Tentaciones de este mundo

Musulmanes, os exhorto a que tengáis taqwa de Allah, ya que el camino de la taqwa es el camino que conduce al éxito y al triunfo en esta vida y en la próxima.

Siervos de Allah, ciertamente vivimos en una época en la que abundan las tentaciones, vivimos en el seno de una sociedad dominada por los instintos y las seducciones que incitan a lo falso y lo perecedero. A causa de ello son grandes las masas de gente que sucumben al entorno y son esclavizados por sus propias pasiones y apetitos, que los llevan por un camino que causa la destrucción y les impide ver y distinguir la realidad de la falsedad.

La persona que sucumbe y cae sometida a las pasiones de su ego no es capaz de mirar al futuro y eso le hace perder uno de los grandes dones que Allah ha dado al hombre, que es la capacidad de discernir, el discernimiento entre lo correcto y lo incorrecto; sus propias pasiones le llaman, el susurro del Shaytán le incita, lo que ve continuamente a su alrededor, el entorno social, la influencia de lo que le rodea, le hacen inclinarse hacia lo que es perecedero y pasajero al mismo tiempo que olvida aquello que es de verdad importante, lo que permanece y es eterno.

Es por esta razón que el Din de Allah pide al ser humano que reflexione, que use su intelecto, que sea capaz de discernir y que despierte hacia un modelo recto y equilibrado en su pensamiento. El pensamiento equilibrado, que es el comienzo de todo, y la reflexión llevan al hombre a la rectitud en la conducta y le hace reconocer lo que es superior, lo que es mejor y lo que le servirá de escudo y protección el Día que esté ante Allah sin intérprete ni traductor.

Dice Allah en Su Libro: “Se le ha embellecido a la gente el amor por todo lo deseable: las mujeres, los hijos, la acumulación de caudales de oro y plata, los caballos de raza, los animales de rebaño y las tierras de labor. Ése es el disfrute de la vida de este mundo, pero Allah tiene junto a Sí el lugar de retorno más hermoso. Di: ¿Queréis que os dé a conocer algo mejor que eso? Quien tenga temor (de Allah), tendrá junto a su Señor jardines por los que corren los ríos; allí serán inmortales, tendrán esposas puras y la complacencia de Allah. Allah ve a los siervos”.

 Nuestro Din, el Din del Islam, es el camino del equilibro, el camino de la rectitud, el camino de buscar siempre un propósito, de hacer las cosas por una razón. Por ello encontramos que no nos prohíbe el disfrute de los deleites que nuestros apetitos desean, ya que Allah, que es quien nos ha creado y mejor nos conoce, sabe que es una condición, una inclinación innata en el ser humano, por eso no existe el celibato, el monacato ni el ascetismo en el Islam.

Pero al ser el Islam una forma de vida basada en el equilibrio, esos deleites y disfrutes, tienen limites. El Islam regula el amor por los deleites naturales con el fin de dirigirlos hacia un propósito y de encauzarlos en la dirección correcta. Quien se fije atentamente en los estados de la gente de nuestro tiempo y las epidemias que nos azotan, tanto las de carácter moral como las de decadencia en la conducta, reconocerá la grandeza de un Islam que tiene como meta salvaguardar y proteger la salud y la cordura de la humanidad y liberarlo de sus crisis en toda época y todo lugar.

La aleya mencionada anteriormente empieza por el amor a las mujeres, por, según la mayoría de comentaristas, la vinculación física de los sexos, entre el hombre y la mujer, pues esa fuerza es la más poderosa, esa atracción es la mas mueve el mundo y es también la causa de más problemas para ambos cuando no está regulada por los parámetros de la Sharia. Sin embargo, cuando esa atracción y la satisfacción del deseo, tienen como propósito el cariño y el apoyo mutuo, tienen como propósito el satisfacer los apetitos de una manera correcta, tienen como propósito un buen fin, en ese caso es no sólo legítimo sino encomiable y digno de alabanza, como se ha relatado en numerosos hadices de nuestro Mensajero, que hablan de la recomendación del matrimonio y lo aconsejan muchas veces, por el bien y la protección que ello encierra, y no solo eso, si no que llega al hecho de decir que incluso el acto sexual, si es realizado correctamente, bajo los parámetros de lo establecido, bajo lo controlado por la sharia’ es incluso una sadaqa.

Dijo el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz: “Este mundo es deleite y el mejor disfrute de este mundo es una mujer recta. Cuando la mira le alegra verla, cuando le ordena algo le obedece y cuando se ausenta, ella le honra en su persona y guarda su riqueza”. (Hadiz de Abdullah Ibn Amr recogido en el Sahih de Muslim).

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¡Musulmanes! Puede que haya alguien que diga, que alguien se pregunte: “¿Por qué tiene que haber ese enfrentamiento entre el creyente y su ego, su nafs, su propio ser?” “¿Por qué ha puesto Allah en la naturaleza humana las pasiones y los apetitos, por qué nos ha creado con ello y luego nos ordena restringir nuestro sometimiento a ellos controlándolos y sujetándolos?”.

La respuesta es la siguiente: Al crear al hombre, Allah lo dotó de pasión y de apetitos para que con ellos vaya hacia lo que le beneficia y es bueno para él y se aleje de lo que le daña y le perjudica, es decir que Allah nos crea con ello y nos dice, a ver qué hacéis con esto que os he entregado, ya que puede beneficiaros o perjudicaros. Le dio al hombre el intelecto, el discernimiento, que es la cualidad definitiva en el hombre y lo que le diferencia del resto de las criaturas y al dárselo le permite ver lo que es provechoso y beneficioso y le permite rechazar lo que le es dañino.

Y Allah también es quien creó al shaytán para que nos instigue e incite al mal, confundiendo lo correcto y lo incorrecto. Todo ello no hace sino confirmar que la existencia humana es un examen y una sucesión de pruebas en las que el hombre conforma su destino con sus actos. Y que al hombre se le han de retribuir tanto sus buenas acciones como las malas. El inteligente no tiene ninguna duda de que ser paciente en el dominio de los apetitos, cuando estos son ilícitos, es mucho más fácil que tener que padecer las consecuencias que se derivan de haberles dado rienda suelta.

Esos apetitos ilícitos, entregarse a ellos sin freno ni control, aunque al principio pueda parecer algo bueno, tienen como consecuencia el dolor y el castigo; o bien te privan de un deleite superior y más perfecto y elevado, o te hacen perder el tiempo haciéndote sentir arrepentimiento y fracaso, haciéndote sentir sucio por lo que has hecho; o te hacen mancillar tu buen nombre y tu reputación; o te hacen perder tu riqueza que se pierde entre los dedos con la satisfacción de los apetitos; o te hacen disminuir tu capacidad, tu fuerza y el respeto que otros te tenían. Por eso ‘Umar ibn Al Jattab, decía: “Controlad esos egos y refrenaos de gratificar sus apetitos, pues están acechando siempre para procurarse un fin perverso; esta es una realidad firme y la falsedad es débil. Dejar el mal es mejor que tener que arrepentirte el mañana. Y cuantas veces una mirada alienta un apetito y cuantas veces dar satisfacción al apetito de una hora ocasiona una tristeza que nunca termina”.