Entre la facilidad y la comodidad

JUTBA 1Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allah y hablad acertadamente. Él hará buenas vuestras acciones y os perdonará las faltas. Y quien obedece a Allah y a Su Mensajero ha triunfado con gran éxito”.

Siervos de Allah, en el jutba de la semana pasado hablamos de una cualidad totalmente necesaria para poder vivir en comunidad, una cualidad que dijimos que es la base que perfecciona nuestros vínculos y relaciones y que permite que se propague entre nosotros la misericordia y la generosidad. Esta cualidad es ocultar los defectos y las faltas de los demás, no hacer público lo que debe permanecer en privado.

Pues bien, otra de las cualidades necesarias en nuestros días ─que es otro de los pilares sobre los que se asienta la armonía y la felicidad en una vida conjunta, ya sea a nivel familiar o comunitario, y de la que estamos muy necesitados hoy en día ya que en este mundo individualista la estamos perdiendo cada vez más─ es la facilidad y generosidad con nosotros mismos y con los demás. Es hacer las cosas fáciles y sencillas sin buscar lo más duro y más rígido. Es ser generosos y misericordiosos, como lo eran los Sahaba, con nuestra bondad y nuestro tiempo hacia los demás.

Dijo el Mensajero Muhammad: “Haced las cosas fáciles y no las hagáis difíciles, y dad buenas nuevas y no espantéis”. Este hadiz del Mensajero de Allah ilustra de una manera increíble la base para una vida en común, y ciertamente es una de las bases del Din del Islam. Haz las cosas fáciles. Hazlas para ti mismo. Esto es sencillo y todos lo hacemos, todos buscamos el camino más fácil y sencillo. Es parte de la fitra del ser humano. Buscamos siempre lo más sencillo para nosotros. Buscamos disfrutar; pero… ¿y para los demás?, ¿lo hacemos también hacia los demás?

Este es el secreto, la llave que abre los corazones de la gente, la llave que abre las puertas para una vida armoniosa al nivel que sea: hacer fáciles las cosas a los demás. Haz las cosas fáciles para tu mujer, y ella las hará fáciles para ti; ten con ella misericordia, y ella la tendrá contigo; ten buen trato y haz las cosas fáciles para tus compañeros, y verás unos resultados asombrosos. Pero si nos empeñamos, como desgraciadamente hacemos tantas veces, en hacer las cosas difíciles, si nos empeñamos en el enfrentamiento, en la dureza, en la intransigencia, entonces esos vínculos que unen al hombre con la mujer, a los compañeros o a los amigos, a los miembros de un grupo de gente, se irán debilitando cada vez más hasta llegar a romperse, pues con la dureza se irán rompiendo poco a poco los puntos de unión. Y la culpa será de nuestra dureza y rigidez.

Ciertamente, si no comprendemos correctamente lo que es hacer las cosas fáciles, si no entendemos lo que es la facilidad con nosotros mismos y con los demás, esto nos puede llevar a caer en el tremendo error de creer que la facilidad significa fomentar la comodidad y la desidia. Pero este no es su significado, está muy lejos de ello, ya que la desidia, la comodidad, la falta de esfuerzo y de ambición, la falta de anhelo y de metas elevadas son cualidades que están muy alejadas del verdadero entendimiento del Din del Islam, y, de hecho, el que piense que el consejo del Mensajero de Allah, de hacer las cosas fáciles, significa la comodidad total y absoluta que lleva a la desidia que vemos tan presente en nuestros días no ha entendido nada de nuestro Din.

La apatía, la desidia, la falta de interés, este mundo en el que vivimos inmersos, en el que no nos importa más que dunia, en el que vamos acercándonos cada vez más a los límites de nuestro Din, en el que no reflexionamos sobre este mundo y el próximo, en el que no le damos importancia a nuestros hijos, un mundo en el que parece que nada nos importa más que “estar yo bien”, tiene un remedio, tiene una solución, tiene una esperanza, y esta es la facilidad que hay en nuestro Din y la facilidad y misericordia en nuestras relaciones; y así es como debemos comprender este asunto.

