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Los
musulmanas de europa
por Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
Allah,
el Ensalzado, dice en el Surat Hud (11/116-119):
“¿Por qué no hubo entre las generaciones
que os precedieron gente de arrestos y discernimiento que impidieran
la corrupción en la tierra, de la que sólo unos pocos,
de los que de ellos salvamos, estuvieron libres, mientras que los
injustos siguieron la vida fácil, en la que se habían
corrompido, siendo de los que hacen el mal?
Y tu Señor no iba a destruir una ciudad a causa de ninguna
injusticia mientras sus habitantes fueran de los que ponen orden.
Si tu Señor hubiera querido habría hecho que los hombres
fueran una única comunidad. Sin embargo no dejarán
de ser contrarios unos a otros.
A excepción de aquel a quien tu Señor le conceda misericordia.
Y para eso los creó.
Se cumplirá la palabra de tu Señor: “Voy a llenar
Yahannam de hombres y genios a la vez”.
La Unión Europea está en crisis. Tanto las exigencias
monetarias como el pragmatismo de los banqueros conducen inevitablemente
hacia una unidad de cambio postdólar. Esto significa que
el euro, como unidad de cambio de un mercado ampliado, va a obligar
al dólar a la aceptación forzosa de la doctrina de
la unificación monetaria. Sin embargo, por encima de la ilusoria
programación del sistema monetario que nos aflige, subyacen
las profundas realidades heredadas de nuestra situación histórica.
El siglo pasado, cuyo acontecimiento central fue la Guerra Civil
Europea (1914-45) y la doble oleada invasora de los Estados Unidos,
estuvo dominado por conflictos políticos cuyo objetivo final
era llegar a un modelo de gobierno unificado. Los antagonistas en
estos conflictos, fueron: por un lado, la doctrina del Estado marxista-leninista,
que unió las finanzas de la producción con el estado
centralizado, a través de la expropiación de los medios
de producción. Con la caída del muro de Berlín,
este modelo de estado comunista se desplomó con él.
Por otro lado, el modelo de ‘democracia’ napoleónica
que, aunque asentado sobre un estado centralista, al separar a éste
del sistema financiero, instituyó un dualismo. Este incipiente
modelo democrático creyó posible que el estado central
fuera el que determinara la política financiera. Pero, tras
la guerra civil europea del siglo XX mientras el sistema parlamentario
se enzarzó en luchas de partidos, el sistema bancario se
empezó a desarrollar de manera vertiginosa; esto se debió,
en parte, al status privilegiado que alcanzó el judaísmo
mundial, después de la horrorosa persecución sufrida
en la guerra mundial.
Para que no decayese el esfuerzo por el logro del sistema democrático,
fueron necesarias una serie de crisis tendentes a liquidar el pasado
histórico de Francia: madre patria del Estado moderno. Desde
el primer período napoleónico, el sistema bancario
francés, se había ido desarrollando de forma extraordinaria.
Con la llegada del Segundo Imperio y su fracaso se puso en marcha
la versión del estado moderno republicano: Los banqueros
de la nueva república, no sin una buena dosis de humor cínico,
aplicaron el principio imperial de la ‘Banca de Francia’
Napoleónica; principio que permitía a los capitales
financieros privados hacerse pasar por capitales de estado. Fue
así como, a las riquezas enormes de los nuevos imperios coloniales,
vinieron a añadirse los capitales creados por la Banca Nacional
de Egipto, el Banco Nacional de Marruecos, etc. (ver Técnica
del golpe de Banco por Sheij Abdalqadir As-Sufi: www.medinahmedia.com).
La prohibición del uso del pañuelo decretado por los
defensores del secularismo y de la separación entre la iglesia
y el estado, produjo en los musulmanes franceses una conmoción
que, en parte se debió al desconocimiento de que esta cuestión
constituía una herida profunda inflingida a la historia de
Francia. Esta disposición gubernamental es algo que no se
entiende fuera de la secuencia histórica que estamos observando,
porque aquí no se trata de un problema semejante al de la
separación de la Iglesia Católica Romana del Estado
Republicano.
