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El
Futuro del Islam
Umar Ibrahim Vadillo.
Bismillahi
rahmani rahim
Assalaamu ‘alaykum wa rahmatullah
Shaij ‘Abdalqadir me ha pedido que diga algunas palabras acerca
del futuro del Islam, si bien, por supuesto, el Islam es eterno
y, por lo tanto, siempre igual. El Islam quedó establecido
para siempre con la muerte del Profeta, sallallahu ‘alayhi
wa salam, y el Din del Islam será siempre el mismo hasta
el final de los tiempos.
Nosotros, sin embargo, sí cambiamos. Los musulmanes cambian.
Cómo vivimos nuestro Islam y cómo interpretamos nuestro
Islam, ha cambiado a través de la historia y ha hecho posible
la historia del Islam. Lo importante cuando nos miramos a nosotros
mismos y queremos proyectarnos hacia el futuro es entender, en primer
lugar, qué está en juego cuando se habla del Islam.
¿Qué es esto tan extraordinario que compartimos, que
es eterno, que fue tomado prestado del Mensajero, que Allah le bendiga
y le dé paz, hasta nuestros días? Lo primero que tenemos
que entender, es que el Islam está completo. No se puede
tomar sólo una pequeña parte de él, ni tampoco
de lo que era antes de que fuera completado, ni sólo de una
sus partes. Habréis oído decir a algunos que, puesto
que vivimos tiempos de enorme dificultad, debemos volvernos hacia
la época de Meca. Pero Meca no representa el Islam en su
integridad. El Din del Islam sólo toma cuerpo en Medina,
al final de la época del Mensajero, sallallahu ‘alayhi
wa salam.
Islam está, por lo tanto, completo, preparado para que lo
utilicemos. El mandato de Allah es también eterno y no puede
cambiar, excepto por Su propia Voluntad, claro está. El mandato
que se nos ha dado, la Shari‘ah, es para siempre. Las promesas
que Allah, subhanahu wa ta‘ala, nos ha hecho a través
del Din del Islam son también eternas y, por lo tanto, tan
presentes hoy como en la época del Mensajero, sallallahu
‘alayhi wa salam. El Tawhid de Allah, subhanahu wa ta‘ala,
es eterno, es hoy como fue y como será siempre.
Así pues, lo importante es, qué posición tomamos
nosotros ante este mensaje extraordinario, porque Islam no necesita
ser cambiado, no necesita reformas, somos nosotros los que necesitamos
reformas. Durante la mayor parte del siglo veinte, un grupo de individuos
habló de la necesidad de reformar el Islam, cuando sus propias
palabras eran prueba evidente de que se equivocaban, porque no era
el Islam el que necesitaba ser reformado, sino su manera de vivir.
Nuestro destino como musulmanes no depende de lo que hagan los kuffar.
No depende de su fuerza, de su maldad, de cómo parecen controlar
los medios de comunicación queriendo decirnos lo que es el
Islam, de cómo es su economía. Nada de esto tiene
importancia para el destino de los musulmanes. Porque nosotros no
dependemos de ellos. Son ellos los que dependen de nosotros.
La clave para interpretar este destino no se halla en el modo de
entender los acontecimientos según se presentan a nuestro
alrededor o en la época en la que vivimos, sino en algo mucho
más sutil y más profundo. La clave para entenderlo
todo, a nosotros mismos y a lo que nos rodea, se encuentra en la
relación con Allah, subhanu wa ta‘ala. Este es el secreto,
este es el verdadero asunto sobre cuya base podemos llevar a cabo
con éxito nuestra tarea, o fracasar. La tarea nuestra con
Allah, subhanahu wa ta‘ala, es muy simple y a la vez extraordinariamente
sobrecogedora en su resultado. Estamos en este mundo para rendirle
adoración. No tenemos otra razón de ser. Nuestro destino,
nuestra vida, la finalidad completa de la vida es obedecerle al
Él, someternos a Él, temerle a Él. Y temerle
a Él es tener taqwa de Allah, subhanahu es ta‘ala.
Esta es la clave, el instrumento con el que interpretar la naturaleza
de la complejidad del mundo que nos rodea. Y es, en consecuencia,
con este instrumento, con esta herramienta básica, que tenemos
la oportunidad, o no, de crear un destino satisfactorio para nosotros.
