
26 de Febrero de 2010,
Imam: Hafid Ahmed Bermejo
Alhamdulillah.
Musulmanes, tened Taqwa de Allah, puesto que quien teme a su Señor triunfa, y el que no lo hace está extraviado.
Musulmanes, sabed que Allah, subhanahu wa ta’ala, ha escogido de las regiones la mejor de ellas, y de las almas la más pura y noble. Escogió de entre los seres humanos a Mensajeros, e hizo que sus palabras, acciones y carácter fueran equilibrados. Entre ellos está nuestro amado maestro Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam, y conocerle es uno de los fundamentos de nuestro Din, ya que todos seremos preguntados en la tumba quién ha sido nuestro Enviado.
Nuestro maestro, el mejor de la creación, Muhammad Ibn Abdullah Ibn Abdul Muttalib. Allah lo escogió de entre los Banu Hashim, y escogió a los Banu Hashim de entre los Quraish, descendiente del amigo íntimo de Allah Sayiduna Ibrahim, alaihi salam, la mejor genealogía que existe en la faz de la tierra.
Nació huérfano de padre y murió su madre cuando aún era muy joven. Dice Allah: “¿Acaso no te halló huérfano y te amparó?” (Duha, 6) Su educación corrió a cargo de diferentes personas, pero siempre bajo la mirada y amparo de Allah. Se le hizo odiosa la adoración y servidumbre a los ídolos, Su Señor lo protegió en su infancia, lo vigiló en su juventud. Se casó antes de la profecía con una mujer honrada, noble y rica, era la más noble de entre las mujeres, la de mayor intelecto, Jadiya, que Allah esté complacido con ella.
Allah lo envió en un tiempo en el que la tierra estaba corrompida por la adoración a los ídolos, por las argucias de los adivinos, por el derramamientos injusto de sangre y por la ruptura de los vínculos familiares. Y él, salla allahu alaihi wa sallam, nunca cesó de llamar a la gente a la adoración de Allah, sólo, sin asociado, paciente y perseverante ante los ataques e insultos de su propia gente.
Allah elevó su recuerdo, engrandeció su faz, sus milagros fueron impresionantes, sus signos claros y evidentes; sus faltas serán perdonadas, será el primero en interceder en el día del Levantamiento, al primero al que se le mostrarán las puertas del Jardín, el primero en atravesar el camino. Y a pesar de todo esto, era un siervo agradecido. Se levantaba en mitad de la noche para rezar hasta que se hinchaban sus pies y sus ojos se llenaban de lágrimas. Lo hacía por Allah, con humildad y sinceridad.
Dijo Abdullah Ibn Ashijir: “Fui a ver al Mensajero, al que Allah bendiga y conceda paz, y lo encontré rezando. Y de su interior salía un sonido como el del agua que hierve en una olla; y era debido al llanto”. Y dijo salla allahu alaihi wa sallam sobre si mismo: “Por Allah, que yo soy el que más taqwa tiene de Allah de entre vosotros”
El trato con su Señor era exquisito, su cortesía con El inmejorable; no se atribuía nada a si mismo, pues todo se lo atribuía a Allah; dice Allah: “Di, no soy dueño de beneficiarme o de perjudicarme más de lo que Allah quiera. Si yo conociera el No-visto habría tenido mucho bien y el mal nunca me habría tocado. Pero no soy más que un advertidor y alguien que anuncia buenas noticias a la gente que cree”. (A’raf, 188)
Y en otra aleya dice: “Di, no tengo poder ni para perjudicaros ni para conduciros a ningún bien”. (Yin, 21). Ibn Kazir dice comentando esta aleya: “Es decir, ciertamente yo soy un ser humano como vosotros al que se me ha inspirado, soy un siervo de entre los siervos de Allah, no tengo ningún poder para guiaros ni para extraviaros, pues el asunto esta completamente en manos de Allah”.
Era el mejor de los seres humanos y al mismo tiempo el más humilde de todos. Se sentaba con los pobres, alimentaba a los necesitados, trabajaba para su familia y para si mismo, junto con sus compañeros cargaba los ladrillos a la hora de construir la Mezquita, no maltrataba a los trabajadores ni era injusto con ellos. Dijo Anas que Allah esté complacido con él: “Trabajé para el Mensajero de Allah 9 años, y jamás me reprochó nada de mi comportamiento! (Muslim)
Era respetuoso con los mayores trataba muy bien a los pequeños; si pasaba junto a un grupo de niños los saludaba. Dijo Anas: “Nunca vi a nadie tratar con más misericordia a los pequeños que como lo hacía el Mensajero de Allah”.
Era sencillo, se apartaba de la presuntuosidad, del orgullo, de la vanidad, de la soberbia, decía: “Ciertamente yo soy un siervo, decid pues: Siervo de Allah y Mensajero”.
Era un alma generosa, generoso sin límite, una mano que entregaba, entregaba desprendidamente y confiado; si alguien le pedía algo a lo que el tuviera acceso lo entregaba sin un solo atisbo de duda. Dijo Anas: “Durante el Islam no se le pidió algo al Mensajero salla allahu alaihi wa sallam sin que éste lo entregara”.
