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Bismillah Ar-Rahman Ar-Rahim
Mezquita Mayor de Granada

La Hiyra y el comienzo de un nuevo año


JUTBA de 12 de enero de 2007. 22 Dhu Alhiyyah 1427.
Imam Sheij Muhammad Al-Kasabi


Bismillah


¡Musulmanes! Tened consciencia de Allah y libraos de su castigo. El Taqwa de Allah es la mejor provisión con la que el hombre se prepara para la vida venidera. Sabed ¡que Allah el Excelso tenga misericordia de nosotros!, que este año 1427 después de la Hiyra esta apunto de concluir.

El año es como el árbol, y los meses como sus ramas, y los días como sus ramitas, y las horas como las hojas, y las respiraciones son sus frutos. Quien emplea sus respiraciones en la obediencia a Allah tendrá frutos buenos en su árbol. Quien emplea sus respiraciones en la desobediencia a Allah tendrá frutos infectos en el Día del Juicio. Entonces se diferenciaran los frutos dulces y aromáticos de los amargos y hediondos.

El inicio de un año nuevo de la Hiyra nos recuerda la hégira del Profeta la paz de Allah sea sobre él, y los acontecimientos y circunstancias que rodearon aquella emigración. Y para nosotros es de una inmensa importancia que permanezcan vivos en nuestro corazón, en nuestras mentes y en nuestra memoria todos aquellos detalles de la emigración de nuestro amado Profeta desde Meca hasta Medina.

En ese evento se reunieron una multitud de signos y de enseñanzas.

Dijo Aisha, que Allah esté complacido con ella:

“No me enseñaron mis padres desde mi más tierna infancia más que el Din del Islam, y no pasaba un solo día que no viniera a visitarnos a nuestra casa el Profeta por la mañana y por la tarde. Cuando la persecución de los creyentes se volvió severa, salió Abu Bakr en dirección a Abisinia con la intención de emigrar, hasta llegar a Barka Al Imad. Entonces le salió al encuentro Ibn AdDaginati, el jefe de la tribu de aquel territorio: ¿a dónde te diriges Abu Bakr?” Dijo: “Me desplazo por la tierra para adorar a mi Señor”. Le dijo: “Un hombre de tu estatus no debe marcharse ni es posible expulsarle pues tu eres de los que asisten a los pobres desahuciados, mantienen las relaciones con la familia, eres capaz de cargar con responsabilidades y eres generoso con el huésped y cuando se trata de defender una causa justa tu eres de los primeros. Yo soy tu vecino, te ofrezco mi protección, te aconsejo que retornes y adores a tu Señor en tu tierra”. Y así lo hizo. Los Quraish no rechazaron el pacto de protección ofrecido por Ibn AdDaginati, pero le pusieron una condición: “ordénale a Abu Bakr que rece en su casa y que recite en su casa lo que quiera y que no haga muestras públicas de nada de ello. Pues tememos que sea causa de problemas para nuestras mujeres y nuestros hijos”.

Ibn AdDaginati le transmitió el mandato de los Quraish. Abu Bakr al principio rezaba en su casa y en ella recitaba el Corán. Después decidió construir una mezquita fuera de su casa, en ella rezaba y recitaba el Corán. Abu Bakr as Siddiq era un hombre que lloraba fácilmente, cuando pasaba por algunos pasajes del Corán lloraba. Esto atraía la atención a las mujeres y niños que se acercaban a escuchar su recitación. Cuando los Quraish tuvieron conocimiento del asunto fueron a ver a Ibn AdDaginati y le dijeron. “Nos desagrada tener que anular tu pacto de protección, así que por favor pídele a Abu Bakr que se quede en su casa o si no que te devuelva la protección que le has otorgado”. Ibn AdDaginati lo refirió a Abu Bakr, y este le respondió: “Te devuelvo tu protección y me quedo con la protección de Allah”. Y así permaneció hasta que llegó la apertura de Allah. El mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, ordenó a sus compañeros emigrar a Medina y les dijo: “Es como si estuviera viendo el destino de vuestra emigración: un palmeral frondoso entre dos cordilleras de roca negra”. Los sahaba dijeron: “Pensábamos que se trataba de Hayar o Al Yaman”. Hasta que descubrimos que se trataba de Medina.

Los sahaba salieron de Meca y Abu Bakr también dispuso todo para emigrar. El Profeta, salla allahu alaihi wa sallam le dijo: “todavía no”. Y le dijo: “¿Porqué Mensajero de Allah?” “Por que estoy esperando que me Señor me de Su permiso”. Dijo “¿para emigrar?”. Dijo: “Si”. Dijo Abu Bakr: “¿Seré tu compañero Mensajero de Allah?”. Dijo: “Si”.

Entonces Abu Bakr compró dos camellos y los estuvo alimentando bien durante cuatro meses. Sigue contando Aisha, estábamos un día sentados en casa y se nos presentó el Mensajero de Allah a una hora que no solía venir nunca, es decir a la hora de la siesta. Dijo Abu Bakr: “Esta visita inusual se debe a un grave asunto”. Dijo: “Se me ha ordenado partir”. Dijo Aisha: les preparamos las mejores provisiones y emprendieron la marcha hasta la cueva que se encuentra en la montaña llamada Az Zaur. Y allí permanecieron durante tres noches en las cuales les acompañaba Abdullah Ibn Abu Bakr. Abdullah salía de madrugada de la cueva para estar en Meca por la mañana como si hubiera pasado la noche en la ciudad. Y todo lo que escuchaba en las calles de Meca que pudiera afectar a los dos ocultos en la cueva, lo guardaba en su memoria y se lo refería por la noche.

