

El
2 de enero de 1492, dia 2 de Rabi al Awal de 897, llegó
el Rey de los cristianos con sus huestes cerca de la ciudad de
Granada y ordenó tomar posesión de la Alhambra.
Esto ocurrió después de que el último soberano
de la España musulmana, el Emir Abu Abdelllah Muhammad
Ben Ali, hubiera acordado unas capitulaciones y garantizado su
fiel cumplimento para salvaguardar la dignidad, la propiedad,
la vida y la fé de sus súbditos, que reconocían
desde ese momento y acataban como contrapartida, la autoridad
de los soberanos católicos.
Las Capitulaciones de Granada, no dejan de ser un documento de
rendición. Como tal, no puede ser nunca la máxima
aspiración de los musulmanes en esta tierra, alcanzar los
derechos que les fueron reconocidos como pueblo vencido, a los
musulmanes de Granada.
Sin embargo, paradójicamente, los derechos establecidos
para los musulmanes en aquella fecha histórica eran mucho
mas amplios y generosos, que los que hoy día, un Estado
que se llama a si mismo democrático, tolerante y defensor
de los derechos humanos y de las libertades, nos reconoce.
Y curiosamente, aquel documento, como a estas alturas ya todos
sabemos, sigue en vigor. Aunque en desuso, nunca fue abolido o
abrogado.
Después de la guerra civil que duró desde 1936 hasta
el 39, los españoles, por fin se reconciliaron, al cabo
de 40 años. Se permitió el regreso a los exiliados,
se devolvieron muchos derechos y se restituyó el honor
a los vencidos. Pero después de la brutal y sangrienta
guerra que supuso la persecución religiosa, los abusos
y el exterminio de la Inquisición, aún no se ha
producido la reconciliación.
Nuestra posicion es que esa reconciliación si se hace por
la vía de la inteligencia, el saber y la justicia generará
una nueva época de esplendor en esta tierra. Sino es así,
causará por el contrario una confrontación que se
debería evitar.
Si hablo de reconciliación despues de una guerra fraticida,
es porque la conquista de Granada marca igualmente la fase terminal
de una guerra civil. No fueron árabes los expulsados de
España, fueron musulmanes de la Península Ibérica:
celtíberos, hispanomusulmanes, exterminados por españoles
cristianos
Entresacamos del libro "Reseña histórica de
la conquista del Reino de Granada " de D. Leopoldo de Eguilaz
Yánguas un párrafo en el que podemos leer los siguiente
(pag. 69-70):
"Léese en Almaccarí, que entre los pretextos
aducidos por los cristianos para hacer abjurar a los musulmanes
su religión, se contaba el especioso de decirles: 'Tu abuelo
era cristiano y se hizo musulmán; pues hazte tu ahora cristiano'.
Y la siguiente nota al pié:
"Esto viene a corroborar el hecho de componerse la población
de Granada de cristianos renegados, como lo aseguraron Su Santidad
el Papa Clemente V, a la sazón del Concilio de Viena, los
embajadores del rey D. Jaime II de Aragón, según
se lee en Jerónimo de Zurita y el Padre Juan de Mariana.
Que, con efecto, la inmensa mayoría de los habitantes de
aquella ciudad famosa se componía de elches, enaciados
o tornadizos cristianos, ....' de doscientas mil almas que hacía
en la Ciudad de Granada, aún no eran las quinientas de
la nación Africana, sino naturales españoles y godos,
que se habían aplicado a la ley de los vencedores'"
Y en otro lugar:
Hablando de la entrada de Gonzalo Fernández de Córdoba
en el popular arrabal del Albaicín:
"Otro día al Albaicín venido por mandamiento
del rey (Boabdil), rogó a Gonzalo Hernandez les hablase,
pues allí había aljamiados y asaz declaradores"
(V. Pérez de Pulgar, "Breve parte de las hazañas
del Gran Capitán")
Hasta la guardia real de Muley Hacén se componía,
al decir de Hernando de Baeza, de setecientos caballeros cristianos
renegados, muchos de los cuales ejercían importantísimos
cargos en la corte granadina."
Tampoco hay ningún motivo que nos haga pensar que esas
conversiones habían sucedido solamente en el último
periodo de la historia de al-Andalus, en el que hay muestras de
que tanto el poder como el din de los musulmanes se encontraban
en un momento de debilidad, sino que es lógico pensar que
a lo largo de los siglos de presencia musulmana en la península,
muchos de los que se "llamaban conversos" en realidad
lo habían sido sus antepasados varias generaciones atrás.
Es decir, eran musulmanes nativos, autóctonos, al igual
que los bosnios son un pueblo eslavo musulmán o los Sudaneses
son un pueblo musulmán africano ( árabe solamente
por adopción de la lengua).
La Capitulaciones, otorgaron generosas garantías de protección,
seguridad, autonomía y respeto a los musulmanes españoles
que a cambio hacían la dolorosa concesión de aceptar
vivir bajo una autoridad que no habia surgido de ellos mismos.
