El Milagro del Corán
10 de Febrero de 2012
Imam: Sheij Muhammad Al Kassbi
Alhamdulillah
Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues es la base de nuestro Din y el distintivo de los salihin.
Sabed que Allah, tabaraka wa ta’ala, ha entregado a sus Mensajeros y Profetas milagros que verifican su mensaje, que dan realidad a su presencia en este mundo. Los milagros entregados a cada Mensajero eran parte de la esencia en aquello que destacaban sus comunidades.
La comunidad de Ibrahim, alaihi salam, eran adoradores de ídolos, y cuando Ibrahim los destrozó, quisieron quemarlo ante sus dioses para así poder purificar su alma de la gran transgresión que decían había cometido. A pesar de tus tretas e intentos, Ibrahim salió de la hoguera sano e ileso; dice Allah: “Dijeron: ‘Quemadlo y ayudad así a vuestros dioses, si sois capaces de actuar’. Dijimos: ‘Fuego, sé frío e inofensivo para Ibrahim’. Pretendieron con ello hacer una trampa, pero ellos fueron los que más perdieron” (Anbiya, 68-70).
La gente de Musa eran expertos magos, habían desarrollado un alto conocimiento en la magia. Pero Musa, alaihi salam, golpeó con su bastón el mar y este se abrió. Dice Allah: “E inspiramos a Musa: ‘Golpea con tu vara en el mar’. Y se abrió, y cada lado era como una enorme montaña. Y atrajimos allí a los otros. Salvamos a Musa y a todos los que estaban con él; luego ahogamos a todos los demás. Verdaderamente en eso hay un signo. La mayoría de ellos no eran creyentes” (Shu’ara, 63).
El gran milagro de ‘Isa, alaihi salam, fue la medicina, habiendo su gente alcanzado un alto grado en la ciencia de la medicina. Él sin embargo, gracias al poder de Allah, era capaz de curar la ceguera de nacimiento, la lepra e incluso de devolver la vida a los muertos con el permiso de Allah. “Y cuando, a partir de barro, creabas algo con forma de ave con Mi permiso y soplabas en ello y era ave con Mi permiso, y sanabas al ciego de nacimiento y al leproso con Mi permiso y hacías salir (de sus tumbas) a los muertos con Mi permiso” (Maidah, 11).
Y el milagro más importante del último de los Mensajero, del mejor de la creación, Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam, fue el Corán. La gente de su tiempo había alcanzado un gran nivel en la lingüística y la retórica de la lengua árabe, hacían festividades y conmemoraciones en las que los más grandes poetas recitaban sus poesías escritas a la perfección.
Este milagro del que era portador el Mensajero tenía un nivel tan elevado en la ciencia del lenguaje que ninguno de los hombres ni de los genios fue capaz de escribir algo similar.
Dice Allah: “Di: Si se juntaran los hombres y los genios para traer algo parecido a este Corán no podrían traer nada como él aunque se ayudaran unos a otros. Hemos mostrado en este Corán a los hombres toda clase de ejemplos; sin embargo, la mayoría de ellos ha rehusado todo lo que no fuera negarse a creer” (Isra, 88).
El Corán es un milagro infinito, que permanecerá vivo hasta el Día del Levantamiento, no está restringido a un tiempo como lo estaban los milagros de los anteriores profetas, no finaliza con la muerte del Mensajero ya que Allah se encarga de protegerlo y preservarlo; dice Allah: “Nosotros hemos hecho descender el Recuerdo y somos sus guardianes” (Hiyr, 9).
Dijo el Mensajero, al que Allah colme de bendiciones: “No hay ningún profeta al que no se le haya dado algo con lo que creyeran los hombres, y lo que se me dio a mí fue una Revelación que Allah me inspiró, y espero ser el que de ellos tenga más seguidores el Día del Levantamiento” (Rawahul Bujari wa Muslim ‘an Abi Huraira).
La gente que escuchaba este Mensaje se quedaba asombrada y tenían la plena certeza de que no había sido creado por un ser humano ni por un ángel, pero el orgullo que sentían de sí mismos les impedía seguirlo y creer en él.