Shaij ‘Abdalqadir, justo antes de que saliera yo de viaje
hace dos meses, impartió varias lecciones, precisamente,
sobre el Tawhid en el Corán. Una de las materias, una de
las conclusiones claves de su enseñanza es que si quieres
entenderte a ti mismo, necesitas taqwa. En el modo de entender el
mundo, lo que diferencia al musulmán del kaffir es taqwa.
Sin taqwa, todo el conocimiento del Din completo que tengas, el
que hayas memorizado todos los Sahih de Bujari, no te hará
musulmán. Necesitarás todavía algo más
primordial, mucho más profundo, que es taqwa, temor de Allah,
subhanahu wa ta‘ala. Si bien, temor de Allah, subhanahu wa
ta‘ala significa que no temes a ningún otro. Rumi dijo:
“Adoras lo que temes. De modo que, ten cuidado con aquello
que temes”.
Acabo de regresar de un viaje a Dubai, donde no se oye sino “los
norteamericanos, los norteamericanos, los norteamericanos”,
y donde te ves obligado a decirles: “Sí, los norteamericanos
son extraordinarios, pero yo no creo en La hawla wa la qwata illa
United States, porque simplemente no es verdad”. No importa
lo magníficos que parezcan, lo grandes que sean sus mentiras,
ellos no son el poder, no son la fuente de mi vida. Solo cuando
decimos, “La hawla wa la qwata illa billah” podemos
iluminar nuestras vidas. La única oportunidad que tenemos,
como individuos y como musulmanes, es la de entender esto, la de
entender qué es taqwa. Sólo con este elemento se puede
entender lo que decía más arriba, esto es, que no
dependemos del kaffir. Ni tampoco dependemos de la situación
de sus asuntos, porque nada de ello tiene importancia. Porque es
algo que no es Allah, otro que Allah. Nosotros dependemos únicamente
en el grado que lleguemos a ser esclavos de Allah. Y para esto es
necesario eliminar nuestros atributos. Para eso estamos aquí,
para compartir esta experiencia, para saborear esto, para llegar
paso a paso a comprender lo que es eliminar el nafs, como individuos
y también como colectividad.
Lo que precisamente nos otorgará un destino exitoso a los
musulmanes es que lleguemos a eliminar lo que somos, a borrarnos
a nosotros mismos y a no ser sino en cuanto esclavos de Allah, subhanahu
wa ta‘ala.
Especialmente en estos tiempos, porque casi todo lo que te identifica
como distinto de ser musulmán, se vuelve contra ti. Comenzando
por el hecho de ser sudafricano o palestino. Fijaos a dónde
han llegado a parar.
No hay solución para el problema palestino, mientras insistan
que son primero y sobre todo palestinos, asumiendo con ello la posición
formulada por los nacionalistas irlandeses y por otras nacionalidades
que mucho antes que ellos crearon el mismo concepto de nación,
la bandera y el himno nacional. Lo que cada noche se ve en la televisión
árabe no es sino lo mismo, las mismas ceremonias de ponerse
en pie delante de la bandera y el himno nacional, como en muchas
ocasiones Shaij ‘Abdalqadir nos ha señalado. Y no hace
todavía mucho, en Londres, había gente dedicada, precisamente,
a ganar dinero fabricando esas banderas e himnos nacionales. Pero
ellos siguen poniéndose firmes ante la bandera, medio en
éxtasis, de un modo poco menos que ridículo, que no
va sino en perjuicio de ellos mismos como personas y como colectividad.
Cuando hablas con ellos, observas que sus argumentos, su historia,
el modo en que han clasificado el mundo en términos de dinero,
no es sino Riba, usura, todo ello es haram, desde el principio hasta
el final. Y aquellos que han logrado redimirse del desastre ¿qué
es lo que han hecho? Lo que han hecho es islamizar el capitalismo.
De modo que, hoy, basados en su experiencia, con sus Doctorados
en Economía obtenidos en universidades norteamericanas de
segunda categoría, han vuelto a su tierra y, añadiendo
un poquito de Bujari aquí y allá, lo que han hecho
es islamizar los bancos, los seguros y la bolsa. En la actualidad
existe incluso una Dow Jones islámica, por si no lo sabéis.