Los asuntos de este mundo no le causaban enfado; él no estaba entregado a Dunia, no se preocupaba más que lo necesario de esta morada y trabajaba siempre para la siguiente. Solía decir: “¿Qué tengo yo que ver con este mundo? Soy como un viajero que busca protección bajo la sombra de un árbol, y luego se marcha y la abandona”. (Tirmidhi)
Sufrió las dificultades de la vida, las penalidades de la existencia, su gente le atacó con palabras y acciones, le acusaron de loco, de hechicero, de mentiroso, y decían los kuffar: “Este es un mago farsante”. Cuando estando oculto en la cueva estuvieron a punto de apresarlo, su compañero tuvo miedo y el Mensajero le dijo: “No te entristezcas porque en verdad Allah está con nosotros”.
En la batalla de Uhud fue herido en el rostro y la sangre se deslizó por su cara, sufrió las penalidades del hambre durante el exilio, en ocasiones no tenía suficiente para satisfacer las necesidades de su familia, le persiguieron encarnizadamente durante años, y Su Señor le dijo: “Ten paciencia como la tuvieron los mensajeros dotados de resolución”. (Ahqaf, 35)
Murieron 6 de sus hijos durante su vida, y esta prueba no hizo que se apartara ni un solo instante del dawa a Allah, tuvo paciencia ante todas las adversidades y dificultades; dijo acerca de si mismo: “He sido perjudicado por Allah, como no ha sido perjudicado nadie, y he sido atemorizado por Allah como nadie ha sido atemorizado”
Su corazón estaba lleno de bondad y misericordia, solía visitar el cementerio de Medina, recordaba el Ajira y al hacerlo, las lágrimas surcaban su rostro. Visitó a su hijo Ibrahim, cuando aún estaba siendo amamantado; Ibrahim se acercó a el e iba cubierto de polvo, y el Mensajero lo cogió, lo besó y lo olió, como signo de la benevolencia paterna. Y cuando murió, sus ojos derramaron lágrimas y dijo: “El ojo llora y el corazón se entristece y no decimos sino lo que complace a nuestro Señor, y en verdad ¡Oh Ibrahim!, que estamos tristes por tener que separarnos de ti”. (Bujari)
Era el más moderado y el más noble de los hombres, nunca su mano tocó a una mujer que no le fuera permitida, era cumplidor con su familia y sus compañeros; cuando sacrificaba una oveja, la cortaba y la repartía entre los familiares de Jadiya aún después de su muerte.
Era generoso con sus compañeros y no se daba prioridad a si mismo con respecto a ellos en ningún asunto. Dijo Uzmán, que Allah esté complacido con el: “El Mensajero era equitativo con nosotros hubiera mucho o hubiera poco”.
Los que le rodeaban se encontraban a gusto con el gracias a su buen carácter, era benevolente, no devolvía el mal por el mal, sino que perdonaba y no lo tenía en cuenta; no se enfadaba por asuntos relacionados consigo mismo y no le daba más importancia que la necesaria.
Vino a el un beduino a pedirle a dinero, le sonrió, y le entregó lo que pedía. Perdonó a quien quiso hechizarle, no se vengó de quien puso veneno en su comida, perdonó a quienes le combatieron, y tras la conquista de Meca dijo: “Iros, pues sois libres”.
Desde la llegada de la profecía hasta su muerte, estuvo llamando a la adoración de Su Señor, y prohibía a su comunidad caer en el Shirk, no dejó un asunto que tuviese el bien sin guiar a su Ummah hacia el, y no hubo ningún asunto que encerrara el mal sin que advirtiera a su comunidad sobre el.
Musulmanes, seguid su camino, aferraos a su guía y a su sunna, y guardaos de oponeros e ir en contra de ella. Y sin duda triunfaréis en esta vida y en la próxima.
Y Allah le pedimos que nos de la fuerza y la capacidad necesarias para hacer esto posible.
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Musulmanes, nuestro Mensajero, salla allahu alaihi wa sallam, era un ser humano, enfermaba, pasaba hambre, se entristecía y comía y dormía; no tenía ninguna característica divina, ciertamente era un Enviado, que transmitía el Mensaje de Su Señor: “Di: No soy más que un ser humano como vosotros, me ha sido inspirado que vuestro dios es un Dios Único; así pues, el que espere el encuentro con Su Señor que actúe con rectitud y que al adorar a Su Señor no le asocie a nadie”. (Kahf, 110)
Es obligatorio seguirle y obedecer sus órdenes sin elevarlo por encima de su rango ni rebajando su posición. Al obedecerle descienden las misericordias y se multiplica el bien. Dice Allah: “Obedeced a Allah y al Mensajero para que se os dé Misericordia” (Ali Imran, 132).
El amor por el tiene prioridad sobre el amor a los padres y a los hijos. Dijo, salla allahu alahi wa sallam: “No creerá ninguno de vosotros hasta que yo no sea más amado para el que su padre y su hijo”. (Bujari)
Siguiendo sus ordenes se hace fácil la vida y gratificante la compañía; dice Allah: “A quien haya obrado con rectitud sea varón o hembra, siendo creyente, le haremos vivir una buena vida y le daremos la recompensa que le corresponda por lo mejor que haya echo”. (Nahl, 97)
Y la felicidad del siervo tanto en esta vida como en la próxima esta relacionado con la puesta en práctica de su guía y el éxito reside en seguir sus huellas.
Oh Allah, Tú que todo lo puedes, haznos seguir la sunna de nuestro maestro Muhammad, y haz que al seguir su sunna entremos en el Jardín.
Wa salla Allahu ala Saydina Muhammad wa ‘ala alihi wa sahbihi wa sallam. Amín.
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