Esta separación la hizo la República porque la Iglesia
y los medios financieros prerrevolucionarios, estaban unificados
a través de la íntima alianza de ésta con la
clase aristocrática dentro del sistema clásico de
los tres estamentos. Fue el régimen revolucionario que, no
olvidemos nunca, fue la pauta de la Democracia, el que con una mano
derogó la riqueza terrateniente, para con la otra dar paso
libre a la creación de la riqueza dineraria. La nueva doctrina
secular no fue una mera declaración atea y anticristiana,
sino también una preparación del terreno para el establecimiento
de una nueva clase social, basada en una nueva forma de riqueza
completamente separada por su forma de evaluar, de la tierra, cuyo
dominio supone, por extensión, la pertenencia de toda la
riqueza mineral que encierra.
La separación violenta entre el Estado y la Iglesia y con
todo lo que a ésta todavía le quedaba de riqueza rural,
influencia masiva y lealtad popular, no cesó de causar estremecimientos
sociales hasta 1939. Uno de los mayores conflictos sociales al que
tuvo que enfrentarse el Estado francés entre las dos fases
de la Guerra Europea fue el intento de retirar la subvención
de las escuelas de la Iglesia, para entregársela a las nuevas
escuelas seculares ateas.
Lo que debe quedar claro es que el resultado más importante
de la posguerra europea y de la caída concomitante del sistema
imperial fue la masiva irrupción de musulmanes en territorio
Europeo. A su enorme número estadístico, debemos añadirle
los cientos de miles de musulmanes nativos europeos que han entrado
en el Din y que siguen sin ser objeto de estadísticas y sin
que su realidad se refleje en los adoctrinados medios de comunicación
kaffir. Sabemos, por propia experiencia, que a estas alturas seguimos
sin ningún reconocimiento estatal de la existencia de importantes
comunidades de musulmanes nativos ingleses, y lo mismo puede decirse
del resto de Europa. Cualquier intento de remediar esta situación
ha encontrado como respuesta la denigración y el insulto
por parte de los miserables medios de comunicación.
Sin embargo, una estimación moderada de los musulmanes de
Europa, sin incluir las poblaciones de Bosnia, Kosovo y Macedonia,
eleva su número a dieciséis millones. Tanto Cambridge
como la La Sorbonna lo estiman en veinte millones.
En la actualidad, el modelo napoleónico de estado secular
es la piedra angular de la flamante Unión Europea. Aplicable
también a Gran Bretaña, ya que el rey inglés
es una marioneta sin ningún poder y la vieja religión
del reino, el anglicanismo, sólo existe en apariencia. El
secularismo surgió de dos factores: el progresivo ateísmo
de las nuevas generaciones y el hecho palmario de que las iglesias
cristianas, tanto la Católica como la reformada, fueron vencidas
por la Guerra Civil Europea. En otras palabras, la doctrina del
secularismo no fue sino un fait accompli con el que se celebró
la bancarrota del poder cristiano. El secularismo se basa en que
el estado considera a la religión como algo irrelevante en
trance de desaparecer.
En el Estado turco se impuso el servil modelo republicano de Attaturk
cuyo objetivo fue lograr contra el Islam lo mismo que Napoleón
había logrado contra la Iglesia. Desde el tiempo de su fundación,
las instituciones estatales, lejos de fortalecerse, se hallan cerca
del colapso, puesto que la rigidez escleróticaen el ejercicio
del poder no significa tener las cosas consigo. Su fragilidad quedó
al descubierto cuando se produjeron las explosiones suicidas en
Estambul. Frente a ellas, el excelente Primer Ministro turco, se
vio obligado a responder a la presión ambiental redactando,
muy a su pesar, un Jutba estatal que los Imames tuvieron que leer
desde el Mimbar en todas las mezquitas de Turquía. Con ello,
ocurrieron dos cosas al mismo tiempo. Una que, si el Estado se sube
al Mimbar, el secularismo queda derogado. Otra, que el Estado subido
al Mimbar, significa que se ha transformado en religión.
Llegados a este punto, la democracia desenmascara su verdadera catadura
dictatorial.
Desde tiempos de De Gaulle hasta hoy, los países europeos,
tanto por declaración como formalmente, han manifestado su
deseo de que Turquía ingrese en la Unión Europea,
pero al mismo tiempo han ido retrasando su ingreso mediante el recurso
de una sarta de objeciones tan irreales como injustas. En Turquía
sólo los necios y los políticos pueden pretender que
tal ingreso sea posible. Pero por si quedara alguna duda, no hay
más que ver lo que acaba de ocurrir en Chipre. Obsérvese
la contradicción. Los chipriotas griegos votan no a la unificación
de Chipre por mayoría absoluta. Resultado, su ingreso en
la Unión Europea. Los chipriotas turcos, por su parte, votan
masivamente a favor de la unificación. Resultado, no se les
permite ingresar conjuntamente en la Unión Europea. Asimismo,
Turquía es miembro de la OTAN, pero no puede ser miembro
de la Unión Europea.
