechar más horas de luz. Sin embargo, ahora las motivaciones han cambiado, y añadió que en la actualidad se valoran otras cuestiones como las salidas, el ocio y los servicios en general, porque se valora mucho más el tiempo libre y el disfrute.

Por lo que todo apunta a que el hecho de que la hora oficial en España no se corresponda con la hora solar, es por razón de los intereses capitalistas, obedeciendo además a criterios de unificación del mercado y de sincronización de los aparatos productivos centro y oeste europeos, ya que la hora legal española corresponde a husos horarios del centro y este de Europa.

Pero no se entiende que a la vez que se toman medidas tan drásticas de ahorro energético, se tomen también medidas que animan a la expansión del consumo energético, intentando que éste crezca varios puntos anualmente. No, la medida del cambio de hora no se realiza en Europa por el ahorro energético.

Adelantar una hora obliga a millones de trabajadores a ajustar sus ritmos circadianos con los horarios laborales, ¿por qué razón? Recordemos que en las granjas avícolas se aplican con notable éxito potentes focos de luz sobre los pollos para acelerar sus ritmos de crecimiento.

Lo que sucede al adelantar una hora oficialmente, es decir, decretar que todo el mundo se levante una hora antes, es como devaluar la moneda. Si la gente se despierta de noche, antes del amanecer porque se tienen que levantar una o dos horas antes, cuando llegan a sus centros de trabajo, sobre todo los trabajadores industriales, están en el momento que se corresponde con la fase alta de sus ritmos circadianos, las horas en que el cuerpo humano de manera natural desarrolla su mayor potencial orgánico. Si además, al haber más horas de luz al atardecer, las masas trabajadoras se acuestan más tarde y aumentan el consumo, miel sobre hojuelas para los capitalistas. No importa que ello produzca trastornos de salud, menos y peores horas de sueño, no importa que la población esté desajustada de su reloj biológico, porque esa hora se traduce en mayor productividad y consumo, en dinero para aquellos que, a la vez, preparan nuevos recortes del empleo.

El problema de los husos horarios, como hemos visto, es su arbitrariedad, el reloj es una forma de poder, la hora oficial es una forma de inducirnos a realizar actos de los que si supiéramos su contenido, muy difícilmente accederíamos de grado a realizarlos. La decisión sobre la utilización, coordinación e interconexión de los tiempos no es una decisión científica, sino una decisión social sobre la utilización de un saber científico.

9. Consecuencias del cambio horario.

Durante tiempos ancestrales, el ser humano ha ido adaptando el ritmo de su vida al modelo más idóneo, según su situación geográfica, su clima, la naturaleza de sus tierras, el factor de las estaciones y en general a sus necesidades, siendo éste el conocimiento de su existencia. Poco a poco este ritmo de vida pautó el ciclo diario marcando horas medias que se establecieron como las normales para las rutinas diarias. La hora de despertar, la de comenzar el trabajo matutino, la hora de comer, la siesta (en ciertas áreas geográficas muy generalizada), el comienzo del trabajo por la tarde, el fin de la jornada laboral, la cena y la hora de ir a dormir.

Con el horario impuesto por esta sociedad, despertamos, trabajamos, estudiamos, nos alimentamos y dormimos de una forma mecánica, pero ¿está de acuerdo nuestro cuerpo con ese ritmo? Si somos sinceros hemos de confesar que normalmente nuestro organismo suele protestar. Las revoluciones internas que nuestro cuerpo manifiesta ante los horarios oficiales se deben a ese reloj interno que la naturaleza ha puesto en nuestro interior. De forma instintiva seguimos ritmos que obedecen tanto a la química segregada por nuestras hormonas como a los cambios de luz.

¿Creemos que podemos alterar el legado del conocimiento de nuestros antepasados sin que ello nos afecte, como si fuéramos una máquina insensible? ¿Es que el ser humano no está afectado por el cosmos? No hay duda de que sí lo está. ¿Por qué hemos de alterarlo en beneficio de la producción si es más beneficiosa nuestra buena salud o nuestro bienestar? Nos empeñamos en cambiarlo todo en beneficio de la economía general, del país, del mundo, pero no sabemos muy bien de qué. ¿Es nuestro asunto un tema meramente económico? Me pregunto si la gente es consciente que la regulación horaria no nos beneficia a todos, más bien nos perjudica. ¿No estaríamos más interesados en llevar un ritmo horario más acorde con nuestra naturaleza, que en el beneficio que el cambio de horarios produce a la economía del país? Aunque los políticos o los que están en el poder deberían preguntarse si esto no perjudica a otro tipo de economías, como puede ser el gasto referente a la salud.

