El vínculo del matrimonio

Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues ciertamente el camino de la Taqwa es el camino que conduce al éxito y al triunfo en esta vida y en la próxima.

Siervos de Allah, sabed que Allah en Su infinita misericordia ha creado al hombre y le ha honrado haciendo de él Su representante, Su califa en este mundo. Para que el ser humano pudiera seguir asumiendo esta responsabilidad y para que perdurase a través de los siglos, creó una pareja, hombre y mujer, y creó entre ellos un vínculo, un vínculo que es un compromiso fuerte, un vínculo de protección, de perfeccionamiento recíproco y de realización mutua.

Este vínculo es el vínculo del matrimonio, un vínculo que tiene una naturaleza especial ante Allah y que se caracteriza esencialmente, por estar basado en dos cualidades que son las que le permiten crecer y florecer, las que permiten que ese matrimonio tenga éxito; y estas dos cualidades en las que está basado el matrimonio, son el afecto y la misericordia. Hizo de este vínculo un compromiso serio que ambos esposos deben respetar y saber valorar.

A cada uno de ellos Allah les otorgó derechos y deberes que deben honrar y cumplir, estableció cortesías y respeto entre ellos, definió el comportamiento que debe impregnar en todo momento la convivencia entre las dos partes para que la relación pueda tener éxito. Para que el matrimonio alcance lo que se busca de él, y para que desempeñe la función que realmente posee, la Shari’a del Islam ha establecido ciertos parámetros y ha determinado cuáles son las relaciones entre cada una de las partes, y en cuando estos parámetros dejan de cumplirse, el vínculo se empieza a romper.

Y lo más maravilloso de todo, es que al haber sido Allah nuestro Creador, estas regulaciones, estos parámetros que Allah ha establecido, no hacen más que confirmar la naturaleza de cada una de las partes, son parámetros que respetan en todo momento las capacidades, tanto físicas como psicológicas del hombre y de la mujer, sin que haya opresión ni tiranía de una parte hacia la otra. Por eso, una vez que se entienden y se aplican, no hay controversia, no hay disputa, ya que no es más que seguir la naturaleza según la cual Allah ha creado al hombre y a la mujer.

Dice Allah: “Y parte de Sus signos es que os creó esposas sacadas de vosotros mismos para que encontrarais sosiego en ellas y puso entre vosotros afecto y misericordia; realmente en eso hay signos para gente que reflexiona”. La aleya dice: “para que encontrarais sosiego en ellas”. Este sosiego es muy amplio: es la tranquilidad basada en el respeto, el reposo basado en la confianza, el bienestar cimentando en la obediencia, la seguridad construido sobre el servicio; y esta es la relación que Allah quiere que haya entre los esposos; este es realmente uno de los beneficios del matrimonio.

Por eso cuando el matrimonio es una guerra, cuando es una competición de ver quién tiene el poder, cuando no hay seguridad y bienestar, lo que debemos hacer es no romper este vínculo a la ligera sino preguntarnos a nosotros mismos qué es lo que estamos haciendo mal. ¿Y estamos haciendo algo mal? Por supuesto que sí, puesto que la sabiduría del matrimonio es encontrar este sosiego, y cuando no se encuentra es porque una, o generalmente las dos partes, no están cumpliendo con lo que deben cumplir. En el matrimonio no hay abuso ni opresión del hombre hacia la mujer, ni tampoco rebeldía ni traición de la mujer al hombre.

En la aleya que hemos mencionado, Allah emplea el término “mawadda”, cariño o afecto, y no utiliza la palabra “hubb” (amor). La diferencia es muy sutil. El amor es una estación pasajera, son sensaciones, muy empercudidas hoy en día por el cine y la televisión, que normalmente están estrechamente ligadas a la fuerza física de la juventud, una juventud que como todos sabemos, no perdura. Lo que si perdura, lo que permanece, es el mawadda, el afecto y el cariño, que se termina transformando en misericordia, y este, es realmente uno de los propósitos del matrimonio.

