No nos importa, nosotros tenemos a Muhammad, SAWS

jutba3Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues la Taqwa de Allah es vuestra salvación en esta vida y en la Próxima.

Siervos de Allah, ciertamente nos encontramos viviendo en un mundo en el que las realidades se han trastornado, la verdad se ha convertido en falsedad y la falsedad se ha convertido en verdad. Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah, pues la Taqwa de Allah es vuestra salvación en esta vida y en la Próxima.

Siervos de Allah, ciertamente nos encontramos viviendo en un mundo en el que las realidades se han trastornado, la verdad se ha convertido en falsedad y la falsedad se ha convertido en verdad. Vivimos en un mundo en el que no podemos fiarnos de lo que vemos en los medios de comunicación, un mundo en el que los intereses personales tienen preferencia sobre los intereses generales, un mundo en el que los fuertes se aprovechan de los débiles y en el que mucho de lo que vemos a nuestro alrededor, a todos los niveles, está tergiversado y manipulado de tal manera que no podemos distinguir qué es lo verdadero y qué es lo falso.

Allah nos ha hecho ser hijos de este tiempo, pues somos gente del presente y este es nuestro presente; y hay quien puede pensar que eso es algo malo, que en qué mundo y momento histórico nos ha tocado vivir; pero no lo es, nadie puede ni debe decir eso, puesto que Allah, que es el más generoso de entre los generosos, nos ha dado también las herramientas necesarias para poder brillar en este mundo oscuro con la luz que brillaron los que nos precedieron; esa luz está contenida en el Imán: lo que nos hace iluminar esta oscuridad es aferrarnos a Allah y a Su Mensajero Muhammad.

El Mensajero de Allah dijo: “El que viva de vosotros verá muchas discrepancias. Así pues, seguid mi sunna y la de los Califas Rectamente guiados. Aferraos a ella con los dientes”. Hoy estamos en ese mundo de discrepancia que describe el Mensajero de Allah en este hadiz, y, en consecuencia, lo que debemos hacer es aferrarnos a la Sunna del Mensajero de Allah y de los Julafá Rashidun, aferrarnos a ella incluso con los dientes si es necesario. Esta es nuestra salvación. Este es nuestro asidero. Es el barco de Sayiduna Nuh de nuestros días; el que se monte en él estará a salvo y lo estará tanto en esta vida como en la Próxima.

¿Por qué Allah ha puesto la salvación en la Sunna del Mensajero Muhammad? Porque si no fuera por él, salla allahu alaihi wa sallam, no estaríamos aquí. Todo lo que tenemos, todo lo que somos, nuestra propia existencia, viene de Allah, pero el medio a través del cual nos ha llegado es Muhammad. Él es que ha iluminado nuestro camino. Él es el que nos ha enseñado el Libro y a sabiduría. Por lo tanto, volver a ese origen, volver a esa fuente que es el Mensajero de Allah, s. a. w. s., es lo que nos permite salvarnos y es lo que nos permite reconocer la luz en un mundo sumido en la oscuridad.

Ciertamente, esto es lo que vieron los Sahaba. Los Sahaba, que Allah esté complacido con todos ellos, reconocieron que era a través de esa luz, a través de ese medio, que era a través de él como obtenían todo el bien y la complacencia. Y esto −que en ocasiones olvidaban, pero luego recordaban− queda manifiesto en el episodio del reparto del botín tras la batalla de Hunain. En esa batalla, que tuvo lugar justo después de la conquista de Meca, los musulmanes obtuvieron grandes botines de guerra, obtuvieron riquezas como nunca antes habían reunido. Por fin se terminaba la dificultad y llegaba la facilidad.

Cuando llegó el momento de hacer el reparto del botín, el Mensajero de Allah lo repartió entre los que hacía apenas unas semanas, o incluso unos días, habían sido sus más crueles enemigos: le dio a Abu Sufyan, a ‘Ikrimah Ibn Abi Yahl y a otra gente de los Quraish, y, para sorpresa de todos, no repartió nada entre los que le habían acompañado durante años, los que le habían defendido, los que le habían acogido, los que habían luchado codo con codo con él, los que habían perdido a sus familiares por defenderle. Lo repartió todo entre los Quraish y no dejó nada para los Ansar.

Algunos de los Ansar ─preocupados por este mundo como lo estamos nosotros, preocupados por el sustento y la provisión como lo estamos nosotros─, sobre todo los más jóvenes, permitieron que el Shaytán les susurrara y comenzaron a cuestionar el reparto del botín diciendo que Muhammad estaba beneficiando a su gente, pues eran los Quraish eran su gente, que ahora que, por fin, vencía el Islam y vencían los musulmanes, volvería con su gente de Quraish, y que ya despreciaba y no necesitaba a los Ansar.