Hasta dos horas de diferencia horaria, ¿nos hemos parado a apreciar lo que esto supone? Practiquemos un ejercicio con las horas en las que hacemos nuestras rutinas diarias actuales, quitemos esas dos horas a nuestros relojes y veamos lo que ocurre cuando lo hacemos todo a la misma hora que ahora marcan nuestros relojes. Pues resulta que cuando salimos a trabajar por la mañana el día está más entrado, se hace más alegre y nuestra actividad comienza con otra energía, la hora de parar para comer se retrasa, y por tanto la hora de descanso después de la misma concluye cuando el sol deja de estar tan fuerte; esa hora invita a recomenzar la actividad de la tarde sintiéndonos más descansados, y por fin terminaremos nuestra actividad diaria a una hora propia para cenar porque ya ha anochecido, y acostarnos más temprano porque está entrada la noche.

Podemos además comprobar este efecto si viajamos a algún país donde se respeta el horario natural del sol, la apreciación es inmediata, es más saludable. Os invito a que lo experimentéis, después sentiréis que nos han usurpado un beneficio que antaño gozaba la gente de este país.

Se habla continuamente del estrés que la mayoría de la gente padece, y es que estamos siendo tratados como máquinas diseñadas para producir. Esto no sólo ocurre con las personas, también ocurre con los animales y las propias plantas. Existen muchos trabajos relacionados con este tema y la ciencia que lo estudia es la Cronobiología, que viene siendo desarrollada desde los años cuarenta. En un estudio realizado en 1975, se pudo demostrar en el Centro de Salud Naval de San Diego (EEUU), por el psicólogo Carl Englund, que estos ritmos corporales influyen en nuestro rendimiento físico, emocional, intelectual o sexual. La Cronobiología es llamada la ciencia para la salud del siglo XXI.

Santiago Casares Pérez, médico coruñés especialista en medicina interna, en una entrevista realizada por un diario de tirada nacional (no publicada, censurada), decía:

El cambio horario provoca una pérdida de calidad de vida, no compensa el daño que causa a los seres vivos, sobre todo al ser humano. Destaca el gasto farmacológico por trastornos del sueño, ansiedad, enfermedades cardiovasculares y accidentes de circulación.

- Para usted ¿cuál es el verdadero reloj?

No hay duda, existen tres relojes, el biológico, el solar y el oficial. El único reloj verdadero para nosotros es el biológico, el del organismo. Este se adapta desde la noche de los tiempos al giro de la tierra, hora solar, y aún así no lo consigue del todo.

- ¿Cómo funciona?

Como dijimos, el giro de la tierra (circa diae) impone su disciplina a través de la luz, la temperatura y los ciclos hormonales inducidos a todo el organismo. La melatonina epifisaria y otras hormonas hipofisiarias que se producen rítmicamente de acuerdo a este giro de la tierra y con ello las funciones orgánicas, tensión, respiración, vigilia, etc., oscilan también durante 24 horas. Todo ello lo estudia la cronobiología.

- Todo ello ¿está expuesto a modificaciones?

Se regula por ciclos que damos en llamar circadianos y no se pueden modificar, obviamente, nunca. Su ritmo es de 24 horas y 20 minutos, y depende directamente de la rotación de la tierra. Una ciencia emparentada con la cronobiología es la cronofarmacología que demuestra el diferente efecto de los fármacos según la hora biológica en que se administren.

- Y el ser humano se resiente, claro.

La totalidad de los seres vivos lo nota. Si nos levantamos a las 8 de la mañana, en realidad lo estamos haciendo a las seis de la madrugada. El organismo jamás se adapta porque, insisto, nuestro reloj, el biológico, depende de la rotación de la tierra y no de la decisión de los economistas y políticos. Es como si usted le cambia el nombre al mes, si diciembre lo denominamos julio, sigue siendo diciembre y no iríamos a la playa.

- ¿Cuál es el efecto más importante?