´Amir Ibn Fuhaira, el esclavo de Abu Bakr, le guardaba y pastoreaba el rebaño a Abu Bakr y lo llevaba por aquella zona y se retrasaba hasta la caída de la noche. Y así cada noche de las tres noches. Abu Bakr contrató a un hombre de la tribu de los Ad Diil como guía experto aun siendo no musulmán. Confiaron plenamente en él, y con él salieron al cuarto día con los camellos que les trajo el hombre de la tribu de Ad Diil. También partió con ellos ´Amir Ibn Fuhaira.

El guía los llevo por un camino seguro que rodeaba la zona de los Quraish. Llegaron a la tribu Dami Muliy y se encontraron con un hombre llamado Suraqa Ibn Malik. Se le presentaron a Suraqa dos hombres de su tribu y le dijeron. “Parece que Muhammad y sus compañeros han pasado por donde estabas”. Dijo Suraqa: “No, eran fulano y mengano. Yo los he visto con mis propios ojos”. Y se marcharon.

Suraqa ordenó a su esclavo que le ensillará el caballo, con la intención de ser el quien atrapara a los fugitivos y se ganara la recompensa ofrecida por los Quraish. Montó en su caballo y emprendió el camino en su persecución. Hasta el punto en que alcanzó con la vista en el horizonte lejano al Mensajero de Allah y a su compañero. Entonces su caballo se hundió en la arena y cayó a tierra. Dijo Suraqa: “Saqué mis flechas adivinatorias y eche las suertes y me salió lo que no quería, (que no continuara la persecución), pero no hice caso al presagio y continué con la intención de la recompensa y volví a la persecución. Mi caballo volvió a hundirse más que la primera vez y yo caí a tierra. Entonces supe que el Profeta iba a triunfar, y cuando ya estaba muy cerca de ellos les anuncie que no temieran nada de mi, y les dije: “Los Quraish ofrecen una recompensa de cien camellos para quien os atrape”. Y dijo: “les ofrecí de comer, pero no quisieron tomarlo, si no que me dijeron: “no releves a nadie que nos has visto””.

Y Suraqa dio informaciones falsas a los Quraish sobre la ruta del Mensajero de Allah. Por la mañana había salido a perseguirles y por la tarde estaba defendiéndoles. Así es como Allah guarda y protege a sus siervos creyentes. El tiene poder sobre todas las cosas.

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Alhamdulillah

Musulmanes, cuando un año pasa, debe ser motivo de reflexión y de esfuerzo como se esfuerza el viajero que regresa a su país. Dijo Hassan Al Basri, que Allah tenga misericordia de el: “Hijo de Adam, sales por la mañana y te mueves para procurarte ganancias. Así pues, preocúpate de ti mismo. Si quieres obtener ganancias debes conseguir la ganancia de tu propia persona (nafs) y nunca obtendrás una ganancia más importante que esa”.

Dijo también: “Hijo de Adam, tu no eres sino una sucesión de días, cada día que pasa ha pasado una parte de ti”. Le dijo Al Fudail Ibn Ayad a un hombre: “¿Qué edad tienes?” Dijo: “Sesenta años”. Dijo: “Desde hace sesenta años estas en camino hacia tu Señor. El momento de llegar no debe estar lejano”. El hombre respondió: “ En verdad que a Allah pertenecemos y que a El hemos de regresar”. Dijo Al Fudail: “¿sabes cual es la interpretación de la aleya. Quien sabe que es un siervo de Allah y que a El regresará, que sepa que se le van a pedir cuentas, quien sabe que le van a pedir cuentas que sepa que se le ha de preguntar por todo lo que hizo. Quien sabe eso, que prepare las respuestas a las preguntas”. Dijo el hombre: “¿Cómo se soluciona esto?”. Dijo: “Fácil, Haz el bien en lo que te queda de vida y se te perdonara lo malo que hayas echo en el pasado. Pero si haces el mal en el tiempo que te queda, se te pedirán cuentas por tu pasado y por el resto de tus días. Y la valoración de las acciones se determina por su final”.

¡Musulmanes! Pararse a hacerse las cuentas a uno mismo, recapacitar, y que cada uno examine lo que tiene en su crédito de acciones rectas y lo que tiene de acciones incorrectas. Y que evalúe cada una de sus ganancias y sus perdidas. Todos los musulmanes de la tierra están descontentos con su situación, sin embargo, ¿han intentado realizar ellos mismos una transformación?

Todos sentimos dolor y pesar por el estado de nuestra Ummah y si cada uno de nosotros realizara una reflexión sincera encontraría que el mismo es parte de lo que ha sucedido.

Para sanear una comunidad hay que sanear y hacer rectos primero a los individuos, y lo mismo ocurre con la corrupción, que también empieza por cada individuo. Cuando cada individuo pone rectitud en si mismo y en lo que tiene bajo su mano y difunde el bien entre la gente, en la medida de su capacidad, eso seria suficiente para hacer sana y recta a la Ummah entera.

Pero cuando un individuo se corrompe y permite la corrupción de los que tiene bajo su autoridad y después declara en público su anhelo por la rectitud y la supremacía de la Ummah, esto es contradictorio y absurdo. Sólo podrá alcanzar rectitud, salud e integridad nuestra Ummah cuando cada individuo rectifique su propia persona.

Y que Allah bendiga a nuestro guía y maestro el Profeta Muhammad, y a su familia y compañeros y a todos quienes les siguen con sinceridad hasta el Último Día. Amin.





 

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