El dua’, el arma del creyente

jutba3Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues la Taqwa de Allah es el camino que conduce al éxito en esta vida y en la Próxima.

Siervos de Allah: ciertamente, Allah ha establecido este Din, el Din del Islam, un Din en el que hay numerosos actos de adoración y de obediencia −actos que no son únicamente el salat, la sadaqa o el ayuno− que si los llevamos a la práctica, harán que nos acerquemos a Allah, pues estaremos cumpliendo con lo que Él quiere de nosotros, y al cumplir con lo que Allah quiere de nosotros, no solo nos estaremos beneficiando en este mundo, sino que estaremos alcanzando la recompensa del Jardín, que Allah nos promete por cumplir con lo que nos pide.

Entre estos actos de adoración, hay uno que en muchas ocasiones olvidamos, al que no damos la importancia que se merece, del que no somos conscientes de la fuerza y el poder que posee, pero que tiene una fuerza tal que puede cambiar el mundo, aunque solo lo practicamos cuando nos vemos en momentos de estrechez y de dificultad − y emplearlo de esta manera es reducir un océano a un gota de agua−. Este acto de adoración que nos acerca a Allah y es uno de los grandes regalos de Allah es el arma del creyente, un arma certera y lista para ser usada, un arma más fuerte y poderosa que las que la tecnología y la ciencia puedan crear. Esta arma del creyente es el dua’, es la súplica, es pedir con sinceridad a Aquel que realmente tiene el poder y la fuerza para cambiar las cosas.

El dua’ es parte de la adoración, de hecho, es la adoración en sí. No penséis que el dua’ es algo ajeno a la adoración o la obediencia, ya que el Mensajero de Allah, salla allahu alaihi wa sallam, dijo: “El dua’ es la ‘ibadah(La súplica es la adoración), y luego recitó la aleya en la que Allah dice: “Y vuestro Señor ha dicho: ‘Pedidme y os responderé. Es cierto que aquellos cuya soberbia les impida adorarme (‘pedidme’, observad esta aleya, ‘aquellos cuya soberbia les impida adorar a Allah’, y aquí adorar tiene el sentido de pedir a Allah) entrarán en Ŷahannam humillados’”.

El dua’ es el arma del creyente para todo momento y situación, para sí mismo y para sus hermanos. Es su arma para salir de los momentos de dificultad, para salir de los momentos de prueba, para salir de las desgracias y la estrechez. Es su arma con la que combatir la injusticia, con la que establecer la armonía. Es su arma con la que llenarse de paciencia. Y es, además, el arma con la que pedir a Allah que cambie la situación en la que se encuentra, en la que te encuentras tú y en la que se encuentran tus hermanos, pues un dua’ por un hermano que está en un momento de dificultad le llega y es un alivio para él. Es también el arma que utilizaron todos los Profetas y Mensajeros, y, a través de ella, Allah les dio la victoria, como es el caso de Sayiduna Nuh, quien, tras 950 años de llamar a la gente a Allah y no obtener de ellos más que un rechazo absoluto, pidió a Allah diciendo: “¡Señor mío! No dejes en pie sobre la Tierra ningún hogar de incrédulos”. Y Allah respondió a esta súplica sincera diciendo: “La inundación los sorprendió mientras eran injustos”.

Siervos de Allah, para que el dua’ sea respondido han de cumplirse unos requisitos y unas condiciones que, cuando están presentes, al que pide se le concede la respuesta. Entre estas condiciones encontramos: la sinceridad con Allah, pedirle con absoluta confianza y la humildad −Le estás pidiendo, Le estás suplicando, no Le estás exigiendo−. También es necesario tener certeza y confianza en la respuesta; no Le pides para ver qué pasa, Le pides con confianza, con constancia en la súplica. No dejas de pedirle por desesperación, de pedir tanto en la dificultad como en la facilidad, de recordar las malas acciones cometidas y pedir perdón por ellas, de recordar los dones que nos han sido entregados y dar gracias a Allah por ellos. Comer de lo halal es un aspecto fundamental para que los dua’s sean respondidos, ya que el Mensajero de Allah le dijo a Sa’ad Ibn Abi Waqas: “Haz buena tu comida, y tus dua’s serán respondidos”.

Si estas condiciones se reúnen a la hora de hacer la petición y se hacen en un momento en el que están abiertas las puertas de la respuesta y no hay presente ningún impedimento, ese dua’ jamás se va a quedar sin respuesta, aunque la respuesta puede que no sea la que tú piensas que ha de ser, que no sea exactamente lo que le estás pidiendo a Allah, ya que la respuesta del dua’ puede ser por tres caminos, puede que se te conceda en esta vida lo que has pedido, antes o después; que se te reserve para la Próxima, o bien que se te borren parte de tus faltas en la misma medida que aquello que pediste.