Incluso Microsoft ha sido islamizado. Se puede invertir con Bill
Gates y hacerlo es halal (en sus dólares naturalmente), es
halal invertir en su Casino llamado Bolsa. Han islamizado las tarjetas
de crédito, todo lo que os podáis imaginar ha sido
islamizado: las constituciones, los parlamentos, los derechos humanos,
todo.
Su conocimiento está contra nosotros. La técnica que
hace viable esta sociedad está contra nosotros. Lo único
que está a nuestro favor es nuestra identidad como musulmanes,
la misma identidad que quieren borrar en nosotros. Permitidme que
os diga que si queréis hablar de constituciones, la sola
idea de una constitución islámica es tan ridícula
como la banca islámica o el whisky islámico. Cada
vez que se hable de constituciones hay que recordar que la constitución
es la herramienta que se inventó hace doscientos años
en la Revolución Francesa para eliminar la identidad religiosa,
que se trata de la verdadera esencia de lo anti-religioso. Que es
la verdadera esencia de quienes os dicen: “No, no!
Vuestra identidad es la de sujeto de los impuestos. Lo importante
es a quién pagáis vuestros impuestos. Y lo importante
es la moneda que utilizáis y en qué medio vais a ser
gravados”. La religión es cosa que viene en segundo
lugar, tan en segundo lugar que la tolerancia, por ejemplo, la fantasía
total de la tolerancia, esencialmente significa decir “la
religión no significa nada ya”. Hay, por ejemplo, “musulmanes
hinduistas”, y otras cosas, hasta las sectas más absurdas
y todas son medidas con el mismo rasero que aquel con el que se
os mide a vosotros. Todas son lo mismo, es decir, que no son nada.
Que quiere decir, que la única religión que existe
es el capitalismo. Este es otro asunto que es muy importante comprender.
¿Qué queda entonces cuando abandonamos estos falsos
atributos? Lo que queda es el Din del Islam. Algo que es para pocos.
Pero bastan unos pocos para crear un liderazgo. Para abrir el camino.
Para deshacer todo lo que se ha hecho mal en los últimos
trescientos años. Para restaurarlo a su propio ser en nuestra
generación. Esto es posible. La persona que no entienda que
esto es posible, es que ha perdido el Din, o ha perdido parte del
Din. Recordad lo que dijo Rumi: El munafiq es la persona que dice:
“Lo halal no es posible”. Porque, añade Rumi:
“¿cómo es posible que Allah nos haya dado la
orden y no nos haya dado los medios para cumplirla”.
Por supuesto que lo ha hecho. En verdad, lo más fácil
de hacer es lo que es halal. Su famosa receta era: “Si a pesar
de todo no lo entiendes, golpea tu cabeza contra la pared. Y si
continúas sin entender, golpéate con más fuerza.
Porque tu cabeza no funciona”.
Islam es posible. Todos los medios que necesitamos y que tú
necesitas como persona, están a tu disposición, a
tu alcance. Esto puede ser difícil de ver, pero tienes que
obligarte a ti mismo a entender que todo lo que necesitas para tener
éxito en tu vida y para conducir a otros también al
éxito en Allah, subhanahu wa ta‘ala, está a
tu alcance. Si no lo ves, abre los ojos. Cuando te despiertas cada
mañana debes obligarte a verlo, a verlo cada vez más
y avanzar.
Y cuando te encuentres avanzando, mirarás hacia atrás
y dirás, “Dios mío. Mira donde estaba y dónde
me encuentro ahora”, entendiendo que puedes aún avanzar
más y más, que la obtención de lo que necesitas
corresponde a la desaparición de ti mismo. Y que, por lo
tanto, lo que estás diciendo es que todos los obstáculos
que como personas y como colectividades encontremos hasta lograr
el éxito, el éxito final, el establecimiento completo
del Din en nuestro tiempo, todos los obstáculos que encontremos
son creados por nosotros mismos. La naturaleza de esos obstáculos
no es otra que nuestros falsos temores. Con lo que toparás
cada vez que encuentres un obstáculo es contigo mismo, magnificado
en “cine-imax”. Lo verás delante de ti por completo.
Lo oculto se te manifestará, y te sentirás sobrecogido.