Estaban poniendo en duda la justicia del Mensajero de Allah y, al hacerlo, estaban poniendo en duda la justicia de Allah, ya que el Mensajero de Allah estaba protegido por Allah de caer en el error. Y esto es justamente lo que hoy nos está ocurriendo: estamos tan inmersos en nuestro mundo, tan atrapados por dunia, que al ver que no viene hacia nosotros como nosotros queremos, ponemos en tela de juicio la justicia de Allah. Y que Allah nos libre y nos proteja de caer en tan tremendo error y falta de comprensión.

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Siervos de Allah, estas dudas sobre la justicia en el mundo, que tenemos nosotros y que tuvieron los Ansar, la mejor de la gente, en ese momento del reparto del botín –en ese momento en el que veían dunia al alcance de sus manos−, llegó a oídos del Mensajero de Allah. Cuando lo escuchó, se entristeció muchísimo y quiso solucionar el asunto lo antes posible; así que mandó reunir a todos los Ansar en un lugar, en un valle, en un recinto vedado, alejado de la gente de Meca, en el que no permitió que entrara nadie que no fuera de los Ansar.

Tras alabar a Allah, dijo unas palabras tan llenas de significado, tan llenas de sabiduría, que todos nosotros debemos conocer y recordar continuamente, pues ciertamente son la medicina de este tiempo y son unas palabras que son para nosotros también, pues son aplicables al cien por cien en los tiempos que estamos viviendo como musulmanes en el oriente y el occidente de la Tierra. Dijo: “Oh congregación de Ansar, ¿qué son estas palabras que me han llegado de vosotros?, ¿qué es eso que estáis diciendo?

¿Acaso no vine a vosotros cuando estabais desviados y, por mí, Allah os guió? ¿No estabais separados, y Allah os unió a través de mí? ¿No eráis pobres, y Allah os enriqueció a través de mí?”. Los Ansar repetían una y otra vez: “Sí, el bien viene de Allah y de Su Mensajero”. Entonces Muhammad permaneció en silencio y dijo: “¿Por qué no respondéis? ¿Qué os impide responder al Mensajero de Allah, oh gente de los Ansar?”. “Pero, Mensajero de Allah, ya te hemos respondido. ¿Qué más quieres que digamos cuando ya reconocemos que Allah y Su Mensajero son lo mejor, lo más bondadoso?”.

Entonces, el Mensajero de Allah dijo: “Por Allah, que si quisierais, podrías decir, y estaríais diciendo la verdad y yo lo confirmaría: ‘Viniste a nosotros despreciado por todos, y creímos en ti; eras un fugitivo, y te proporcionamos cobijo; te acusaban de mentiroso, y creímos en ti; estabas derrotado, y te dimos la victoria; estabas necesitado, y te prestamos ayuda’”. Y el Mensajero continuó diciendo: “Oh gente de los Ansar, ¿acaso os molesta que se dé a unos cuantos la escoria de este mundo para curar sus corazones y facilitar su entrada en el Islam? ¿No preferís que una gente se lleven cabras y camellos a sus casas mientras que vosotros os lleváis al Mensajero de Allah a vuestros hogares?”.

“Por Aquel en cuyas Manos está mi nafs que, si no fuese por la emigración, yo habría sido uno de los Ansar. Si las personas se dirigieran hacia un camino, y los Ansar lo hicieran por otro, yo iría por el camino de los Ansar. Por Allah, que lo que os lleváis vosotros es mejor que lo que se llevan ellos. Os llegarán tiempos de dureza y pruebas después de mí, permaneced pacientes –nos lo está diciendo a nosotros también− hasta que os encontréis conmigo en el Haud, en el estanque del Jardín. ¡Oh Allah! Ten misericordia con los Ansar, con los hijos de los Ansar y con los hijos de los hijos de los Ansar”.

La gente de los Ansar, con lágrimas en los ojos ante estas palabras, dijeron una y otra vez: “Estamos complacidos con el Mensajero de Allah. Nos basta y nos sobra con el Mensajero de Allah como destino y compañero”.

Este es nuestro secreto. Esta es la llave de todo. Es la cura de nuestros corazones. Es la medicina de este tiempo y es lo que debemos recordar cada instante de nuestra vida. Que cada uno se lleve lo que quiera, a mí no me importa; que unos pocos tengan enormes riquezas, a mí no me importa, pues yo tengo algo mucho mejor que eso, tengo a Allah como Señor, al Islam como Din y a Muhammad como Profeta y Mensajero, y estoy complacido con ello. Alhamdulillah wa shukru li’lah.

Oh Allah, estamos complacidos contigo. Oh Allah, estamos complacidos con Tu Mensajero. Oh Allah, estamos complacidos con tu Din.