La tarea asumida por el estado francés es la de conseguir
subyugar a los millones de musulmanes que viven en su territorio.
Esto, lo podrá hacer mientras pueda conjugarlo con la campaña
que promueve en los medios de comunicación para espantar
al público francés con el panorama de una islamización
continental, fruto de la admisión de Turquía en la
UE. La idea es que se aplique en el resto de Europa la misma política
estatal extremista que se ensaya en Francia. Al mismo tiempo, el
ministro de Chirac, Villepin, en su discurso dirigido a la reunión
de Prefectos de Departamentos franceses, reconoce y manifiesta públicamente
su apoyo al Consejo Francés de la Fe Musulmana (CFCM).
Conviene recordar que fue Mitterand el primero en convocar, en una
reunión memorable, esta organización estatal –CFCM-.
Como portavoz del grupo, un distinguido y venerable ‘Alim
se adelantó extendiendo su mano para saludar al Presidente,
Mitterand, sonriendo, tendió su mano. Antes de que ambas
manos se llegaran a tocar, el Imam se detuvo paralizado y cayó
muerto a los pies del Presidente. El actual Jefe del Consejo, Dalil
Boubakeur, está a cargo de la Gran Mezquita de París
y es hijo del anterior director de la misma, un distinguido erudito.
Desafortunadamente, M. Boubakeur es un caso incurable de Tolérance,
tan grave que haría a Maribeau revolverse en su tumba. Boubakeur
ha solicitado financiación estatal para crear un instituto
para preparar Imames. Ello concuerda con lo que el difunto rey Hassan
II de Marruecos, que Allah tenga en Su Gloria, dijo a una delegación
nuestra en el sentido de que la Gran Mezquita de París, desde
el final de la Guerra de Independencia argelina, había quedado
completamente bajo el control del estado francés.
Pero, antes de examinar este asunto del nombramiento de Imames,
deberíamos quizás calibrar con detenimiento la filosofía
de Villepin. Una cita de él dice: “No toleraremos ningún
predicador, ninguna filosofía ni religión que defienda
la violencia, el abuso de los derechos humanos, el odio y el racismo,
o que tenga relación con las organizaciones indulgentes con
el terrorismo”. En lo referente a este último tema,
su dictamen es correcto, tanto desde el punto de vista moral como
desde la política de Estado. Sin embargo, su homilía
se inicia con dos vocablos: “violencia y abuso de los derechos
humanos”. Ahora bien, el segundo vocablo necesita aclaración
puesto que, como hemos puesto de relieve, y como ya comienza a admitirse,
no significa lo que parece. Nosotros los hemos definido como derechos
exclusivamente reservados para no-ciudadanos puestos en cierto camino
que les va a llevar sin remedio al genocidio, que son salvados por
la doctrina de los derechos humanos y a continuación son
confinados en reservas.
Quizás sea útil señalar a Villepin la presente
realidad del estado francés. Actualmente, grupos nutridos
de ricos turistas burgueses parten hacia el Sahara. Están
compuestos por hombres y mujeres, ellas se tocan con los turbantes
que suelen llevar los hombres musulmanes. Aquí, hacemos notar,
nadie exige a la mujeres que se quiten los turbantes. De cualquier
manera tal y como nos explica la televisión francesa, el
propósito del viaje es encontrar la paz espiritual, que no
es posible encontrar dentro de Francia. Por supuesto, como todos
y cada uno de los narradores de viajes franceses del siglo pasado,
no saben nada del Islam. Pero, al mismo tiempo que estos turistas
salen en busca de la paz con las novelas románticas de Le
Clezio en sus mochilas, importantes unidades de la policía
secreta francesa recorren el desierto, desde Mali hasta el Níger,
matando indiscriminadamente Imames y maestros de escuela bajo el
pretexto de que son terroristas, mientras que con el pretexto de
su búsqueda aterrorizan e interrogan a la fuerza a la población
local. Y detrás de estos sucesos miserables se esconde el
peor de todos estos crímenes. El probado genocidio cometido
por la Legión Extranjera Francesa de la aristocracia Tuareg,
llevado a cabo con el propósito decidido de destruir por
completo el liderazgo de una sociedad tradicionalmente jerárquica,
para así desarticularla. Mientras esto pasaba, preguntado
sobre el tema Tuareg en una cena, Miterrand dijo: “¡Bueno,
sirven para hacer bonitos libros ilustrados!”.