Al Walid Ibn Al Mughira escuchó en una ocasión el Corán de boca del Mensajero, al que Allah colme de bendiciones, cuando finalizó volvió a su gente y les dijo: “Por Allah que acabo de escuchar de boca de Muhammad unas palabras que no son palabras del hombre ni palabras de los genios. Por Allah que tienen dulzura, que penetran directamente en el corazón, las más elevadas tienen frutas y las más bajas están llenas de bien, son palabras que vencen y que no pueden ser vencidas”. Luego se fue a su casa. Pero la gente de Quraish que había escuchado lo que acababa de decir dijo: “Por Allah que al Walid ha dejado nuestro din y ha entrado en el Islam”. Era Al Walid uno de los más importantes y grandes de los Quraish. “Por Allah que ahora todos los Quraish le seguirán”. Y Abu Yahl, que era familiar suyo, dijo: “Yo os libraré de esto”. Se fue a buscar a Al Walid mostrando un estado de tristeza y opresión. Al Walid le dijo: “¿Qué te ocurre que te veo triste?”. Dijo Abu Yahl: “¿Y por qué no había de estar triste? Si la gente de Quraish se reúne para ayudarte por tu estado avanzado de edad, y luego tú embelleces las palabras de Muhammad y vas junto a Ibn Abi Kabsh (El Profeta Muhammad) y Ibn Abi Quhafa (Abu Bakr) para que te den los restos de su comida”. Al Walid Ibn Al Mughira, tras escuchar esto, se enfadó y dijo: “¿Acaso no sabe Quraish que yo soy de los más ricos y que más descendencia tiene de entre ellos? ¿Y acaso Muhammad y su gente tienen suficiente para alimentarse y que aun así les sobre?’. Luego se fue junto a Abu Yahl al lugar en el que estaban reunidos los Quraish y dijo: “Decís que Muhammad está loco, ¿le habéis visto alguna vez perder la cabeza como lo hacen los locos?”. Dijeron: “No”. Dijo: “Le acusáis de hechicero. ¿Le habéis visto hechizando a alguien alguna vez?”. Dijeron: “Por Allah que no”. Dijo: “Le acusáis de mentiroso. ¿Habéis escuchado alguna vez una sola mentira de él?”. Dijeron: “No. Pero ¿qué es entonces?”. Permaneció pensando durante largo tiempo, con el ceño fruncido, y dijo: “No puede ser más que un mago. ¿No habéis visto como separa al hombre de su familia, de sus hijos, de sus esclavos. Sí, es un mago, y lo que dice es parte de la magia”.
Descendió entonces la aleya en la que dice Allah: “Ha reflexionado y ha meditado su respuesta. ¡Muera! ¿Pero cómo ha podido premeditar así? ¡Que muera por cómo ha premeditado! Y después ha examinado. Y luego ha fruncido el ceño y se le ha mudado el semblante. Y luego ha dado la espalda y se ha llenado de soberbia. Y ha dicho: ‘Esto no es más que magia aprendida. Es sólo lo que dice un ser humano” (Muddazir, 18).
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Musulmanes, ciertamente el milagro del Corán no es únicamente lingüístico, ya que posee en sí mismo numerosos milagros. Uno de estos milagros es que habla del no visto, en el presente, en el pasado y en el futuro. Informó de la muerte de Abu Lahb como káfir, y descendió acerca de esto la sura que todos conocemos. Y con el paso del tiempo esto se hizo realidad. Abu Lahab podría haber aceptado el Islam externamente para así poder contradecir al Corán y tener un arma contra el Profeta y los musulmanes, pero no hizo esto siquiera y murió como káfir.
Los romanos vencieron a los persas, y a esto hace referencia el comienzo de la Surat de los Romanos cuando dice Allah: “Los Romanos han sido vencidos* [Se refiere a la victoria de Cosroes, rey de los persas, sobre los bizantinos] en la tierra más próxima. Pero ellos, a pesar de su derrota, vencerán dentro de algunos años”.
El Corán habla también de los nonatos, del ser humano antes de nacer, de cómo se concibe al ser humano. Dice Allah: “En verdad creamos al hombre de una esencia extraída del barro. Luego hicimos que fuera una gota de esperma dentro de un receptáculo seguro. Luego transformamos la gota de esperma creando un coágulo de sangre, y el coágulo de sangre creando un trozo de carne y el trozo de carne en huesos que revestimos de carne haciendo de ello otra criatura. Bendito sea Allah, el mejor de los creadores” (Muminun, 13).
Este es el Corán, este es nuestro Milagro; permanece entre nosotros tras la muerte del Profeta y permanecerá hasta el Día del Levantamiento. En él está nuestra fuerza y nuestro poder, a él debemos aferrarnos y volvernos si deseamos conseguir el éxito y el triunfo en esta vida y en la próxima.
Wa salla Allahu ala Saydina Muhammad wa ‘ala alihi wa sahbihi wa sallam. Amín
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