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Shayj Dr. Abdalqadir As Sufi,
fundador de la Mezquita de Granada


En el año 1981 los musulmanes de Granada compramos un terreno en una zona popular, y entonces devaluada, en la cima del Albaicin, justo enfrente de la Alhambra. La idea de construir una mezquita en Granada había sido iniciativa de Shayj Abdalqadir as Sufi, quien había sido también el fundador de la primera comunidad de musulmanes españoles en varias ciudades andaluzas. Su visión era la mezquita como punto de partida que señalaría el arraigo irreversible del Islam entre la gente de esta tierra y el retorno a la tradición de sus antepasados.

Con su inspiración y su tesón a lo largo de un dilatadísimo periodo de veintitrés años, Shayj Abdalqadir no sólo ha sido el apoyo más fuerte para que el proyecto se completara, sino que durante todo ese proceso ha sido un ejemplo de las más altas cualidades espirituales de certeza, confianza sin resquicios en Allah, glorificado sea, y una alta aspiración por el futuro del Islam.

Al poco de comprase el solar se iniciaron los trámites para la obtención de los permisos correspondientes y se encargó a un estudio de arquitectura la elaboración de un proyecto que estuvo terminado en el año 1983. La idea en aquellos primeros momentos parecía inalcanzable y ambiciosa. La modestia y escasez de recursos de aquella pequeña comunidad hacía parecer la tarea titánica.

Desde aquellos primeros momentos, en 1981, algunos sectores ultra conservadores con evidentes signos de intransigencia religiosa, a juzgar por sus propias manifestaciones, no podían tolerar la construcción de una mezquita en un sitio tan emblemático y visible, y organizaron una campaña entre los vecinos del barrio y ante las autoridades municipales para impedir que el proyecto se materializase. Las alegaciones que instigaron consiguieron que el Ayuntamiento diera marcha atrás en su aprobación inicial y que, en el nuevo Plan de Ordenación Urbana del año 1984, el solar de la mezquita quedara calificado definitivamente como de uso residencial. Con ello se impedía toda posibilidad de construir en él una mezquita.

La firme determinación de Shayj Abdalqadir fue fundamental entonces y lo fue durante los veinte años posteriores. Su valentía dio el aliento que impidió tirar la toalla (“la mezquita es para Allah, Él la hará realidad”). Shayj Abdalqadir impulsó a la Comunidad a desplegar una campaña en todas las esferas políticas, municipales y nacionales, alcanzando a la misma Casa Real, pidiendo que se respetara nuestro derecho de completar el proyecto. Esto ocurrió desde el año 85 hasta el 90. Durante aquellos años la Comunidad Islámica en España recibió muchas presiones desde diversas instancias para abandonar el proyecto o para permutar el terreno del mirador de San Nicolás por otro en un polígono industrial de la periferia, menos comprometido. La perseverancia y la fijeza de propósito de Shayj Abdalqadir eran infatigables. Fuese cual fuese la magnitud de la dificultad, ante circunstancias adversas siempre cambiantes, él seguía fiel a la intención original.

A finales del año 1990, por fín el Ayuntamiento de Granada encarga a un equipo de expertos en patrimonio y urbanismo la redacción de un Plan Especial para la Conservación y Reforma del barrio del Albaicin. La comunidad musulmana entra en contacto con el equipo para exponer nuestros argumentos y razones. Finalmente cuando en el año 1991 se aprueba el nuevo Plan, el solar es recalificado, permitiéndose ya la construcción de la mezquita. Desde ese momento en adelante las dificultades y obstáculos continúan, pero empieza a fraguarse entre los políticos, los medios de comunicación y el público en general, un clima más favorable. No obstante, algunos elementos recalcitrantes, cada vez más aislados, siguen empecinadamente con su campaña de acoso y difamación contra los musulmanes y contra la mezquita; pero todos sus esfuerzos son finalmente sólo una bendición que fortalece a los musulmanes.

En el año 1993 Shayj Abdalqadir interviene personalmente y, con el Emir Muhammad Farid Bermejo, elige a un arquitecto granadino, Renato Ramírez, respetado y conocido por las autoridades de urbanismo y en su profesión, encargándole un nuevo proyecto. Esta acertada decisión fue decisiva, pues el nuevo proyecto y su autor sortearon paso a paso todos los obstáculos hasta que, a finales del año 94, el Ayuntamiento concedió por fin la Licencia de Obras. Aun quedaban otros nueve años de nuevas dificultades, principalmente las relativas a los hallazgos arqueológicos y algunos cambios y modificaciones, que no hicieron más que fortificar aún más la ya legendaria paciencia de los musulmanes de Granada.

Paciencia, perseverancia, apoyarse en Allah cuando todos los apoyos de los hombres han fallado, fijeza de intención ante las adversidades, en todo ello Shayj Abdalqadir ha dado una lección ejemplar durante la larga historia del proyecto de la mezquita. Su tenacidad desde el principio hasta el final le hacen sin duda merecedor de la gratitud y el reconocimiento de todos los musulmanes y de todos cuantos ahora disfrutan y elogian el logro tan extraordinario y el beneficio tan evidente que la nueva mezquita ha supuesto para la ciudad de Granada y para la sociedad española.


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