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Bismillah Ar-Rahman Ar-Rahim
EL
HAYY Y LAS ÚLTIMAS AMONESTACIONES
JUTBA del 23 de Noviembre de 2007
Imam: Shej Muhammad Al Kassbi
Alhamdulillah
Musulmanes, os encomiendo que tengais taqua de Allah, pues esa ha
sido la recomendación de Allah para los antíguos y
para los contemporáneos. Sabed que Allah invita a sus siervos
a su Casa Inviolable para honrarlos, y que responden a Su llamada
los que están bien guiados y rechazan la invitación
los desgraciados. Por lo que se refiere a quienes tienen una excusa,
para ellos no existe reproche.
Dice Allah, El Altísimo: “Llama a los hombres
a la peregrinación. Para que vengan a ti a pie y montados
en todo tipo de cabalgaduras desde cualquier remoto camino”.
(Surat Al Hayy, 27).
Allah ordenó a Ibrahim, la paz sea con él, que llamara
a los hombres al hayy, la peregrinación. Los creyentes respondieron,
teniendo en cuenta la obligación de obedecer a Allah, con
la expresión: “Labbaik Allahumma labbaik, labbaika
la sharika laka, labbaik,…”. (A tu servicio
¡oh Allah! A tu servicio. Tu no tienes asociado. A tu servicio.
Verdaderamente que a Ti te pertenecen las alabanzas y Tu eres poseedor
de la soberanía, Tu no tienes asociado).
Por otro lado, quienes pudiendo realizar el hayy rechazan la invitación,
por negligencia o por desidia, cometen una falta enorme. Más
aun, quienes dejan de responder y además lo niegan y lo rechazan
conscientemente.
Dice Allah, El Altísimo: “Los hombres tienen
la obligación con Allah de peregrinar a la Casa, si encuentran
medio de hacerlo. Y quien se niegue…Ciertamente Allah es Rico
con respecto a todas las criaturas”. (Surat Ali Imran,
97).
Por consiguente, a quien Allah le haya agraciado y tenga medios
y condiciones adecuados para hacer la peregrinación, le corresponde
apresurarse. Antes de que le surjan impedimentos que le vayan a
impedir realizarla.
Dijo el Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean sobre él:
“Quien tenga la intención de realizar la peregrinación
que se apresure, pues es posible que el hombre enferme o que pierda
el animal de montura con el que contaba y que le surjan imprevistos”.
(Hadiz que relató Abdullah Ibn Abbas y transmitió
At-Tirmidhi).
También dijo, la paz y las bendiciones de Allah sean sobre
él: “Apresuraos a realizar el hayy, pues ninguno
de vosotros sabe que puede surgirle”. (Hadiz transmitido
por Imam Ahmed).
Así pues, aquel a quien Allah le haya puesto las cosas fáciles,
y le haya concedido salud y medios económicos debe disponer
de ellos. Lo que el Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean
con él, menciona acerca de la aparición de impedimentos
lo estamos viendo en la realidad de nuestro tiempo. En muchos países,
los musulmanes tienen buena salud y riqueza y, sin embargo, se ven
impedidos de poder peregrinar debido a otras causas. Sin embargo,
en la tierra en la que vivimos todavía es fácil y
aún no padecemos esas limitaciones, por ello damos gracias
a Allah. Por tanto, quien tenga las condiciones y requisitos, que
los emplee para cumplir con el pilar de la peregrinación.
Cualquiera de vosotros no sabe que le depara el día de mañana.
Nuestro Profeta, que Allah le bendiga y le dé paz, realizó
su hayy una sola vez, en el último año de su vida
“la peregrinación de la despedida”. Y en él
pronunció su famosa jutba conocida como la jutba del
wáda, el discurso de la despedida”. Entre las
cosas que dijo, estaban las siguientes: “!Hombres!
Escuchad mis palabras, pues no sé si volveré a reunirme
con vosotros después de este año, en este lugar, nunca
más”.
Y en estas palabras se percibe que él ya sentía su
marcha de este mundo en un tiempo corto para reunirse con su Señor
y por eso sus palabras fueron profundas, cargadas de preocupación,
interés y amor por su comunidad, sinceras y llenas de consejo,
con el mayor celo de procurarle a su comunidad la felicidad.
Siguió diciendo: “!Hombres! Vuestra sangre
y vuestras riquezas y vuestro honor son sagradas entre vosotros
hasta el día en que os reunáis con vuestro Señor,
del mismo modo que son sagrados este día, en este lugar y
este mes”.