¿Y qué decir de la violencia? Villepin debe saber
sin duda que la colección de la Pléiade de clásicos
franceses, ha publicado, para escándalo del Movimiento de
las Mujeres, tres volúmenes de los escritos del Marqués
de Sade. Encarcelado por Luis XVI y liberado con la toma de la Bastilla
en la Revolución de 1789 los escritos de De Sade contienen
una alabanza repugnante del sometimiento, violación y asesinato
de la mujer y son uno de los textos sagrados del ateísmo.
Ante el incremento en Europa, y particularmente en Francia y en
Bélgica, de delitos de secuestro, violación y asesinato
de menores, junto con la inquietante incapacidad del estado para
llevar a estos criminales ante la justicia y castigarlos, es necesario
poner en evidencia la conexión patológica y política
que se establece entre los Sádicos y los escritos de Sade.
Pero lo que hace Villepin, en lugar de condenar al gobierno vecino
de Bélgica por retrasar ocho años el juicio por el
asesinato de una joven musulmana, es expulsar del país a
un necio y contrariado Imam que habla en público del tema
del hombre que pega a su mujer.
Villepin -ministro de Chirac- y por lo tanto al servicio de un jefe
que se declaró públicamente amigo del asesino en masa
Mobutu en su libro “Elogio de los ladrones de fuego,”
se muestra atormentado por las opuestas fuerzas polares que empujan
al poeta hacia la soledad, por un lado, y hacia la transformación
política por el otro. Trae a colación a Lamartine
“enarbolando una bandera en las fiestas patrióticas
del Campo de Marte, pero anhelando la soledad,” y también
a Alexis Leger “al frente del cuerpo diplomático nacional
y encerrado en el orgullo de su íntimo e ilimitado conocimiento
del mundo.” Habla de René Char y de su “angustia
en el filo de la acción”. Sin embargo, en lugar de
esto, lo que debería hacer Villepin es enfrentarse al hecho
evidente de que las actuales doctrinas del secularismo, de la democracia,
privada de poder financiero, y la vacía retórica republicana,
no permiten a los poetas permanecer en silencio por más tiempo.
Villepin, cuando exalta al gran poeta francés Rimbaud, ignora
su biografía. Desconoce, por ejemplo, que su padre trabajó
en la traducción del Corán, y que al final de su vida,
el poeta, a pesar de los deliberados intentos del católico
Claudel para ocultar este hecho, es casi seguro que murió
musulmán. Ya va siendo hora de que un hombre de una tan admirable
erudición, como el ministro Villepin, se tome la molestia
de enterarse verdaderamente de lo qué es el Islam. Y de que
no tiene nada que ver ni con moderno terrorismo, ni con las doctrinas
empapadas de democracia, derechos humanos e indiscutido “banquismo”.
EL PUNTO DE VISTA DE LOS MUSULMANES
La responsabilidad inmediata de los musulmanes en Europa es la de
unirse y tomar conciencia de que el “terrorismo islámico”
es el instrumento que están utilizando los kuffar y un puñado
de inadaptados nihilistas árabes para subyugar al Islam.
Nuestra primera responsabilidad es desacreditar, negar y rechazar
toda cooperación con las instituciones islámicas “nacionales”
respaldadas por los kafir; ya sea el “Islam afrancesado”
de Villepin, como el paranoico Consejo Musulmán Británico
de Blunkett. Los musulmanes de Europa formamos un cuerpo orgánico
que incluye a los herederos de tres altas civilizaciones: la descendencia
del Gran Dawlet Mogol, los hijos del gran Reino Magribí,
y los vástagos del gran Dawlet Otomano. Para el comercio,
tenemos la lengua urdu. Y confiamos en la restauración inevitable
y necesaria de la lengua y la escritura otomana que será
la señal del alzamiento turco desde el interior de Turquía.
Las responsabilidades de los musulmanes forman un todo indivisible.
Allah, Todopoderoso, en el Surat al-Baqara (2/206) dice:
“¡Creyentes! Entrad en la Paz del todo y no
sigáis los pasos del Shaytán, él es un claro
enemigo para vosotros”.