Sobre todo y más en las personas de edad, se produce un incremento de casos de patología de la esfera psiquiátrica, ansiedad, depresión, insomnio, falta de concentración, irritabilidad, fatiga crónica, problemas cardiovasculares y sobre todo accidentes laborales y de tráfico por “ir dormidos al volante”. Es una pérdida fantástica de la calidad de vida. Con estas medidas están restando horas reales de vida a los seres vivos, y también se acusa un incremento importante en el gasto farmacéutico (somniferos, ansiolíticos, etc.) Por cierto, también los animales lo sufren indirectamente al serles cambiadas sus horas de alimentación, existiendo numerosos estudios al respecto.

O sea, si existen tres relojes, el biológico, el solar y el oficial, se debería tratar de ponerlos a todos ellos de acuerdo, y que todo funcione dentro del orden natural y lógico. Si el reloj biológico está conectado al giro de la tierra, está conectado por fuerza al reloj solar, por lo que el asunto será poner de acuerdo al reloj oficial.

Dada la importancia que la hora oficial tiene por la necesidad de regular las actividades sociales de forma precisa, siendo además imprescindible para la infraestructura en la que se basan todos los medios de transporte y comunicación, una alternativa posible sería funcionar en paralelo, es decir, con un horario único y global para todos los países, y otro local-solar adecuado al sitio geográfico. Consistiría en la existencia de dos horarios diferentes:

1º- “La hora internacional”, que serviría para situar de forma más sencilla y precisa la hora de todos los países, por ser el mismo instante en cada punto geográfico, además de la facilidad que aportaría al no tener que corregir los horarios de los medios de comunicación.

2º- “La hora local”, fijada en áreas afines reducidas (ciudades, comarcas, etc.), haciendo coincidir los equinoccios solares a las 12:00 y las 24:00 horas, por lo que se trataría de una hora solar, biológicamente más beneficiosa para nuestra salud, y adaptada de forma natural al clima y a las estaciones. No necesita ser regulada porque tiene carácter fijo y su establecimiento no tendría grandes consecuencias de descoordinación.

Esta forma de funcionamiento horario sería capaz de corregir los diferentes problemas que el establecimiento de la hora produce, sin entrar en conflicto con el reloj, y sí beneficiándonos de su utilidad práctica. Además, esta alternativa no es nueva respecto a la hora local, ya que en España observamos que hasta 1900 incluso, la hora legal era la del meridiano de Madrid, usando cada provincia la hora local; por ejemplo los relojes barceloneses marcaban las horas 23 minutos antes que los relojes madrileños. Fue a partir de 1901 cuando se comienza a utilizar en España la hora de Greenwich en todo el estado español.

10. La concepción del tiempo en el Islam.

Dice un ayat del Corán:

Es cierto que Allah hiende la semilla y el núcleo, haciendo salir lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo.
Ese es Allah. ¿Cómo podéis apartaros?
El hace romper el día, y ha hecho de la noche reposo, y del sol y de la luna dos cómputos.
Ese es el decreto del Irresistible, el Conocedor.
Y El es Quien ha puesto para vosotros las estrellas para que os guiarais por ellas en la oscuridad de la tierra y del mar.
Hemos hecho los signos claros para los que saben

Mientras tanto, y tal como expresa Shaij al-Akbar: “El Universo continúa estando en presente de indicativo”. Ibn Hazam de Córdoba dijo también: “Ni el pasado ni el futuro existen. Existe el presente, el ahora, el instante”.

En el Islam existen cinco momentos a lo largo del día en los que se establecen las oraciones (salats) obligatorias:

- Salat as-Subh, la oración de la Aurora o del Alba, que su tiempo empieza cuando la luz rompe las tinieblas, yendo desde la qibla (dirección sudeste) hacia dabar al-qibla (dirección noroeste).
- Salat az-Duhr, la oración del Mediodía, que empieza en el momento en que el sol se separa del centro de los cielos, y la sombra empieza a crecer.
- Salat al-Asr, la oración de la Tarde, que se inicia su tiempo cuando la sombra de todas las cosas es tan grande como ellas mismas, después de la sombra del mediodía.
- Salat al-Magrib, la oración del Crepúsculo, su tiempo es el del crepúsculo vespertino, en el momento en que el sol se oculta tras el velo de las sombras.
- Salat al-Isha, la oración de la Noche o de Vísperas, que su tiempo es aquel en que desaparece el reflejo del sol, siendo este reflejo la claridad amarilla o rojiza que queda en el oeste de los restos de los rayos del sol.