Consiste en ir paso a paso, con esfuerzo, con compromiso, con implicación; pero sin hacerlo duro, rígido y difícil. Nuestro Din no es rígido, no es duro, no es intransigente. Es fácil y sencillo. Pero esa facilidad y sencillez requiere de esfuerzo y de implicación. No esperas de brazos cruzados a que te lleguen las cosas; cada mañana no nos quedamos en la cama esperando a que llegue nuestra provisión, no lo hacemos; la buscamos, vamos a por ella esforzándonos en conseguirla; y al igual que no esperamos a que nos llegue la provisión sin usar los medios, tampoco podemos esperar comprender lo que realmente es nuestro Din y llevarlo a la práctica correctamente si no hacemos un esfuerzo para ello.

Cada uno de nosotros debe hacer una reflexión muy importante en este sentido: ¿Qué estamos haciendo con nuestras vidas? ¿Cuál es el camino que estamos siguiendo? ¿Cuál es el camino que hemos decidido recorrer en nuestras vidas? ¿El camino de la facilidad y la misericordia, el de apertura y la sencillez, que une nuestros corazones, que eleva nuestro anhelo y que hace que nos esforcemos por lo que deseamos, o el camino de la dureza entre nosotros, el camino de la intransigencia y la desidia que conduce a rebajarnos cada vez más, a separar nuestros corazones y a dejar aquello que es de verdad importante para nosotros?

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Ciertamente, en el Mensajero de Allah, salla allahu alaihi wa sallam, tenemos el mejor ejemplo para nuestras vidas, el modelo a imitar y la referencia a seguir. Él era un hombre que buscaba la facilidad, que, siempre que tenía que elegir entre dos asuntos, escogía el que era más fácil, siempre que no fuera desobediencia a Allah. Y lo hacía como misericordia consigo mismo, porque no tenía por qué hacerse las cosas difíciles, con sufrimiento, y también como una misericordia para toda su Ummah y para mostrarnos que nuestro Din es facilidad.

Pero esta facilidad que siempre buscaba y a la que siempre llamaba el Mensajero de Allah, esta facilidad tan propia de nuestro Din, no iba en contra de que pasara las noches en vela haciendo oración hasta que sus pies se hinchaban y agrietaban del esfuerzo, y eso a pesar de que todas sus faltas, tanto las del pasado como las del futuro, estaban perdonadas.

La facilidad no va en contra del esfuerzo, no son opuestos, no es un camino u otro; de hecho, son dos aspectos que van totalmente unidos y que se completan y perfeccionan el uno al otro. La facilidad consiste en no hacer, tanto para ti mismo como para los demás, en cualquiera de tus relaciones, las cosas más difíciles de lo que ya lo son; pero esto no significa, por ejemplo, y que nadie lo entienda así, no levantarte por la mañana a hacer el salat de subh cuando el resto de la gente está durmiendo porque sea más fácil quedarse en la cama. Esto es esfuerzo y es parte de nuestro compromiso con el Din de la facilidad, el Din del Islam.

Hoy en día hemos llegado a un punto en el que confundimos los términos y los significados. Confundimos, por un lado, la facilidad con la comodidad y, por otro lado, la dificultad con el esfuerzo. Y al entenderlo de esta manera, como desgraciadamente ocurre cada vez más entre nosotros, lo que realmente estamos haciendo es un Din de diseño, es diseñar y adaptar nuestro maravilloso Din del Islam a lo que es más cómodo para nosotros, a lo que más nos conviene, a lo que más nos interesa. Lo adaptamos a los que nos viene bien.

Y, al hacerlo, vamos acercándonos cada vez más a los límites; de hecho, vamos ampliando cada vez más los límites, nos acomodamos excusándonos en la facilidad, no le prestamos atención a nuestras relaciones, excusándonos en la facilidad, olvidamos lo que es importante y terminamos cogiendo de nuestro Din lo que nos interesa y dejando lo que no nos interesa, y todo por no comprender lo que es el esfuerzo y lo que es facilidad.