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Bismillah Ar-Rahman Ar-Rahim
EL DOMINIO DE UNO MISMO
JUTBA del 18 de Mayo de 2007. 30 Rabia II 1428
Imam: Sheij Muhammad Al-Kasabi
Alhamdulillah
¡Creyentes!
Os encomiendo que estéis alerta y conscientes de Allah vuestro
Señor. Acercaos a El por medio de los actos de adoración
y por medio de la oposición a las pasiones y a los apetitos
del ego. El éxito le pertenece a quien ha sabido vender lo
perecedero y comprar lo duradero y permanente. El fracaso es el
resultado de quien permanece poseso del shaytan y de los placeres
y apuesta por la vida de este mundo prefiriéndola a la vida
venidera.
Sabed, que Allah tenga misericordia de vosotros, que vivimos en
una época en la que abundan las tentaciones y las tribulaciones
y en el seno de una sociedad dominada por los instintos y las seducciones
que incitan a lo falso. Y a causa de ello son grandes masas de la
gente quienes sucumben a esta penosa realidad del entorno y caen
esclavizados a sus propias pasiones y sus apetitos los llevan por
un camino que puede causarles la destrucción, y les ciega
de ver lo que les es conveniente, lo que les proporciona la felicidad.
El hombre cuando sucumbe sometido a sus propios instintos no es
capaz de mirar al futuro y pierde la facultad de comparar entre
lo duradero y permanente (aunque sea escaso en su entorno), y lo
que es perecedero, pasajero y fútil (por muy abundante que
le resulte su recuerdo en el entorno social en el que vive).
Es por esta razón que el Dín de Allah educa al ser
humano para que vuelva su mirada y despierte su intelecto hacia
un modo recto y equilibrado de pensamiento. El pensamiento equilibrado
lleva al hombre a la rectitud en la conducta y le hace reconocer
que es muy superior y preferible lo duradero y permanente a lo efímero
que pasa veloz.
Dice Allah, el Altísimo: “Se les ha presentado
como algo hermoso y atractivo a los hombres el amor apasionado a
las mujeres, los hijos, los quintales de oro y plata, los caballos
enjaezados, los rebaños y los campos de cultivo. Esos son
los disfrutes de la vida de este mundo, pero junto a Allah está
el más bello destino. ¿No queréis que os informe
de lo que es mejor para vosotros que todo eso? Para aquellos que
tuvieron consciencia de Allah habrá en la presencia de su
Señor jardines por los cuales correrán ríos
y en los que vivirán eternamente y esposas puras y la satisfacción
de Allah. Allah ve a sus siervos”. (Surat
Ali Imran, 14)
En esta noble aleya del libro de Allah se enumeran las pasiones
más deseadas por la naturaleza humana de todo cuanto hay
sobre la tierra. Las mujeres, los hijos, las riquezas acumuladas,
los caballos, la tierra fértil y los animales de rebaño.
En estas cosas se resumen las cosas deseables de este mundo. Ya
sea por si mismo o por la posibilidades que le ofrecen a quienes
las poseen de deleites y disfrutes adicionales.
El Dín del Islam es un camino de equilibrio y de buscar siempre
un propósito, por ello encontramos que no nos prohíbe
el disfrute de los deleites que nuestros apetitos desean. Pues se
trata de una condición, de una inclinación, que es
innata y natural en el hombre. Es más, no existe el celibato,
el monacato, ni el ascetismo en el Islam.
Por otra parte el Islam no deja abierta la puerta de la gratificación
y la satisfacción de los apetitos y apetencias sin ponerle
límites. El Islam regula ese amor por los deleites naturales
de la existencia con el fin de dirigirlos hacia un propósito
y de encauzarlos en una dirección correcta. Quien se fije
atentamente en los estados de la gente de nuestro tiempo y las epidemias
que nos azotan tanto las de carácter moral como las de decadencia
en la conducta, reconocerá la grandeza del Islam y su orden
prodigioso que tiene como meta salvaguardar la salud y la cordura
de la humanidad y liberarlo de sus crisis en toda época y
todo lugar.
La aleya citada empieza por la vinculación física
de los sexos, entre el hombre y la mujer, pues esa fuerza es la
más poderosa, la causa de más problemas para ambos,
cuando no esta regulada por los parámetros de la Sharia.