Estos son los derechos del hombre, los verdaderos “derechos
humanos”. La sangre del musulmán es haram para el musulmán,
la riqueza del musulmán es haram para el musulmán,
excepto si se toma con su consentimiento. El Profeta, que Allah
le bendiga y le dé paz, clarifica que la balanza de la verdad
con la que se pesarán los actos de los hombres en el Día
del Levantamiento, es la balanza de la taqua (tener temor de Allah).
No será la balanza de la riqueza, ni de la fama, ni de la
posición social. Todas esas cosas no tendrán ningún
valor en la transacción del hombre con su Señor. Y
las pretensiones de la época de la ignorancia, y las cosas
de las que los hombres presumían en ella, son todas vías
de acceso al Fuego.
Dijo el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le dé
paz: “Allah os ha librado de la ignorancia de la yahiliya
y del orgullo por vuestro linaje y por vuestros antepasados. Los
hombres son de dos tipos: el creyente que se guarda por temor de
Allah y el degenerado que sufrirá el infortunio. Sois descendientes
de Adam y Adam procede de la tierra”. (Hadiz transmitido
por Al-Bazzar).
¿Acaso se dan cuenta los hombres, y son conscientes de que
la valía del ser humano se mide por su sometimiento a su
Creador? ¿Es consciente el hombre de que no vale nada sino
es por el Islam? El hombre, cuando no se somete a Allah, llega a
ser más bajo que los animales.
Después dijo: “Verdaderamente que todas las
prácticas y costumbres de la época de yahiliya
han quedado suprimidas, bajo mi pie. La sangre derramada en los
tiempos de yahiliya queda suprimida, la usura de la era
de yahiliya queda eliminada, y la primera usura que doy
por eliminada y abrogada es la usura de mi tio Al Abbas Ibn Abdul
Muttalib. Todo ello queda invalidado”.
Aquí, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le dé
paz, anuncia que todas las prácticas que eran causa de orgullo
y costumbres y tradiciones de la época de la ignorancia,
como esclavizar a los hombres y las leyes falsas e injustas…todo
ello lo declaró invalidado bajo sus pies. Él lo declaró
suprimido y abrogado. Mencionó que había prohibido
la usura por mandato de su Señor. Es suficiente factor de
rechazo y abominación de la práctica de la usura,
el hecho de que la usura acrecienta la riqueza del rico a costa
de los apuros y necesidades de los pobres y aumenta la pobreza de
los pobres. Y este asunto se ha convertido en un tema dominante
en nuestra época. Hay naciones que se sirven de los procedimientos
usureros para someter y esclavizar a naciones pobres, haciéndolas
permanecer ligadas a ellas en una relación de dependencia
prolongada. La economía que se sustenta sobre las prácticas
de la usura, el ansia de ganancias sin restricciones, no puede durar
por mucho tiempo, pues se fundamenta en la injusticia y el dominio
parasitario de unos sobre otros. Lo mismo ocurre a nivel de los
individuos. Algunos se dedican a la usura sin preocuparse de nada,
no preguntan sobre cuales son los límites y las normas de
la Sharía y del Dín en sus transacciones. Y, sin embargo,
nuestro Profeta, que Allah le bendiga y le dé paz, dijo:
“Un dirham ganado con usura, del que se alimenta una
persona, es para Allah un delito más grave que treinta y
seis actos de fornicación”. Y también
dijo: “ La usura tiene setenta y dos formas, la más
leve es como fornicar con la propia madre”.
¿Puede haber una amonestación más severa y
puede imaginarse una condena más elocuente de la usura que
esta? Otras palabras del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga
y le dé paz, en su jutba del wadá o jutba de la despedida,
fueron las siguientes: “Os encomiendo que tratéis
bien a las mujeres”.
Él, la paz y las bendiciones de Allah sean con él,
estaba dando un rango de honor y respeto a la mujer, que había
padecido una condición miserable durante la época
de yahiliya. El Islam le otorga respeto y dignidad a la mujer como
hija, como esposa, como hermana y como madre. Acerca de la hija,
dice, la paz y las bendiciones de Allah sean con él: “No
habrá hombre de mi comunidad que se ocupe de la crianza de
tres hijas o de tres hermanas y las trate con bondad, sin que ello
sea una barrera que le proteja del fuego”. Y acerca
de la esposa, dijo: “Los mejores de vosotros son los
que mejor tratan a las mujeres de su casa. Y yo soy el mejor de
vosotros con sus mujeres”. Y acerca de las madres,
dijo: “Allah os exhorta a honrar a vuestras madres”.
