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Bismillah Ar-Rahman Ar-Rahim
Mezquita Mayor de Granada
AL-ISRÁ WAL-MI’RAY
El viaje Nocturno y la Ascensión al cielo
JUTBA de 1 de septiembre de 2006. 7 de Sha’ban de 1427.
Imam Hayy Bashir Castiñeira
Alhamdulillah.
¡Creyentes, dice Allah en Su Noble Corán:
“¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su
siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más
lejana, aquélla cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle
parte de Nuestros Signos! Verdaderamente El es Quien oye y Quien
ve”.
(Al Isrá – 1).
Allah, Al Haqq, Gloria a El, hizo viajar en la noche, a Su siervo
Muhammad, paz y bendiciones de Allah sean sobre él, desde
la Mezquita Haram en Mekkah hasta la Mezquita Al Aqsa en Jerusalén
y, una vez allí, le hizo ascender hasta el séptimo
cielo y hasta donde Allah quiso.
El acontecimiento del Isrá, ocurrió un año
antes de la hégira a Medina y, según la mayoría
de los ‘ulamá, la noche del 27 de Rayab. La conmemoración
que rememora este acontecimiento crucial en la vida del Mensajero
de Allah, paz y bendiciones de Allah sean sobre él, se celebró
el miércoles de la semana pasada.
El Corán hace mención de este acontecimiento al comienzo
de la Sura que tiene su mismo nombre: Al Isrá y también
hace mención de la ascensión a los cielos, Mi’ray,
en la Sura an-Naym, cuando dice: “Ya lo había
visto en otra revelación junto al Loto del límite.
A cuyo lado está el jardín del refugio. Cuando al
Loto lo cubrió lo que lo cubrió. No se desvió
la mirada ni se propasó. Y vió alguno de los mayores
signos de Su Señor”. (An Naym – 13).
También los relatos fiables y ciertos de la Sunna, que nos
han sido transmitidos por una cadena verídica, afirman al
Al Isrá y el Mi’ray.
Este milagroso acontecimiento tuvo lugar justo después de
haber pasado el Mensajero una de las épocas más duras
de su misión profética. Después de haber sido
rechazado y perseguido por la tribu de los Quraish, hasta el punto
de someterle a él y a toda su comunidad a un exilio y embargo
en las afueras de la ciudad.
En ese año también habían muerto su tío
Abu Talib, protector y defensor ante la gente de Mekkah y su amada
esposa Jadiyah, que le apoyaba con su consuelo, su fidelidad e incluso
con su riqueza. A aquel año le dieron los compañeros
el nombre de: el año de la tristeza.
Entonces se dirigió el mensajero de Allah a la ciudad de
Taif, intentando encontrar apoyo y seguidores entre la tribu de
Zaqif, y durante una estancia de diez días sólo obtuvo
rechazo, insulto burla e incluso fue herido y expulsado. Entonces,
totalmente abatido por tantas contrariedades y fracasos, pronunció
la célebre suplica a Allah:
“!Oh Allah!, ante Ti me quejo de la debilidad de mis fuerzas
y de mis pocos recursos y de mi incapacidad ante los hombres. Tu
eres el Señor de los oprimidos y Tu eres, Señor, mi
Señor ¿A quién me vas a abandonar? ¿A
un extraño que me rechaza o a un enemigo que tiene poder
sobre mí por Tu Decreto? Si Tu no estás enojado conmigo,
nada me importa. Sin embargo tu protección es más
fácil y preferible para mí. En la luz de Tu Faz que
alumbra las tinieblas, busco refugio para que mi asunto en este
mundo y en el próximo sean rectos”.
Es parte de la Sunna de Allah en Su creación, que tras la
dificultad venga la facilidad, y que la estrechez sea signo de la
apertura inminente, y que después de toda prueba venga un
regalo.
Un proverbio de la sabiduría antigua, dice así: “Cuántas
veces una desgracia viene a resultar ser una bendición”.
De modo que, después de todos estos duros obstáculos,
que ninguno de nosotros podría haber soportado, llegó
el suceso de Al Isrá y el Mi’ray.
Allah quiso que así fuera, para ennoblecer y honrar a Su
Profeta por su paciencia y por su esfuerzo y para reafirmar su determinación
y su firmeza de ánimo, paz y bendiciones de Allah sean sobre
él.
Allah no deja nunca abandonados a Su Profetas ni a Sus amigos y
aliados, y El está siempre con ellos:
“Es cierto que Allah está con los que Le teme
y con los que hacen el bien”. (La abeja – 128.
El hecho histórico del viaje nocturno y de la Ascensión
a los cielos es un acontecimiento singular en la historia de la
humanidad, que no ocurrió a ninguno de los Profetas y Enviados
anteriores. Ese viaje y esa ascensión fueron con su cuerpo
y con su espíritu. Despierto y no en sueños. En una
sola noche. En la aleya “…hizo viajar a Su Siervo”,
indica que fue en su espíritu y su cuerpo. Si no hubieran
coincidido todas estas circunstancias, no habría supuesto
un desafío para los incrédulos y no lo habrían
descreído y negado.