Dijo el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz: “No
quedará después de mi una prueba más dañina
para los hombres que las mujeres”. (Hadiz
de Usama Ibn Zaid recogido por Bujari
y por Muslim).
Sin embargo cuando esa atracción, y la satisfacción
del deseo, tienen como propósito el cariño y el apoyo
mutuo de una manera responsable junto con la procreación
de la descendencia, en ese caso es no sólo legítimo
sino encomiable, como se ha relatado en numerosos hadices de nuestro
mensajero, que hablan de la recomendación del matrimonio
y lo aconsejan muchas veces.
Dijo el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz:
“Este mundo es deleite y el mejor disfrute de este
mundo es una mujer recta. Cuando la mira le alegra verla, cuando
le ordena algo le obedece, cuando se ausenta de ella, ella le honra
en su persona y le guarda su riqueza”. (Hadiz
de Abdullah Ibn Amr y recogido en el
Sahih de Muslim).
El amor a los hijos es a veces por presunción y prestigio
en cuyo caso ese amor entra en las pasiones mencionadas y a veces
es por deseo de hacer la Ummah grande y fuerte con criaturas
que adoren a Allah sin asociarle nada, en cuyo caso el amor a los
hijos es algo noble y reconocido por la Sharia, como encontramos
en el Hadiz; “Casaos con la mujer que es
amorosa y fecunda, pues yo confío que mi comunidad será
la que más almas reúna en el Día del Levantamiento”.
(Hadiz relatado por Anas Ibn Malik y recogido
por Abu Daud y An Nasai).
Lo mismo ocurre con la pasión por la riqueza y el dinero:
a veces es para presumir y para sentirse arrogante, dominar y oprimir
a los pobres y para despreciar a los débiles y esa pasión
es reprobable. Otras veces el interés por la riqueza es con
el fin de gastar en actos de obediencia, para fortalecer los vínculos
de parentesco y de familia, para hacer el bien y practicar la virtud
con el uso de la riqueza. Esa forma de dedicación a la riqueza
es no sólo permitida sino fomentada y recomendada por la
Sharia del Islam.
Como contraposición a las delicias y disfrutes de esta vida
Allah nos presenta otros placeres y disfrutes en Su Libro y estos
están en la vida venidera: Jardín es por los cuales
corren ríos, esposas puras y por encima de todo ello: la
satisfacción de Allah y contemplar Su Noble Faz. Y estas
formas de deleite permanente será el logro conseguido por
aquellos que se controlan y que se dominan a si mismos y se guardan
de sucumbir a la esclavitud de los placeres y las gratificaciones
inmediatas, pasajeras y efímeras de esta vida y perseveran
su más alta faceta como seres humanos.
¡Siervos de Allah! La hombría y la humanidad verdaderas
radican en la capacidad del hombre de decirse a si mismo: “No”
cuando la situación lo requiere y que sus apetitos estén
gobernados y no sean ellos los que gobiernan.
Por lo que se refiere al que vive esclavizado a sus apetitos, no
se diferencia en nada de los animales. A los animales no les separa
de dar satisfacción a sus apetitos más que la aparición
de las ganas.
Dijo el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz:
“Lo que me hace sentir temor por vosotros son los
apetitos por el vicio de vuestros vientres y de vuestras partes
privadas y la perdición de las pasiones”.
(Hadiz de Abi Barakati Al Salami en el Musnad
de Ahmed Ibn Hambal).
Dijo Umar Ibn Al Jattab, que
Allah esté complacido con él: “Controlad esos
egos y refrenaos de gratificar sus apetitos, pues están acechando
siempre para procurarse un fin perverso y cuantas veces una mirada
alienta un apetito y cuantas veces dar satisfacción al apetito
de una hora ocasiona una tristeza que nunca termina”.
Bishir Ibn Al Jafiy, que Allah esté complacido con
él dijo: “Todas las desgracias están en tu pasión
y toda tu cura está en tu lucha contra ella”. Cuando
refrenas a tu ego y le obligas a apartarse de lo lícito y
proteges los miembros de tu cuerpo, se te aplica la promesa de Allah:
la promesa de ser merecedor del Jardín y la garantía
de tu estancia eterna en el. Para el creyente no hay un objetivo
más querido ni deseado que lograr el Jardín y la permanencia
en él.