El despertar del Islam en Europa y su protección dependen
de la forma en que asumamos aquellos elementos invariantes indispensables
para la conservación de una vigorosa comunidad musulmana.
En primer lugar es necesaria la Yama‘at, es decir, el grupo
de gentes que reza la oración juntos. Después viene
el pago del Zakat, que debe ser recaudado de los miembros de la
Yama’at, no dado por ellos como si fuese Sadaqah. Allah, el
Altísimo, dice en el Surat al-Baqara (2/43):
“Estableced el Salat, entregad el Zakat e inclinaos
con los que se inclinan”.
La restauración del cobro del Zakat es el pilar del Islam
que nos falta. No toleréis Imames ignorantes que pongan lo
cuestionable en asuntos de ‘amal y de adab por delante de
lo obligatorio en lo que afecta a los Fara‘id. Cuando un grupo
de musulmanes lleguen al acuerdo de cumplir con lo que Allah nos
ha mandado, mandatos que no son negociables, comenzará la
apertura a la solicitud de los unos por los otros. Solicitud significa,
estar al tanto de las necesidades médicas de los enfermos
y de los ancianos. Significa saber que otro musulmán corre
el peligro de perder su negocio y que necesita que se le ayude a
recuperarse mediante inversión o donación. Significa
asegurarse que los niños reciben una educación islámica,
en un lugar socialmente aceptable, libre del peligro de las drogas,
donde puedan recibir un saber que les permitirá enfrentarse
a todos los aspectos de la sociedad y ponerse al frente de esa sociedad.
Significa la puesta en acción de un Da‘wa activo. El
más amplio significado de establecer el Salat es que el cumplimiento
del Salat se instale como actividad suprema en la tierra en que
vive un grupo musulmán.
En lo referente al Salat, conviene saber que, de acuerdo con la
Escuela de Ahl al-Madinah, que es la madre de los Madh-habs, ni
el Qadi ni el Imam tienen porqué vestir ropa que los distinga
de la gente. Esto puede encontrarse en el Tartib al-Mudarik de Qadi
‘Iyad. Y además es makruh cobrar un salario, incluso
por la ‘ibada de enseñar el Qur’an, aunque puede
pagársele por la enseñanza del árabe. Y este
asunto, significa nada menos, que marcar una línea divisoria
entre la opinión de la comunidad musulmana y doctrina de
la minoría Shi‘a, minoría ésta con la
que debemos dialogar cortésmente para llamar su atención
hacia ciertos elementos de su fe que, ante nuestros ojos, representan
bida‘ grave.
Otra bida‘ igualmente grave la constituyen los mal educados
Imames adoctrinados en el modernismo. Me refiero a los wahhabis
y qutbis. En el caso de Argelia, el modernismo de los Badisis fue
el que se opuso a la enseñanza tradicional musulmana hasta
llegar al asesinato vergonzoso de un gran faqih maliki. Durante
la sublevación de Argelia contra los franceses, fue el pueblo,
en su mayoría sufí, el que luchó y murió
por la causa del Islam. Tras la expulsión de los franceses,
los ‘ulama Badisi, no exigieron un gobierno musulmán
permaneciendo extrañamente silenciosos ante el FLN. El modernismo
“islámico” que preconizaban llegó con
la faz del socialismo. Fue el momento en que Ben Bella ordenó
a todos los ‘ulama de Argelia asistir a las clases de marxismo-leninismo.
Lo cual quiere decir, que tales Imames no están calificados
para enseñar el Islam, debido a la concordancia inevitable
que han hecho entre el Islam y el materialismo dialéctico.
En otras palabras, si los que hablan en nombre del Islam no aceptan
la síntesis básica del libro de Ibn ‘Ashir,
ello quiere decir que han vuelto sus espaldas a un Islam fuerte
y capaz de gobernarse a sí mismo.
La conclusión es que, en Islam, no existe una clase clerical.
Lo cual no quiere decir que no nos haga falta una minoría
de Fuqaha perfectamente educados. La función del faqih es
la de infundir en los jóvenes un Islam que insista en una
rápida evolución desde la desvalida situación
presente hacia otra situación en la que el Fiqh pueda ser
aplicado, por ser ejecutivos sus fallos. Un ejemplo, de caso necio
y dañino fue aquel en que un Qadi nigeriano dictó
una sentencia de muerte cuando, siendo un juicio dudoso, además
su ejecución era imposible al estar el ‘Amr en manos
de un presidente ateo. Conviene recordar que, aunque la sociedad
kaffir parezca muy dura con los musulmanes, es muy débil.
