¿Qué hacer por nuestros hermanos?

Musulmanes, os exhorto a que tengáis taqwa de Allah y Le obedezcáis en todo aquello que os ordene, pues ciertamente es el camino que conduce al éxito y al triunfo en esta vida y en la próxima.

Siervos de Allah, ciertamente los tiempos que estamos viviendo son tiempos convulsos, tiempos en los que la injusticia reina sobre la justicia. Encendemos la televisión y vemos el telediario y todo es muerte, destrucción, oscuridad, abuso de fuerza y de poder, violaciones de derechos, opresión de los poderosos sobre los débiles, y un largo etcétera; y cada vez que lo vemos nuestros corazones se estremecen y nuestras almas suspiran.

Es aún mas doloroso cuando las afrentas las sufren nuestros hermanos musulmanes donde quiera que se encuentren, habiendo sido noticia en estos últimos días Palestina; pero lo cierto es que son muchos otros los lugares en los que los musulmanes sufren a manos de sus enemigos, como por ejemplo nuestros hermanos de Rohinga, que olvidamos muy a menudo, por no vivir en una “tierra santa”. Y la gran pregunta ante estas situaciones oscuras en las que nos embarga la impotencia, es: “¿Qué podemos hacer nosotros para intentar solucionarlo?”.

Realmente lo que podemos y debemos hacer son dos cosas. La primera es tratar de conocer la situación real, tener el conocimiento de lo que está sucediendo realmente, sabiendo que no es lo que nos enseñan en la televisión, no es lo que leemos en los periódicos, eso son solo las puntas del iceberg; pero lo cierto es que tras esas puntas es mucho lo que se esconde, mucho mas de lo que imaginamos y el tratar de conocerlo, tratar de conocer la verdad, es una de las necesidades que tenemos hoy en día, debemos comprender el mundo de Dunia en el que vivimos y sus artimañas.

Y para poder alcanzarlo, para tratar de comprender lo que está sucediendo, debemos usar nuestros intelectos, emplearlos y no dejarnos llevar por los sentimientos y las pasiones, los golpes en el pecho y las imágenes desgarradoras que vemos a menudo en las redes sociales. Es fundamental que empleemos nuestros intelectos, que indaguemos, que conozcamos la historia y el pasado, que conozcamos la política y lo que hay detrás de lo aparente, que aprendamos de ello pues eso nos dará las claves para la comprensión del presente y, con el permiso de Allah, el cambio en el futuro. Pero si no comprendemos nuestro presente y si no somos conscientes de los movimientos orquestados que hay detrás de lo que vemos, no podremos hacer nada de cara al futuro.

La segunda cosa que podemos hacer, y esto es algo que todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación de hacer, es la súplica a Allah, el du’a sincero a Allah. Realmente a veces creo que no somos conscientes de la fuerza y el poder que tiene el du’a, se nos olvida en muchas ocasiones que el du’a es el arma más importante y poderosa con la que podemos contar, un arma de más valor que cualquier arma de destrucción masiva, mas poderosa que cualquier arma construida por el hombre, siempre y cuando, y esta es la condición clave, eso que pedimos sea sinceramente por Allah.

El du’a es el arma del creyente para todo momento y situación, para si mismo y para sus hermanos, es su arma para salir de los momentos de dificultad, para salir de los momentos de prueba, para salir de las desgracias y la estrechez; es su arma con la que combatir la injusticia, con la que establecer la armonía, es su arma con la que llenarse de paciencia y perseverancia, y es también el arma con la que pedir a Allah que cambie la situación en la que se encuentra, en la que te encuentras tú y en la que se encuentran tus hermanos; no hay nada que tenga más fuerza que esto, puesto que no hay fuerza ni poder que no vengan de Allah.

Y el que piense que los du’as no pueden cambiar las cosas, el que crea que un du’a no puede transformar y cambiar las situaciones, el que piense que esto de lo que estamos hablando no sirve para nada, el que crea que los du’as no pueden cambiar la situación de nuestros hermanos en Palestina, o en cualquier otro lugar, que sepa que lo que está haciendo realmente es desconfiar de Allah, y que sepa que está cayendo en uno de los errores más grandes que es poner límites a la Fuerza y al Poder de Allah, cuando todos sabemos que la ‘hawla wa la quwwata illa billah’.