Y lo repitió tres veces. Y a un hombre que quería
participar en una expedición militar dejando a su madre,
le dijo: “Quedaté con ella, pues a sus pies
está el Jardín del Paraíso”.
Y a otro le dijo: “Quedaté con ella, pues el
Jardín está bajo sus pies”. Pero esto
no es todo. La mujer en la ley del Islam tiene exactamente la misma
consideración que el hombre en recompensas y castigos y en
responsabilidades y méritos. La Sharía le otorga derechos
de poseer propiedades, comprar y vender. Como respeto y honor hacia
la mujer, su mantenimiento económico es obligatorio para
el padre o para quien tenga la tutela mientras es joven; cuando
se casa, esa obligación recae sobre su esposo, aunque ella
sea rica. Nunca una ley ha dado tanta dignidad y respetado tanto
a la mujer como lo ha hecho el Islam ni tampoco ninguna religión.
En los días gloriosos del Islam, la mujer era sabia, maestra,
poeta, mujer de jurisprudencia, de cultura y de influencia. El respeto
y la dignidad de la mujer empezaron a devaluarse cuando se le dijo:
“libérate, progresa”. Es decir: “!Rebélate!
Y si quieres ser moderna, abandona el Dín”. El poder
y la fuerza pertenecen a Allah.
Siervos de Allah. ¡Tened temor de Allah! Aprovechad la oportunidad
de realizar la peregrinación a la Casa de Allah.
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¡Musulmanes! Las últimas palabras del Discurso de la
Despedida del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le dé
paz, fueron: "¡Hombres! Escuchad mis palabras
y sed inteligentes. Yo he transmitido. Os he dejado algo que si
os aferráis a ello, no os desviaréis. Aquello que
si os aferráis a ello, no podréis desviaros. Son:
El libro de Allah y la práctica de su Mensajero”.
El Profeta, que Allah le bendiga y le dé paz, estaba dejando
a sus compañeros sus últimas recomendaciones y estaba
también despidiéndose de ellos. La vida iba a continuar
después de él. Él les tranquiliza de que no
deben temer extraviarse mientras estén aferrados al libro
de Allah y a la Sunnah de su Profeta. En ambos tenían una
garantía que les iba a proteger contra toda desgracia y contra
toda desviación y una cura y un remedio que podrían
aplicar a todo cuanto surgiera nuevo en sus vidas.
Por esa razón, la validez de aferrarse al Dín no está
restringida a una época particular. El Dín es válido
en todos los tiempos y en todo lugar. Lo que hoy padecen los musulmanes
de desesperación, el sentimiento de fracaso e impotencia
se debe a su abandono y negligencia en el Dín. Y así
seguirán hasta que retornen a su Señor con un retorno
sincero y auténtico.
Cuando concluyó su discurso, llamó a la gente, la
paz y las bendiciones de Allah sean con él, diciendo: “Sabed
que todo musulmán es hermano del musulmán. Por consiguiente,
nadie puede tomar de su hermano nada excepto lo que él le
dé de buen grado. No os oprimáis. ¡Oh Allah!
he transmitido: “Cuando se os pregunte acerca de mi. ¿Qué
vais a decir? Las voces se alzaron a su alrededor diciendo:
“Damos testimonio de que has transmitido, has cumplido y has
aconsejado”. Entonces levantó su mirada y señaló
al cielo con el dedo diciendo: “!Oh Allah! Da testimonio.
¡Oh Allah! Da testimonio. ¡Oh Allah! Da testimonio”.
Nosotros damos testimonio de que nuestro Profeta y Mensajero Muhammad,
la paz y las bendiciones de Allah sean con él, transmitió
y entregó el mensaje y aconsejó a su comunidad. Que
Allah le recompense por lo que nos ha dejado con la mejor recompensa
que Allah haya dado jamás a un Profeta en virtud de su comunidad.
Y que Allah haga rectos nuestros estados y nuestros actos y los
estados y los actos de todos los musulmanes. Y que nos cubra con
Su Misericordia, Su Sutileza y Su Generosidad. Él tiene Poder
sobre todas las cosas.
Y que Allah bendiga a nuestro Profeta Muhammad, a su familia y a
sus compañeros.
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