¡Oh Allah no hagas de esta vida nuestra principal ocupación,
ni tampoco el límite de nuestro saber, ni hacia el Fuego
nuestra trayectoria. Y haz del Jardín nuestra morada. Amin
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¡Musulmanes!
Puede que haya alguien que diga: “¿Porqué tiene
que haber ese enfrentamiento entre el creyente y su ego, su propio
ser?” “¿Y porqué ha puesto Allah en la
naturaleza humana la pasión, los apetitos animales y la ira
y después nos ordena restringir nuestro sometimiento a ellas
y controlarlas y sujetarlas?”.
La respuesta es la siguiente: Al crear al hombre, Allah, gloria
a El, lo dotó de pasión y de apetitos para que con
ellos se mueva hacia lo que le beneficia y en él puso el
enfado para que fuera capaz de rechazar y defenderse de aquello
que le daña y le perjudica. Y le dio al hombre el intelecto,
el discernimiento, que es el factor rector en el hombre: que le
ordena la justicia al juzgar lo que es provechoso útil y
beneficioso y que le permite rechazar lo que le es dañino.
Y es Allah quien creó al shaytán para que le instigue
y le incite al mal, confundiendo el correcto juicio de lo que debe
evitarse y de lo que debe cumplirse. Todo ello no hace sino confirmar
que la existencia humana es un examen y una sucesión de pruebas
en las que el hombre muestra por sus actos su destino. Y que al
hombre se le han de pagar tanto sus buenas acciones como las malas.
El inteligente no tiene ninguna duda de que ser paciente en el dominio
de los apetitos, cuando estos son ilícitos, es mucho más
fácil que tener que padecer las consecuencias que se derivan
de haberles dado rienda suelta.
Esos apetitos ilícitos tienen como resultado el dolor y el
castigo; o bien te privan de un deleite superior y más perfecto;
o te hacen perder el tiempo haciéndote sentir arrepentimiento
y fracaso; o te hacen ensuciar tu buen nombre y tu reputación;
o te hacen perder tu riqueza; o te hacen disminuir tu capacidad,
tu fuerza y el respeto que otros te tenían; o te hacen alejarte
de una bendición cuya permanencia es mucho más duradera
que el apetito y su satisfacción; o bien puede que te causen
angustia, preocupación y desdicha que no tiene comparación
con el placer que disfrutas cuando satisfaces esos apetitos; o bien
puede que le des una alegría a tu enemigo y le das un disgusto
al que es tu amigo o bien puede que hayas adquirido con ello un
defecto del que no te liberas nunca.
Hay un hombre sabio que dijo: “Cuando tu ego pretenda ocuparte
con una acción de desobediencia ocúpalo tu a él
con la vigilancia a la presencia de Allah. Pues Allah te ve y observa
lo que haces. Si no se contenta con apartarse de lo indecente recuérdale
la vergüenza a la que se expone ante los hombres, y si no se
refrena así entonces recuérdale las excelentes cualidades
de los rectos (salihin) y si aun así no se refrena, entonces
has de saber que en ese momento te has convertido en una bestia”.
Tened temor de Allah siervos de Allah y sabed que no hay posible
comparación entre lo que le aporta al hombre un apetito ilícito
y lo que le proporciona la contención y el freno: como el
elogio de Allah, el éxito en las dos moradas, la eternidad
en el Jardín, la serenidad y la tranquilidad interior, el
deleite de haberse sobrepuesto a uno mismo y haber dominado al nafs,
y la sombra de Allah en el Día del Levantamiento, la seguridad
de tu propia persona y la de la sociedad entera a salvo de desviaciones
y perjuicios.
A Allah le pedimos que nos haga evitar a nosotros y a vosotros las
tribulaciones causadas por los apetitos bestiales, por las dudas
y por las pasiones ocultas de la mente y que nos lleve a El por
un camino bello y bueno.
Y que Allah bendiga a nuestro guía y maestro el Profeta Muhammad,
y a su familia y compañeros y a todos quienes les siguen
con sinceridad hasta el Último Día. Amin.
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