La vigencia y validez de estos acuerdos que hoy llamaríamos
internacionales, como hemos dicho antes, no han sido anuladas.
El hecho de que la parte cristiana traicionara de forma tan brutal
y prolongada su cumplimiento, no anuló su vigencia como
compromiso solemne jurado ante Dios y refrendado por el mismo
Papa de Roma, como podemos también leer en el libro de
Leopoldo de Eguilaz (pag. 53):
"Que el señor de Roma garantizaría con su firma
la capitulación"
Y en una nota al pie:
"Que este artículo de la capitulación, de que
se hace caso omiso en el original castellano, que se conserva
en Simancas, fue realmente acordado y concertado es evidente,
pues en una minuta que se conserva en dicho archivo, entre las
peticiones que hizo a los Reyes Católicos el alcaide Bexir
en el nombre de Boabdil, se lee:
'Primeramente suplica a Sus Altezas quel previllejo que se dió
al Rey é á los moros, é las capitulaciones,
supliquen Sus Altezas á nuestro Santo Padre que los confirme
como en ello se asentó. Sigue un decreto al margen, que
dice: Que les place."
Examinemos ahora el contenido: Veamos sólo algunas de las
garantías y concesiones que se otorgaron a los musulmanes.
Entresacamos algunos párrafos del documento de las capitulaciones
que contienen promesas de los soberanos católicos:
Que
sus altezas y sus sucesores para siempre jamás dejarán
vivir al rey Abí Abdilehi y á sus alcaides, cadís,
meftís, alguaciles, caudillos y hombres buenos y á
todo el comun, chicos y grandes, en su ley, y no les consentirán
quitar sus mezquitas ni sus torres ni los almuedanes, ni les tocarán
en los habices y rentas que tienen para ellas, ni les perturbarán
los usos y costumbres en que están.
Que
los moros sean juzgados en sus leyes y causas por el derecho del
xara que tienen costumbre de guardar, con parecer de sus cadís
y jueces.
Que
no les tomarán ni consentirán tomar agora m en ningun
tiempo para siempre jamás, las armas ni los caballos, excepto
los tiros de pólvora chicos y grandes, los cuales han de
entregar brevemente á quien sus altezas mandaren.
Que
no permitirán sus altezas que los judíos tengan
facultad ni mando sobre los moros ni sean recaudadores de ninguna
renta.
Que el rey Abdilehi y sus alcaides, cadís, alfaquís,
meftís, alguaciles, sabios, caudillos y escuderos, y todo
el comun de la ciudad de Granada y del Albaicin y arrabales, y
de la Alpujarra y otros lugares, serán respetados y bien
tratados por sus altezas y ministros, y que su razón será
oida y se les guardarán sus costumbres y ritos, y que á
todos los alcaides y alfaquís les dejarán cobrar
sus rentas y gozar de sus preeminencias y libertades, como lo
tienen de costumbre y es justo que se les guarde.
Que los pleitos que ocurrieren entre los moros serán juzgados
por su ley y xara, que dicen de la Zuna, y por sus cadís
y jueces, como lo tienen de costumbre, y que si el pleito fuere
entre cristiano y moro, el juicio dél sea por alcalde cristiano
y cadí moro, porque las partes no se puedan quejar de la
sentencia.
Que los moros no darán ni pagarán á sus altezas
mas tributo que aquello que acostumbran á dar á
los reyes moros.
Que si los moros que entraren debajo destas capitulaciones y conciertos
quisieren ir con sus mercaderías A tratar y contratar en
Berbería, se les dará licencia para poderlo hacer
libremente, y lo mesmo en todos los lugares de Castilla y de la
Andalucía, sin pagar portazgos ni los otros derechos que
los cristianos acostumbran pagar.
Que los jueces, alcaldes y gobernadores que sus altezas hubieren
de poner en la ciudad de Granada y su tierra, serán personas
tales que honrarán á los moros y los tratarán
amorosamente, y les guardarán estas capitulaciones; y que
si alguno hiciere cosa indebida, sus altezas lo mandarán
mudar y castigar.
Que sus altezas mandarán guardar las costumbres que tienen
los moros en lo de las herencias, y que en lo tocante á
ellas serán jueces sus cadís. ∑ Que los habices
y rentas de las mezquitas, y las limosnas y otras cosas que se
acostumbran dar á las mudarazas y estudios y escuelas donde
enseñan á los niños, quedarán á
cargo de los alfaquís para que los destribuyan y repartan
como les pareciere, y que sus altezas ni sus ministros no se entremeterán
en ello ni en parte dello, ni mandarán tomarlas ni depositarías
en ningun tiempo para siempre jamás.
Cuando hablamos hoy de estatuto jurídico de las comunidades
musulmanes en el estado laico occidental, este documento representa
una referencia muy útil.
Los musulmanes han acogido y amparado en el seno de sus sociedades
a las comunidades judías y cristianas durante largos siglos
con un régimen equivalente: la dhimma.