En ese viaje, Allah mostró a Su Profeta, paz y bendiciones
de Allah sean sobre él, los más grandes de Sus signos,
se le manifestaron las realidades del Malakut de los cielos y la
tierra y fue testigo de ellas con sus propios ojos. Vio el Árbol
del Loto del límite más lejano. Vio a Yibril en su
forma real. Vio Al Bay al Ma’mur, la casa muy frecuentemente
visitada. Vio el Fuego y el Jardín... Y allí fue cuando
Allah le impuso a él y a Su Ummah, la obligación del
Salat. Le mandó en un principio cincuenta oraciones al día
y las fue reduciendo gradualmente, hasta llegar a cinco, por una
misericordia Suya y por clemencia con Sus Siervos.
Luego, bajó a la Mezquita de la Roca y, allí dirigió
la oración ante los Profetas, lo cual indica que le fue otorgado
el liderazgo de la humanidad y, que la Shariah del Islam abroga
todas las leyes reveladas anteriores y, que los seguidores de los
Profetas deben igualmente reconocer el liderazgo de este Noble Mensajero
y de su mensaje completo y definitivo, del mismo modo que lo hicieron
Sus profetas.
Después salió de la Mezquita, montó sobre el
Buraq y regresó a Mekkah antes del amanecer.
Puesto que el Mensajero, paz y bendiciones de Allah sean sobre él,
estaba a punto de emprender una nueva etapa en su misión
profética que era la Hiyra (hégira) a Medina y el
establecimiento de la nación soberana que seguiría
a la misma. Allah quiso, por Su sabiduría, que este establecimiento
tuviera unos cimientos sanos y fuertes. Este acontecimiento del
Isra y el Miray sirvió de examen para clarificar, filtrar,
diferenciar y distinguir entre los débiles, desertores y
los que tenían una enfermedad en el corazón por un
lado y los fuertes, verídicos, auténticos y firmes
por el otro.
Cuando el Mensajero de Allah, paz y bendiciones de Allah sean sobre
él, empezó el día en Mekkah, informó
a la gente de lo que le había sucedido. Y con ello, muchos
fueron probados y sometidos a una tribulación demasiado grande.
Hubo muchos que renegaron y dejaron el Din, pues se les estaba presentando
algo que sus intelectos rechazaban. El Profeta, paz y bendiciones
de Allah sean con él, no titubeo en encararse a ellos, no
tuvo miedo que le impidiera enfrentarse a ellos, por la certeza
que tenía en la verdad que se le había dado, frente
a la gente de falsedad y banalidad.
Sin embargo, también hubo quien no dudo por un instante,
no se movió en su Imán, en su confianza y reconocimiento
de la revelación, ni un ápice, como Abu Bakr As-Siddiq,
que Allah esté complacido con él. Cuando los Quraish
le informaron de lo que estaba contando Muhammad, paz y bendiciones
de Allah sean sobre él, dijo: “Si el lo ha dicho, es
verdad”. Y luego dijo: “Yo le creo en lo que es aún
más inverosímil que eso, lo creo en los que nos informa
del cielo, acerca del futuro y del devenir en la próxima
vida”. Y por eso Abu Bakr, se hizo merecedor de su apodo “As
Siddiq” (el verídico), por su absoluta confianza y
fe. La creencia, el Imán, no está completa si no contiene,
en todo lugar y en todo tiempo, esa característica de confianza
y certeza firmes.
* * *
Alhandulillah.
El Isrá y el Mi’ray, representan una fuente de inmensos
significados y nos señalan los objetivos más nobles:
en primer lugar la alta estación del Mensajero de Allah,
que no es superada ni igualada por ninguna de las criaturas, ni
hombre, ni sabio, ni santo, ni profeta, ni enviado, ni ángel.
También señala la transferencia del liderazgo de la
comunidad humana a la Ummah del Islam, un liderazgo que está
fundamentado en la Misericordia y en la Justicia y no en la prepotencia
ni en la opresión. También se desprende de este acontecimiento
la valía e importancia de la oración (Salat) para
el musulmán. El Salat es la ascensión (mi’ray)
del musulmán a Su Señor y el Viaje Nocturno también
muestra la vinculación poderosa que existe entre la Mezquita
Inviolable de Mekkah y la Mezquita Al Aqsa de Jerusalén.
La Mezquita Al Aqsa tiene un valor extremadamente importante para
los musulmanes, pues es el destino del Viaje Nocturno de nuestro
Profeta y el punto de partida de su ascensión a los cielos
y es también la primera quibla de la comunidad musulmana.
Los musulmanes aman la Mezquita Al Aqsa y le otorgan una santidad
y veneración muy altas.
A Allah le pedimos que la proteja, la defienda y la guarde de quienes
intentan destruirla o apartarla de la adoración de Allah
y borrar las huellas del Islam en Bayt Al Maqdis.
Que Allah bendiga y conceda paz a nuestro Maestro y Mensajero Muhammad
y a su familia y compañeros.
Wa
salla Allahu ala Saydina Muhammad wa ‘ala alihi wa sahbihi
wa sallam. Amín.
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