Por ejemplo, ante la avalancha de asesinatos de niños en
Europa, a la mayoría de la gente se le está haciendo
casi imposible no estar de acuerdo con nosotros, en que la ejecución
de tales malvados no es sólo justa sino necesaria.
Los dirigentes de las Yama‘at deben ser los hombres más
poderosos de la comunidad, y el Faqih debe ser el consejero que
elabore sus sentencias. Estas sentencias nunca deben utilizar el
lenguaje kaffir de los principios islámicos, sino que deben
basarse en las fuentes de la ‘iyma comunitaria que solo surge
según las circunstancias de lugar y tiempo en los que manda
un gobierno musulmán. Esto quiere decir que todos los escritos
Deobandi y Berelvi que indefectiblemente basan sus sentencias en
la situación que se produjo después de la caída
del gobierno Mogol son inválidos, puesto que, cuando cayó
el gobierno musulmán cedieron su poder ante la necesidad
de aceptar el poder del Raj británico. Su obligación
actual es la de utilizar el Fataawa al-‘Amghiri; porque, al
haber sido redactado por el gran emperador muyahid Aurangzeb, todo
iytihad procedente de su fuente será seguro.
El Emir de la comunidad local, cuando llegue el momento, deberá
nombrar a los recaudadores del Zakat. Los que hacen el Salat y pagan
el Zakat son los musulmanes. No hay Islam sin Zakat. Así
lo estableció el Califa Abu Bakr, que Allah esté complacido
con él. Para el pago del Zakat, de acuerdo con la Shari‘ah,
es necesario saber que, el papel moneda no está permitido;
debe ser pagado con el Dinar islámico de peso umárico
y el Dirham de plata.
Las comunidades que deseen comprar moneda islámica para este
fin pueden hacerlo en I.G.D., que acuña ambos tipos de moneda
para poder pagar el Zakat con ellas y, también, para emprender
con ellas la apertura al comercio halal. El Fulus de papel será
pronto emitido junto con las otras dos monedas.
IGD
Practice Shd, Bhd.
D7 1st & 2nd Floor
Kuala Lumpur Plaza
179 Jelan Bukit Bintang
55100 Kuala Lumpur
Malaysia
http://www.igdexchange.com
Llegados
a este punto la siguiente responsabilidad recaerá sobre nuestros
comerciantes hombres de negocios musulmanes que deben darse cuenta
de que la nación musulmana europea que roza ya los dieciséis
millones de personas si consigue unificar sus finanzas, puede superar
a Bélgica. ¡No digamos ya a Lituania!
Para este fin procuramos establecer un círculo de comerciantes
musulmanes con deseo de comerciar a nivel mundial; y para lograrlo
se están diseñando los correspondientes procedimientos
que permitirán comerciar directamente por Internet, de acuerdo
con la Shari‘ah, en Dinar y Dirham.
Debemos enfrentarnos al hecho de que, en este momento, todos nadamos
en el océano emponzoñado de la usura bancaria mundial.
La primera fase de nuestra depuración consiste en ver si
somos capaces de pagar el Zakat con auténticos Dinar y Dirham.
La siguiente fase será iniciar un comercio local realizado
por completo en moneda musulmana, incluido el fulus, que pronto
será disponible. Para poder guiar a nuestra sociedad tenemos
que entrar en lo halal paso a paso. Por esto, los comerciantes musulmanes
deben aliarse unos con otros dentro de la circunstancia capitalista,
y según se vaya fortaleciendo su iman buscarán entrar
en el círculo interior de los comerciantes musulmanes que
hayan conseguido utilizar solamente las modalidades de comercio
halal. Con la ayuda de Allah pronto se hará evidente que
el éxito y la riqueza les acompaña, porque ésa
es la promesa de Allah.
Recordad, somos los musulmanes los que estamos en una posición
fuerte. Y es a nosotros a los que se nos ha prometido éxito
junto Allah, glorificado sea. Aborrecemos el terrorismo y no creemos
en la tolerancia. El primero porque es la doctrina de los nihilistas,
la segunda por ser la doctrina de los ateos y francmasones. Desde
nuestra fuerte posición no podemos sino sonreír compasivamente
ante la inconsecuencia y la rigidez de los gobiernos ateos de Europa
incapaces de mostrar la más mínima prueba de tolerancia
para con nosotros.
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