Bismillah
¡Musulmanes! Tened consciencia de Allah y libraos de su
castigo. El Taqwa de Allah es la mejor provisión con la
que el hombre se prepara para la vida venidera. Sabed ¡que
Allah el Excelso tenga misericordia de nosotros!, que este año
1427 después de la Hiyra esta apunto de concluir.
El año es como el árbol, y los meses como sus
ramas, y los días como sus ramitas, y las horas como las
hojas, y las respiraciones son sus frutos. Quien emplea sus respiraciones
en la obediencia a Allah tendrá frutos buenos en su árbol.
Quien emplea sus respiraciones en la desobediencia a Allah tendrá frutos
infectos en el Día del Juicio. Entonces se diferenciaran
los frutos dulces y aromáticos de los amargos y hediondos.
El inicio de un año nuevo de la Hiyra nos recuerda la
hégira del Profeta la paz de Allah sea sobre él,
y los acontecimientos y circunstancias que rodearon aquella emigración.
Y para nosotros es de una inmensa importancia que permanezcan
vivos en nuestro corazón, en nuestras mentes y en nuestra
memoria todos aquellos detalles de la emigración de nuestro
amado Profeta desde Meca hasta Medina.
En ese evento se reunieron una multitud de signos y de enseñanzas.
Dijo Aisha, que Allah esté complacido con ella:
“No me enseñaron mis padres desde mi más
tierna infancia más que el Din del Islam, y no pasaba
un solo día que no viniera a visitarnos a nuestra casa
el Profeta por la mañana y por la tarde. Cuando la persecución
de los creyentes se volvió severa, salió Abu Bakr
en dirección a Abisinia con la intención de emigrar,
hasta llegar a Barka Al Imad. Entonces le salió al encuentro
Ibn AdDaginati, el jefe de la tribu de aquel territorio: ¿a
dónde te diriges Abu Bakr?” Dijo: “Me desplazo
por la tierra para adorar a mi Señor”. Le dijo: “Un
hombre de tu estatus no debe marcharse ni es posible expulsarle
pues tu eres de los que asisten a los pobres desahuciados, mantienen
las relaciones con la familia, eres capaz de cargar con responsabilidades
y eres generoso con el huésped y cuando se trata de defender
una causa justa tu eres de los primeros. Yo soy tu vecino, te
ofrezco mi protección, te aconsejo que retornes y adores
a tu Señor en tu tierra”. Y así lo hizo.
Los Quraish no rechazaron el pacto de protección ofrecido
por Ibn AdDaginati, pero le pusieron una condición: “ordénale
a Abu Bakr que rece en su casa y que recite en su casa lo que
quiera y que no haga muestras públicas de nada de ello.
Pues tememos que sea causa de problemas para nuestras mujeres
y nuestros hijos”.
Ibn AdDaginati le transmitió el mandato de los Quraish.
Abu Bakr al principio rezaba en su casa y en ella recitaba el
Corán. Después decidió construir una mezquita
fuera de su casa, en ella rezaba y recitaba el Corán.
Abu Bakr as Siddiq era un hombre que lloraba fácilmente,
cuando pasaba por algunos pasajes del Corán lloraba. Esto
atraía la atención a las mujeres y niños
que se acercaban a escuchar su recitación. Cuando los
Quraish tuvieron conocimiento del asunto fueron a ver a Ibn AdDaginati
y le dijeron. “Nos desagrada tener que anular tu pacto
de protección, así que por favor pídele
a Abu Bakr que se quede en su casa o si no que te devuelva la
protección que le has otorgado”. Ibn AdDaginati
lo refirió a Abu Bakr, y este le respondió: “Te
devuelvo tu protección y me quedo con la protección
de Allah”. Y así permaneció hasta que llegó la
apertura de Allah. El mensajero de Allah, la paz y las bendiciones
de Allah sean con él, ordenó a sus compañeros
emigrar a Medina y les dijo: “Es como si estuviera viendo
el destino de vuestra emigración: un palmeral frondoso
entre dos cordilleras de roca negra”. Los sahaba dijeron: “Pensábamos
que se trataba de Hayar o Al Yaman”. Hasta que descubrimos
que se trataba de Medina.
Los sahaba salieron de Meca y Abu Bakr también dispuso
todo para emigrar. El Profeta, salla allahu alaihi wa sallam
le dijo: “todavía no”. Y le dijo: “¿Porqué Mensajero
de Allah?” “Por que estoy esperando que me Señor
me de Su permiso”. Dijo “¿para emigrar?”.
Dijo: “Si”. Dijo Abu Bakr: “¿Seré tu
compañero Mensajero de Allah?”. Dijo: “Si”.
Entonces Abu Bakr compró dos camellos y los estuvo alimentando
bien durante cuatro meses. Sigue contando Aisha, estábamos
un día sentados en casa y se nos presentó el Mensajero
de Allah a una hora que no solía venir nunca, es decir
a la hora de la siesta. Dijo Abu Bakr: “Esta visita inusual
se debe a un grave asunto”. Dijo: “Se me ha ordenado
partir”. Dijo Aisha: les preparamos las mejores provisiones
y emprendieron la marcha hasta la cueva que se encuentra en la
montaña llamada Az Zaur. Y allí permanecieron durante
tres noches en las cuales les acompañaba Abdullah Ibn
Abu Bakr. Abdullah salía de madrugada de la cueva para
estar en Meca por la mañana como si hubiera pasado la
noche en la ciudad. Y todo lo que escuchaba en las calles de
Meca que pudiera afectar a los dos ocultos en la cueva, lo guardaba
en su memoria y se lo refería por la noche.