El cumplimiento de estos acuerdos quedó exento. Es decir:
la parte cristiana vencedora quedó exenta del cumplimiento
de estos acuerdos gracias al simple y despiadado procedimiento
de eliminar la existencia de la otra parte.
Traición, persecución religiosa, exterminio, expulsión
y conversión forzosa fueron los mecanismos que hicieron
que las Capitulaciones quedaran reducidas a un texto de estudio
histórico sin ninguna vigencia jurídica, gracias
a la efectiva "desaparición" de una de las partes.
Un fenómeno nuevo está sin embargo teniendo lugar,
la reaparición del objeto jurídico eliminado: los
musulmanes españoles.
Quien quiera ilustrarse sobre la crueldad de que fueron victimas
los musulmanes en Al Andalus, que lea "Castigo y represión
de los moriscos de Granada" de Luis de Mármol y Carvajal.
Cronista que acompaña a las huestes de Felipe II y que
describe con todo lujo de detalles la política de exterminio
de los reyes de españa.
Restaurar paulatinamente los derechos, las garantías, las
propiedades y el estatuto de protección garantizado en
la rendición de Granada es una deuda histórica de
indiscutible justicia y la hora de pagar esa deuda y restaurar
esa infamia está ya cerca.
Cuando eso ocurra, y ocurrirá, este país habrá
aportado también un ejemplo, un modelo al mundo entero.
Ese ejemplo podría aplicarse también en Palestina,
poniendo fin a la perdida de vidas y de haciendas que tanto sufrimiento
está causando. Ese modelo podría servir a los Rusos
en Chechenia, a los chinos en Turkestan Occidental, al estado
laico europeo que no sabe como encauzar la existencia de 16 millones
de musulmanes en los países de la Unión Europea
y a los más de diez millones de musulmanes de los Estados
Unidos de América.
Este marco de respeto y reconocimiento podría reemplazar
las islamofobias paranóicas y los impulsos represores de
americanos y europeos ofreciendo a cambio un acuerdo honorable
y fecundo, en lugar de seguir repitiendo atrocidades como las
que hemos visto en los últimos años:
La masacre de Sebrenica
La infamia de Guantánamo
La carnicería de Sabra y Ghatillah
La matanza de Yenin y otras atrocidades en Palestina,
La destrucción de Grozni
La conquista militar de un país que no estaba en guerra,
precedida del exterminio lento de 12 años de embargo en
Iraq, podrían y deberían no volver a repetirse.
Y la Inquisición que ha servido de inspiración a
serbios, sionistas, imperialistas y colonizadores ha sido una
de nuestras más negras aportaciones a la historia durante
500 años. Pero los 250 años de Inquisición
que se necesitaron para erradicar el Islam de Al-Andalus pueden
tener precisamente aquí en Granada su punto final y aquí
se puede producir el ejemplo de justicia y de libertad que regenere
la convivencia pacífica de las "dos Españas",
como decía Machado.
Y entonces podremos hablar de reconciliación, la reconciliación
de los españoles con el Islam, o por decirlo más
claramente la reconciliación con sus propios antepasados.
Efectivamente, lo rechazaron, lo persiguieron y lo combatieron,
pero el Islam forma parte de nuestro legado, de nuestra identidad
y de nuestra memoria histórica.
Los españoles, seguimos mencionando el nombre de Allah
cuando nos encontramos y cuando nos emocionamos: Hola! y olé!,
tienen su origen en el nombre de Allah. Cuando nos despedimos
decimos el nombre de Dios y cuando anhelamos algo, esperamos que
Allah nos lo conceda: Ojala!
El turrón y los polvorones son moriscos. En nuestro idioma
existen 4.000 palabras de origen árabe. Muchos de los nombres
de nuestras ciudades, ríos, montañas y comarcas
son árabes igual que muchos de nuestros apellidos: Madrid
"agua que fluye" Alhambra "La roja", etc.
etc.
Ahora el Islam ha recobrado su presencia en España, aunque
podemos decir que nunca la perdió sino por una brutal política
de represión y exterminio. Ahora, el camino del Islam se
ha abierto de nuevo en esta tierra. Es el camino profético.
Es el camino de todos los profetas y mensajeros, es la sabiduría
revelada por el Señor de todos los Mundos y está
vigente.
La oración está establecida en ésta y en
otras Mezquitas. El Adhan ya se oye todos los días desde
la cumbre del Albaicin. Muchos niños reciben sus regalos
en el 'Id Al Fitr y en la Fiesta del Sacrificio, muchos españoles,
en lugar de pasar una velada de intoxicación etílica
la noche del 31 de diciembre, pasan en vela de embriaguez espiritual
las noches de Ramadan... Es un camino que solo trae mejora a los
individuos y a toda la sociedad.
Lo mínimo que se puede pedir es el valor para conocerlo
sin prejuicios y examinarlo con un intelecto abierto, para eso
estamos en esta bella Mezquita, para eso abrimos nuestras puertas
y así seguiran: abiertas.
Granada, 2 de Enero 2003.