Pero el Mumin, en vez de ser detenido por ello, lo comprende y sigue
avanzando, porque sabe qué hacer con su obstáculo,
que no es otra cosa que volverse a Allah, subhanahu wa ta‘ala.
Y cuando nos volvemos a Allah subhanahu wa ta‘ala, la puerta
que estaba cerrada se abre. Y entonces nos damos cuenta que “estamos
avanzando”. Porque ésta es la herramienta necesaria,
lo más esencial de lo que celebramos en esta reunión
nuestra, la eliminación de todo lo que somos nosotros, lo
que llamamos nosotros, esa falsa identidad hecha de historicidad
y cultura y falsas imágenes que no tienen nada que ver con
el ser musulmán. La eliminación de todo ello es lo
que nos hará tener éxito.
¿Qué esperamos ver cada vez que profundizamos en nosotros
mismos, cada vez que nuestra relación con Allah, suhanahu
wa ta‘ala, aumenta, cada vez que nos acercamos un poco más
a Allah? Claridad. Claridad.
Shaij Darqawi explica muchas veces en sus cartas lo que es acercarse
a Allah, subhanahu wa ta‘ala, cuando se abandona el nafs.
Lo explica de tantas maneras que se transforma en una ciencia. Todos
aquellos que quieren profundizar en esta materia, se acercan a Shaij
Darqawi. No creo que se pueda decirlo más claramente para
la gente de esta época. Y lo que dice es: “¡Despójate
de todo! ¡vete! ¡desaparece! No antepongas tu yo a tus
obligaciones, vehementemente, sino que elimínalo”.
Y añade, “Lo que adquirirás es certeza. Certeza.
Certeza que se transforma en luz.
Certeza en el la hawla wa la qwata illa billah. Esa certeza, que
es la realidad misma, es comenzar al ver el mundo de un modo completamente
diferente. Todo lo que era antes una prisión, es vuelto del
revés. Todo lo que antes había sido un obstáculo
es ahora una solución, una puerta. Porque debemos recordar
que no importa lo difícil que llegue a ser algo, de nuevo
aquí nos vemos a nosotros mismos. Porque ciertamente nos
encontramos en tiempos extraordinariamente difíciles en los
que carecemos de califato y nuestra tarea puede parecer enorme.
Pero el Mumin debe darse cuenta que la tarea enorme trae aparejados
medios enormes también. Es decir que el don extraordinario
que Allah nos concede en esta época de llevar el Din hacia
delante es para gente extraordinaria.
“Inna ma‘a al-‘Usri, Yusra” (con la dificultad
viene aparejada la facilidad). Y en nuestra particular dificultad
hay facilidad. Hay un camino y hay beneficio para la gente de esta
época como no ha habido otro antes. Para aquellos que lo
recibieron todo hecho, hubo beneficio naturalmente. Pero lo que
ha de venir es algo extraordinario destinado para gente extraordinaria.
Así es como debemos leer los acontecimientos. Hechos que
pasarán con la facilidad con la que pasan las páginas
de un libro.
Porque la dificultad no será la de pasar las páginas,
la dificultad la constituiremos nosotros mismos, que tendremos que
volvernos del revés y abrir nuestros corazones para poder
ver que el libro está aquí, y que todo lo que tenemos
que hacer es pasar la página. Lo que la mano tendrá
que hacer será mucho menos que lo que tendrá que hacer
el corazón. Por esto es por lo que Shaij Darqawi dice: “Ante
los asuntos del corazón, los asuntos de los miembros pierden
toda importancia. Cuando te vuelves con tu corazón, lo que
hagas con tu corazón hace que pierda toda importancia lo
que hagas con las manos”.
No seáis, por lo tanto, de aquéllos que se ven a sí
mismos y se preguntan, “¿qué tengo? ¿qué
sé? ¿qué soy?, para después decidir
lo que pueden hacer. Porque, dejadme que os diga, no es bueno que
perdáis el tiempo. Puesto que nosotros no podemos hacer nada.
Cero. Nuestras manos no nos pueden conducir a nada ni a ningún
sitio. Pero sí tenemos un instrumento con el que podemos
conseguirlo todo. Cosas que son inalcanzables para nuestras manos,
tanto individualmente como en grupo, las podemos alcanzar con una
sola cosa, nuestro corazón.