´Amir Ibn Fuhaira, el esclavo de Abu Bakr, le guardaba
y pastoreaba el rebaño a Abu Bakr y lo llevaba por aquella
zona y se retrasaba hasta la caída de la noche. Y así cada
noche de las tres noches. Abu Bakr contrató a un hombre
de la tribu de los Ad Diil como guía experto aun siendo
no musulmán. Confiaron plenamente en él, y con él
salieron al cuarto día con los camellos que les trajo
el hombre de la tribu de Ad Diil. También partió con
ellos ´Amir Ibn Fuhaira.
El guía los llevo por un camino seguro que rodeaba la
zona de los Quraish. Llegaron a la tribu Dami Muliy y se encontraron
con un hombre llamado Suraqa Ibn Malik. Se le presentaron a Suraqa
dos hombres de su tribu y le dijeron. “Parece que Muhammad
y sus compañeros han pasado por donde estabas”.
Dijo Suraqa: “No, eran fulano y mengano. Yo los he visto
con mis propios ojos”. Y se marcharon.
Suraqa ordenó a su esclavo que le ensillará el
caballo, con la intención de ser el quien atrapara a los
fugitivos y se ganara la recompensa ofrecida por los Quraish.
Montó en su caballo y emprendió el camino en su
persecución. Hasta el punto en que alcanzó con
la vista en el horizonte lejano al Mensajero de Allah y a su
compañero. Entonces su caballo se hundió en la
arena y cayó a tierra. Dijo Suraqa: “Saqué mis
flechas adivinatorias y eche las suertes y me salió lo
que no quería, (que no continuara la persecución),
pero no hice caso al presagio y continué con la intención
de la recompensa y volví a la persecución. Mi caballo
volvió a hundirse más que la primera vez y yo caí a
tierra. Entonces supe que el Profeta iba a triunfar, y cuando
ya estaba muy cerca de ellos les anuncie que no temieran nada
de mi, y les dije: “Los Quraish ofrecen una recompensa
de cien camellos para quien os atrape”. Y dijo: “les
ofrecí de comer, pero no quisieron tomarlo, si no que
me dijeron: “no releves a nadie que nos has visto””.
Y Suraqa dio informaciones falsas a los Quraish sobre la ruta
del Mensajero de Allah. Por la mañana había salido
a perseguirles y por la tarde estaba defendiéndoles. Así es
como Allah guarda y protege a sus siervos creyentes. El tiene
poder sobre todas las cosas.
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Alhamdulillah
Musulmanes, cuando un año pasa, debe ser motivo de reflexión
y de esfuerzo como se esfuerza el viajero que regresa a su país.
Dijo Hassan Al Basri, que Allah tenga misericordia de el: “Hijo
de Adam, sales por la mañana y te mueves para procurarte
ganancias. Así pues, preocúpate de ti mismo. Si
quieres obtener ganancias debes conseguir la ganancia de tu propia
persona (nafs) y nunca obtendrás una ganancia más
importante que esa”.
Dijo también: “Hijo de Adam, tu no eres sino una
sucesión de días, cada día que pasa ha pasado
una parte de ti”. Le dijo Al Fudail Ibn Ayad a un hombre: “¿Qué edad
tienes?” Dijo: “Sesenta años”. Dijo: “Desde
hace sesenta años estas en camino hacia tu Señor.
El momento de llegar no debe estar lejano”. El hombre respondió: “ En
verdad que a Allah pertenecemos y que a El hemos de regresar”.
Dijo Al Fudail: “¿sabes cual es la interpretación
de la aleya. Quien sabe que es un siervo de Allah y que a El
regresará, que sepa que se le van a pedir cuentas, quien
sabe que le van a pedir cuentas que sepa que se le ha de preguntar
por todo lo que hizo. Quien sabe eso, que prepare las respuestas
a las preguntas”. Dijo el hombre: “¿Cómo
se soluciona esto?”. Dijo: “Fácil, Haz el
bien en lo que te queda de vida y se te perdonara lo malo que
hayas echo en el pasado. Pero si haces el mal en el tiempo que
te queda, se te pedirán cuentas por tu pasado y por el
resto de tus días. Y la valoración de las acciones
se determina por su final”.
¡Musulmanes! Pararse a hacerse las cuentas a uno mismo,
recapacitar, y que cada uno examine lo que tiene en su crédito
de acciones rectas y lo que tiene de acciones incorrectas. Y
que evalúe cada una de sus ganancias y sus perdidas. Todos
los musulmanes de la tierra están descontentos con su
situación, sin embargo, ¿han intentado realizar
ellos mismos una transformación?
Todos sentimos dolor y pesar por el estado de nuestra Ummah
y si cada uno de nosotros realizara una reflexión sincera
encontraría que el mismo es parte de lo que ha sucedido.
Para sanear una comunidad hay que sanear y hacer rectos primero
a los individuos, y lo mismo ocurre con la corrupción,
que también empieza por cada individuo. Cuando cada individuo
pone rectitud en si mismo y en lo que tiene bajo su mano y difunde
el bien entre la gente, en la medida de su capacidad, eso seria
suficiente para hacer sana y recta a la Ummah entera.
Pero cuando un individuo se corrompe y permite la corrupción
de los que tiene bajo su autoridad y después declara en
público su anhelo por la rectitud y la supremacía
de la Ummah, esto es contradictorio y absurdo. Sólo podrá alcanzar
rectitud, salud e integridad nuestra Ummah cuando cada individuo
rectifique su propia persona.
Y que Allah bendiga a nuestro guía y maestro el Profeta
Muhammad, y a su familia y compañeros y a todos quienes
les siguen con sinceridad hasta el Último Día.
Amin.