En el Islam el salat es la referencia central y más importante a lo largo del día, hasta tal punto de vertebrar la vida privada y social de las sociedades musulmanas cinco veces al día y año tras año. Mientras, al otro lado del espejo, en la otra cara de la moneda de la existencia, las sociedades no-musulmanas hacen girar y ordenan las vidas de sus integrantes, en torno a otro eje: el trabajo.


El Islam no es una religión, es una determinada forma de vivir, de entender y de ordenar la existencia. No pertenece a Oriente, ni tampoco a Occidente, pertenece a la humanidad.

Los musulmanes somos los más sensibilizados para apreciar la situación a la que estamos siendo sometidos. Es el horario de los salats los que indican el punto de inflexión del sol respecto a la superficie terrestre, es decir en el lugar en donde nos encontramos en cada momento. Ellos marcan los límites de los intervalos en los que procede un cambio de la actividad. Paraos a pensar si no el subh el momento en que comienza la actividad del día, el duhr el que marca la hora de parar para hacer el salat antes de ir a comer, la hora de asr marca también el comienzo de la actividad de la tarde, el magrib el fin de la actividad y la vuelta a casa a cenar y por fin la isha a buena hora y no tener que esperar si se está cansado y se quiere ir a dormir.

Quiero remarcar que la ciencia, en su afán de investigación y de conocer, al fin llega al punto que no es otro sino confirmar lo que a los musulmanes nos ha sido legado con el regalo por Allah a través de su Mensajero Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él.

Dice Rumi:

“El misterio de la naturaleza… está expresado por entero en la forma humana. El hombre fue producido desde el fondo del pasado más lejano del planeta; lleva en sí, como su destino propio, todo el destino del planeta, y con éste el destino del universo infinito… La historia entera del mundo dormita en cada uno de nosotros”.

Abu Huraira relató que el Mensajero de Allah, la paz sea con él, dijo:

“Cuando el tiempo se contraiga, el conocimiento será apartado, aparecerá la guerra civil, la mezquindad se apropiará de los corazones de la gente y el harj será frecuente”. Al ser preguntado por el significado de harj, dijo que significa amotinarse.

Shaij Fadhlalla dice:

“El hombre es el microcosmos y el mundo exterior es el macrocosmos. Por el momento no estamos sincronizados o alineados. El microcosmos-yo no está armonizado con los mundos macrocósmicos, por tanto sufro debido a la falta de entendimiento, estoy bajo el pesado fardo de la ignorancia, que se disipará cuando tenga lugar la armonización del microcosmos con el macrocosmos. Esto ocurre por medio de la sumisión. Ocurre por medio de la entrega del yo, que es la causa del desajuste. A través de la negación, dependiendo del yo. Su eliminación iluminará el alineamiento del microcosmos con el macrocosmos”.

Somos inseparables de todo el cosmos porque somos su reflejo, lo encontramos en el Corán cuando lo abrimos, una sura de las más pequeñas dice:

¡Por la noche cuando extiende el velo!
¡Por el día cuando resplandece!
¡Por Quien ha creado al varón y a la hembra!

Dice Shaij Abdelqader as-Sufi en su libro El Camino de Muhammad:

“El Mensajero de Allah vino con un mensaje que era una guía de cómo prepararse para el otro mundo. Vino con las buenas noticias y las amonestaciones contenidas en el Corán, las cuales atañen al lugar cósmico del hombre en los dos mundos. El Mensajero de Allah especifica claramente que al final de la historia del planeta, el hombre del Camino no tendrá más opción que la de abandonar la bárbara sociedad de su época si quiere sobrevivir. Ciertamente, la agitación interna de los últimos días será tan intensa que para el musulmán será esencial adoptar un quietismo lleno de reflexión y meditación. Hay un Camino que las criaturas deben seguir, y este Camino les aparta del daño, les limita y les conduce hacia una buena existencia. Gentes que sólo viajan por un Camino que contiene felicidad y liberación”.

MAPA DE USOS HORAROS

GRAFICOS SALAT

BIBLIOGRAFÍA Y PAGINAS WEB

CAMBIOS HORARIOS EN ESPAÑA ¡descargar ahora!

Wa assalamu aleikum ua rahmatullah.


pagina principal