Vuestro corazón tiene la cualidad extraordinaria de hacer
que algo grande, enorme, se vuelva pequeño. Y que algo insignificante,
se vuelva grande. Que algo que está distante, se acerque
a vosotros. Y que algo cercano a vosotros, que os aprisiona, sea
abierto, arrojado lejos. Podemos hacer con nuestro corazón,
lo que no podemos con nuestros miembros. Esto es lo que tenemos,
nuestra herramienta. Con ella, podemos avanzar y ver con claridad,
ver lo que hacemos. Los asuntos se abrirán ante vosotros
como se abren esencialmente las cosas de cada día -como el
respirar- de un modo indudable. Sabréis a dónde ir.
La duda es la causa primordial de la lamentable situación
en que nos hallamos. Para tener éxito es necesario identificar
las cosas que merece la pena cambiar, reconocer los problemas, los
monstruos que hemos puesto en marcha, que parecen paralizar todo
lo referente al Din del Islam; con el entendimiento de que cada
uno de esos enemigos que hemos creado, es uno de los instrumentos
mismos de nuestro éxito. Debemos comprender que podemos poner
del revés las cosas que nos parecen grandes problemas y encontrar
en ellas grandes soluciones. Que podemos transformar nuestra incapacidad
en el medio con el que avanzar.
A nadie extrañará que, parte de la dificultad de los
musulmanes para ir hacia delante, se encuentra con el sistema económico
en el que están viviendo. Pero un sistema económico
no es nada. ¿Qué es un sistema económico? Riba.
Riba. Riba, que no es nada, pero que se ha transformado en una religión,
en la manera de vivir de todo el mundo. Ya que la constitución
obliga a todo el mundo a seguir este Din falso sin tolerancia ninguna.
La tolerancia sólo se aplica a las demás religiones,
no se aplica al capitalismo. El capitalismo puede ser implacable,
intolerante por completo. No podemos ir al director del banco y
decirle: “Mire, este mes he decidido no pagar el interés
porque no creo en él, porque en realidad soy agnóstico.
No me interesa y no voy a pagarlo más”. Si lo hacemos,
no nos mirarán con mucha tolerancia, sino que nos meterán
en la cárcel y si nos negamos a ir a la cárcel, nos
matarán. Su entrega a su Din es completa.
Este método en su conjunto es el capitalismo. Y, por lo tanto,
no es extraño que digamos que gran parte de lo que nos reserva
el futuro es el hecho de que el Islam será el fin del capitalismo,
y que lucharemos contra el capitalismo, no contra el cristianismo.
El cristianismo está terminado.
No queda nada de él. Quedan una sombra de romance y un poco
de emoción únicamente. Porque carecen de una Shari‘ah,
no tienen nada.
Todo lo que tenéis que ver es uno de esos programas de los
evangelistas, bastan cinco minutos para darse cuenta de que no hay
más que emociones. Y lo mismo ocurre con los judíos.
La gran mayoría, como Allah subhanahu wa ta‘ala nos
dice en el Corán, son ateos. Y no digamos nada de los hindúes
o los budistas o de las nuevas sectas.
Tendremos que hacerlo. Tendremos que cambiar. Y lo haremos porque
Allah, subhanahu wa ta‘ala, habla en el Corán sobre
el asunto de la Riba, con gran claridad y con gran poder. Primero
nos informa: “Wa ahall allahu-l-bay‘a wa harama riba”
(Allah ha permitido el comercio y prohibido la riba). Y con ello
nos dice lo que hacer. Existe lo halal y lo haram. Y la tarea de
los musulmanes es establecer lo halal.
También nos dice que Allah y Su Mensajero han declarado la
guerra a la Riba y a aquellos que practican la Riba. Lo que significa
que incluso si no hacemos nada, la Riba desaparecerá, será
destruida. Esta es la naturaleza verdadera de las cosas contra las
que luchamos. Una fantasía cuyo destino es ser destruida.
Y por lo tanto, no queremos construir nuestros hogares sobre los
cimientos de una fantasía ilusoria, sino que queremos abandonarla.
Y quienes lo harán serán aquellos capaces de pasar
de la actual situación a la situación triunfadora,
los que dirigirán a los demás.