Pensamos que tiene más fuerza reunir millones de firmas con las que protestar, que volvernos a Allah; creemos que tiene más poder e importancia convocar a la gente y protestar y quejarnos, que encomendarnos a Allah. ¿Acaso hemos olvidado las palabras del Mensajero de Allah cuando dijo?: “Has de saber, que si toda la gente se reuniera para beneficiarte en algo no te beneficiarían excepto en aquello que Allah haya escrito para ti. Y si se reunieran para perjudicarte en algo, no te perjudicarían excepto en aquello que Allah ha decretado para ti; los cálamos se han levantado y las hojas se han secado”. Esta es la realidad, esta es la verdad, y como dice Allah: “Ha venido la verdad y la falsedad se ha desvanecido, es cierto que la falsedad se desvanece”.

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Dijo el Shayj Ibn ‘Ata’illah Al Iskandari, que Allah esté complacido con él: “No se demora (retrasa o deja de cumplirse) ninguna solicitud que pidas apoyándote en Él (en Allah), y no prospera ninguna solicitud que pidas apoyándote en ti”. Este es uno de los grandes secretos de la petición y la súplica. Eso que le pedimos a Allah ¿Por qué se lo pedimos? ¿Por nosotros mismos? ¿Por nuestros hermanos? ¿Por movimientos de nacionalismo y patriotismo? ¿Por odio y envidia? ¿Son los sentimientos y las pasiones los que nos hacen pedir tal cosa u otra? ¿O lo hacemos sinceramente por y para Allah? ¿Lo hacemos sinceramente por el Din de Allah y por el de nuestros hermanos? Si lo hacemos por Allah, si lo hacemos ante Allah con sinceridad, y somos realmente sinceros en ello, entonces lo tendremos y eso nos bastará: “Quien se abandone en Allah, Él le bastará”.

Pero somos seres humanos, seres impacientes y negligentes, y ocurre que en muchas ocasiones pedimos Allah, con sinceridad pero no vemos la respuesta inmediatamente, y eso nos hace desesperar de nuestra petición a Allah y empezar a buscar la ayuda o aquello que anhelamos en otro que no es Allah, y ese otro puede ser una persona, pueden ser varias, pueden ser movimientos sociales o pueden ser incluso ideales y castillos de papel. Cuando nos ocurra esto, lo que debemos hacer es recordar las palabras del Mensajero de Allah cuando dijo: “No se quedará sin respuesta la súplica del hombre, siempre y cuando no pida un delito o romper algún vinculo familiar, y siempre que no desespere”. Dijeron: “Oh Mensajero de Allah, ¿qué es desesperar?”. Dijo: “Cuando el que hace du’a dice: ‘pedí, pedí y no he visto que se me haya respondido’, y entonces desespera, desconfía y se aleja del du’a”.

Lo que también puede ocurrir es que nuestro du’a no esté siendo aceptado y puede que no se acepte nunca, es muy probable que eso ocurra, y si no lo creéis, recordad las palabras del Mensajero de Allah, salla allahu alaihi wa sallam, cuando dijo: “Ciertamente Allah es bueno, y no acepta más que lo bueno. Allah ha ordenado a los creyentes lo que ordenó a los enviados; dice: Oh enviados, comed de las cosas buenas y haced el bien”. Y dice: “Oh vosotros que creéis, comed de las cosas buenas de las que os hemos provisto”. Luego recordó al hombre que estando en un viaje largo, despeinado y sucio, eleva sus manos hacia el cielo: “Oh Señor, Oh Señor”. Y su comida es haram, su bebida es haram, su vestimenta es haram y está impregnado del haram. ¿Cómo pues se le va a responder?”

¿Cómo va a responder a Allah a lo que pedimos si estamos inmersos en lo haram? ¿Si levantamos la vista ante lo haram y lo dejamos pasar ante nosotros como si no pasara nada? ¿Cómo podemos pretender que Allah nos ayude si vivimos inmersos y rodeados de usura y ni siquiera, ni siquiera nos llegamos a plantear que eso no es correcto, ni siquiera lo llegamos a cuestionar ni a detestar con nuestro corazón? Una usura que impregna todas nuestras relaciones y nuestros transacciones, una usura sobre la que no hay duda de que es haram, que Allah ha prohibido en Su Libro, una usura que vemos presente en todos los países así llamados islámicos, de los que nos quejamos que no unan para atacar y responder a las afrentas que ha hecho fulano, pero que nos callamos y ni siquiera nos planteamos el denunciar esta realidad, y es muy probable que esta realidad, que esta usura sea lo que esté impidiendo que nuestros du’as sean respondidos; no debemos pensar en que Allah no responde a nuestros du’as, pensemos mejor, si no están siendo respondidos, en qué estamos haciendo nosotros para impedir que nos llegue la respuesta.