Pero puede ocurrir, como ocurre en tantas ocasiones, que estos pilares se tambaleen y una de las dos partes se equivoque porque todos somos seres humanos y todos nos equivocamos, esto es natural, es normal, es común. Lo que no es natural y lo que no puede ocurrir, es que por esa equivocación, por ese fallo, se pierda el cariño y el afecto, se rompa y se desvirtúe este vinculo. No es posible, hombre y mujeres que exista una espada de Damocles sobre los cuellos de los cónyuges. No somos infalibles, el hombre no puede exigir a su mujer la perfección; del mismo modo que la mujer no puede demandar que su esposo sea infalible ni perfecto, ya que el único perfecto, es Allah, subhanahu wa ta’ala.

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Siervos de Allah, ciertamente estamos comprobando el grado que posee el vínculo del matrimonio a ojos de Allah. Por eso, cuando uno quiere entrar en él, debe ser consciente de que es algo importante, que no debe tomarse a la ligera y que, al hacerlo, está suscribiendo un contrato con una serie de obligaciones y responsabilidades que debe cumplir. Así mismo dicho contrato entrega también una serie de derechos que son de beneficio tanto para el hombre como la mujer. Obligaciones y derechos que tanto el hombre como la mujer deben conocer, antes y durante el matrimonio, y esto desgraciadamente es muy desconocido. Vas a firmar un contrato comercial, un préstamo, vas a abrir una tienda y te fijas en todo lo que lo envuelve, los plazos para devolver el préstamo, lo que ocurre si no lo haces, los metros cuadrados que debe tener tu tienda y un largo etcétera. Pero, entramos en el matrimonio, que puede ser para toda la vida, sin saber lo que es, sin antes conocer todas las cláusulas, obligaciones, condiciones, derechos y responsabilidades del mismo.

Ahora bien, hay una regla básica y no escrita en el matrimonio, y es una regla que desgraciadamente mucha gente no cumple y que suele tener como resultado el enfrentamiento en el matrimonio que puede desembocar en la separación y el divorcio. Esa regla es que ninguna de las dos partes, ni el hombre ni la mujer, deben reclamar sus derechos sin antes haber cumplido con sus obligaciones; es más, si deseas encontrar en el matrimonio el sosiego, el afecto, el cariño, la misericordia de la que Allah habla, aunque estés cumpliendo con tus obligaciones, no caigas en el andar reclamando tus derechos todo el tiempo, ya que eso, te rebajará siempre a ojos de la otra parte y esto es algo que todos sabemos y conocemos.

Por eso en el matrimonio, y siguiendo el consejo del Mensajero de Allah, lo que debemos hacer es fijarnos en las virtudes de la otra persona, ya que si nos dedicamos a buscar los defectos, encontraremos muchos, muchísimos, tanto que nos cegarán y nos impedirán ver las virtudes. Y entonces en vez de valorar y fijarnos en las cosas buenas, solo lo haremos en las malas. Todo lo que haga la otra persona nos lo tomaremos como un ataque o una ofensa y ese estado, nos impedirá ver el bien que encierra. Por eso el Mensajero de Allah dijo: “El creyente no debe despreciar a la esposa creyente: Si hay algo en ella que le disgusta, encontrará en ella otras cosas que sí le agradan”.

Uno de los secretos de un matrimonio exitoso es que las dos partes, tanto el hombre como la mujer, sean capaces de pasar por alto los defectos y los errores, sean capaces de perdonar y de olvidar, sean capaces de bajar para evitar el enfrentamiento cuando el otro está arriba y, por encima de todo, que ambos conyugues compitan entre ellos en los grados de excelencia y bondad, en el buen trato y siempre, en cumplir con sus obligaciones sin reclamar sus derechos. Y si las dos partes hacen esto, pongo a Allah por testigo que ese matrimonio contará con la bendición de Allah, surgirá de él una descendencia recta y será un pilar firme que permitirá el crecimiento y el florecimiento de la comunidad y la sociedad, con el permiso de Allah. Y a Allah le pedimos que así sea.