En los acontecimientos que tendrán lugar en el curso de nuestra
vida, seremos testigos de una crisis del capitalismo superior a
todas las que ha tenido hasta ahora. Las catástrofes de los
años veinte del siglo pasado, nos parecerán una minucia.
Volverán a producirse sucesos parecidos a los que produjeron
una transformación del mundo y de sus realidades políticas,
que trajeron al fascismo de Hitler a Alemania. Las futuras crisis
estarán relacionadas con el dólar y los sistemas financieros,
los sistemas ilusorios de los Estados Unidos, irónicamente,
según algunos, ahora islamizados: “la Bolsa y todas
las demás formas de juego. Todo ello será eliminado”.
Entonces será cuando el Islam constituirá la fuerza
principal, será el más fuerte. Porque el fascismo
no fue la respuesta adecuada a los desastres que se produjeron,
porque formaba parte de lo mismo, de kufur.
La voz que surgirá de todo ello será el Islam. Y nosotros
somos los que estamos preparando el camino, preparándonos
a nosotros mismos para lo que ha de venir, construyendo el barco
salvavidas que se necesitará entonces desesperadamente, porque
toda la economía cósmica que estamos viviendo hoy
será completamente eliminada. Cuanto más dependamos
por lo tanto del aparato técnico, más sufriremos.
Y aquellos que se hallan más cerca del centro de gravedad,
en Europa y Norteamérica, sufrirán más que
la gente, por ejemplo, de Albania. Es probable que cuando ocurra
la catástrofe, la gente de Tirana diga: ¿Una crisis
en la Bolsa? ¿Nueva York? Pero la gente que viva en Londres
no podrá permitirse comentarios similares. O aquellos que
viven de la economía cosmética actual. Pero un puñado
estará preparado, Un puñado de gente se hallará
a la vanguardia de su tiempo y estarán creando los instrumentos
que nos permitirán continuar.
Entonces, será necesario tener una comunidad. Hoy, le es
fácil a la gente decir: “No, no. No necesito pertenecer
a ninguna secta. Ni a ningún grupo. Porque estoy bien solo”.
Lo que no tiene ningún sentido, si se es musulmán.
Si es musulmán, se necesita un Emir, pertenecer a una comunidad.
En Islam, no existe una moralidad personal como la que tienen los
cristianos, sino lo que tenemos es una realidad social. Como individuos
no podemos hacer nada. Individualmente, los acontecimientos nos
destrozarán y arrojarán a los cuatro puntos cardinales,
pero como colectividad, seremos capaces de reaccionar. Unirnos a
la comunidad no será una cuestión de elección
personal, sino una necesidad. Y es una necesidad a la que doy la
bienvenida, porque aunque hoy es tan necesaria como en el futuro,
será entonces cuando los musulmanes tendrán que despertar,
particularmente aquellos que viven en la periferia, jugando a ser
“musulmán por mi cuenta”, inventándose
la reglas por las que determinar su propio destino y su propia moralidad
personal.
Será necesario tener una comunidad. Los Murabitún
son algunos de entre los pocos que están haciéndo
frente a este asunto, que están juntándose.
Unos de los pocos que han forjado la figura del Emir en este tiempo.
Así como un entendimiento de nosotros mismos y de nuestra
comunidad y de la celebración de la ciencia de tasawwuf,
tomándola del pasado y haciendo con ella un camino con el
que atravesar estos tiempos de oscuridad hacia el día en
el que podamos celebrar una vez más el Califato, y podamos
ver una única nación musulmana, y no 27, con una sola
bandera. Una nación unida sólo por Allah, subhana
wa ta‘ala, para el cumplimiento de su Shari‘ah. Una
nación que reformará el mundo, porque no necesitará
reformar la Shari‘ah. Sino que ésta será el
medio, la esencia misma de nuestra existencia. Y el abandono de
la dirección de nuestros asuntos se habrá producido,
tanto en cuanto hayamos eliminado las huellas de esta falsa cultura
que tenemos, tanto individualmente como en colectivo. Habremos creado
la única identidad que nos hace seres humanos, la de ser
esclavos de Allah, sometiéndonos a Él, es decir, siendo
musulmanes.
Assalaamu ‘alaykum wa rahmatullah. . .
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