Dijo el Mensajero de Allah, salla allahu alaihi wa sallam: “No hay musulmán que haga una súplica que no se le responda; bien se le concede en esta vida o bien se le reserva para la Última, o bien se le exime de sus faltas en la medida de lo que pidió, siempre y cuando lo que haya pedido no sea un mal o romper un lazo de sangre”.

La respuesta rápida no es una de las condiciones del dua’. Allah no tiene por qué responder en el acto a eso que has pedido, y esto es realmente lo que diferencia al que conoce su valor y su importancia del que no los conoce, ya que dijo el Mensajero de Allah, al que Allah colme de bendiciones: “No se quedará sin respuesta la súplica del hombre, siempre y cuando no pida un delito o romper algún vínculo familiar, y siempre que no desespere”. Dijeron: “Oh Mensajero de Allah, ¿qué es desesperar?”. Dijo: “Cuando el que hace dua’ dice: ‘Pedí, pedí, y no he visto que se me haya respondido’, y entonces desespera, desconfía y se aleja del dua’”.

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Musulmanes, del mismo modo que para la respuesta al dua’ existen condiciones, también hay prohibiciones que el que realiza el dua’ debe conocer y alejarse de ellas para que la petición sea respondida, ya que no podemos esperar que Allah nos conceda algo si estamos inmersos en la desobediencia, si estamos haciendo aquello que no complace a Allah; no puedes esperar que todo sea para ti sin dar tú nada a cambio.

Dijo el Mensajero, al que Allah colme de bendiciones: “Ciertamente, Allah es bueno y no acepta más que lo bueno. Allah ha ordenado a los creyentes lo que ordenó a los enviados. Dice: ‘Oh enviados, comed de las cosas buenas y haced el bien’. Y dice: ‘Oh vosotros que creéis, comed de las cosas buenas de las que os hemos provisto’. Luego recordó al hombre que estando en un viaje largo, despeinado y sucio eleva sus manos hacia el cielo: ‘Oh Señor, oh Señor’, pero su comida es haram, su bebida es haram, su vestimenta es haram y está impregnado del haram. ¿Cómo, pues, se le va a responder?”.

En una ocasión un grupo de gente fue a ver a Ibrahim Ibn Adham y le dijo: “¿Qué nos ocurre que pedimos y no se nos responde? ¿Qué pasa con nosotros que pedimos a Allah y no se nos responde”? Dijo: “Esto ocurre porque vuestros corazones han muerto por diez asuntos. Vosotros habéis conocido a Allah, pero no Le entregáis los derechos que Le son debidos (no Le obedecéis); pretendéis amar al Mensajero, pero no seguís su sunna; habéis leído el Corán, pero no actuáis conforme a él; habéis comido los dones de Allah, pero no los habéis agradecido; decís: ‘El shaytán es nuestro enemigo’, pero os ponéis de su lado; decís que el Jardín es real, pero no actuáis para él; decís que el Fuego es real, pero no huis de él; decís que la muerte llegará, pero no os preparáis para ella; habéis olvidado vuestros defectos y os habéis ocupado de los defectos y las faltas de lo demás, y, por último, habéis enterrado a vuestros muertos y no habéis aprendido nada de ello”.

Si no obedecemos a Allah, ¿cómo podemos esperar que Él nos responda? Si no seguimos la Sunna del Mensajero de Allah, ¿cómo podemos esperar la respuesta a nuestros dua’s? Si no actuamos conforme al Corán, ¿cómo podemos esperar que Allah nos dé? Si no somos agradecidos, ¿cómo podemos esperar la respuesta a lo que pedimos? Si no mantenemos el adab correcto, ¿acaso podemos esperar que Allah nos dé lo que Le pedimos? Y, ciertamente, este es el signo de la ignorancia en la que vivimos inmersos: Le pedimos a Allah sin antes mirarnos a nosotros mismos, sin antes mirar nuestro estado, sin antes cumplir con aquello que Allah nos ordena y exige de nosotros. Si quieres algo, pídeselo a Allah y sé constante. Pide, sin dejar de pedir en ningún momento, por todo lo que quieras, incluso por cosas materiales. Pide sin cesar; y si no te responde, mira tu propio estado, pues es muy probable que en ello encuentres la respuesta a por qué Allah no te está respondiendo.