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Puertas
abiertas, con pasión y solidaridad

Bismillahi
al-Rahmani al-Rahim.
En el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo
Así empezamos los musulmanes casi todos los actos de nuestra
vida, mencionando a Allah por dos de Sus nombres mas bellos: El
Misericordioso, el Compasivo, que es como realizar todas nuestras
acciones en la intención de – o buscando, o llamando
a- la Misericordia y la Compasión.
Esa es la forma en que Allah se presenta ante nosotros la mayor
parte de las veces y a los nombres que con mas frecuencia acudimos
en busca de ayuda y consuelo. Podríamos empezar nuestras
acciones en nombre de al Hakim - el Sabio- o de al-Malik –el
Rey-, pero no lo hacemos así por regla general.
Puede que no haya ninguna razón etimológica para ello,
pero “compasión” suena muy cercano a “con
pasión” es decir, puede llevarnos fácilmente
a pensar en el amor hacia todos los seres humanos, hacia la Creación
entera, pero con verdadera pasión, de forma que te sientes
afectado por el dolor de otro y sientes que su dolor es algo que
te pertenece a ti también, es decir te pones en el lugar
de “ese otro” al menos por un momento, porque sabes
que necesita algo que tu puedes dar: y como mínimo, siempre
hay algo de lo que todos disponemos (o podemos disponer) y podemos
dar: afecto y preocupación por los demás.
No podemos establecer Islam, ni podremos establecer comunidades
sólidas a lo largo y ancho de la tierra, si no establecemos
en nuestros corazones la compasión.
Durante años, en Occidente, antes de que llegaran los medios
de comunicación mostrando un rostro terrible que nada tiene
que ver con el Islam, los musulmanes eran sinónimo de hospitalidad,
generosidad, ayuda al viajero y al necesitado en cualquier circunstancia
y lugar. Y de eso pueden dar fé y testimonio todos aquellos
que han viajado a países musulmanes como Egipto Marruecos
ó Turquía y muchos otros, especialmente si el viaje
sucedió hace más 25 ó 30 años, antes
de que el Mundo fuese invadido por la fiebre materialista que, como
en esas películas de ciencia ficción, tan de moda
actualmente, va extendiéndose y cubriendo de oscuridad la
faz de la tierra.
Los occidentales pertenecemos a una sociedad que ha olvidado la
compasión como una forma de relación. Una sociedad
en la que ser tierno y considerado se mira muchas veces como un
signo de debilidad, en la que generalmente sólo se reconoce
como “amor” el enamoramiento novelesco de la pareja
o donde la compasión y el cuidado por la Creación
se disfraza como “ecología” “seguridad
social” o “distribución justa”, cosas todas
ellas aceptables si no fuera porque esconden una especie de temor
generalizado a mostrar un alma sensible ante las necesidades y sentimientos
de los demás, un temor propio de una sociedad dura y deshumanizada
en la que cualquier signo de amor puede ser interpretado como una
debilidad o hacerle a uno víctima de cualquier abuso por
parte de otros mas fuertes y porque en definitiva todos estos términos
implican algún tipo de excusa: “a mi no me afecta tu
asunto” “yo no soy responsable de lo que te pasa”
ó “tu te lo has buscado” ó “el gobierno
ya se ocupa de eso”.
Y se nos olvida con demasiada frecuencia –y a veces ni siquiera
podemos reconocerlo- que ni nosotros, ni la Creación entera
existiría si no fuese por la inmensa Misericordia y Compasión
de Allah.
Allah, el Glorioso, ha hablado en Su Libro acerca de aquellos que
tienen derechos sobre nuestras riquezas: los pobres, los que piden,
los privados de todo, los que tienen deudas. Ha hecho obligatoria
una purificación de la riqueza – el Zakat- y ha recomendado
abundantemente la sadaqa: dar de lo que poseemos a aquellos que
están en necesidad. El profeta Mohammad -la paz y las bendiciones
sean sobre él- hizo de estas recomendaciones la norma a lo
largo de su vida y el ejemplo para todos nosotros.
La Mezquita es, en este sentido, el eje centrífugo de la
comunidad alrededor del cual ha girado siempre gran parte de esas
ayudas, ya que pone en contacto al rico con el pobre, al necesitado
con el capaz, que tal vez de otra manera no entrarían nunca
en contacto o simplemente no sabrían de la existencia uno
del otro.
Las ayudas son bienvenidas y las necesidades también lo son
y la puerta siempre está abierta para el que quiere dar y
para el que necesita recibir.
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