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LA
HISTORIA DE ABRAHAM (IBRAHIM)
Extraido del libro: Historias De Los Profetas,
del Imam Ibn Kathir (701-774) A.H. – (1301-1372) A.
J.
La historia de Ibrahim (la paz sea con él)
Algunas
de las Gentes del Libro dicen que su nombre fue Ibrahim Ibn
Tarikh, Ibn Nahur, Ibn Sarough, Ibn Raghu, Ibn Phaligh, Ibn
‘Aher, Ibn Shalih, Ibn Arfghshand, Ibn Sam, Ibn Noah.
Dicen que cuando Tarikh tenía setenta y cinco años
tuvo a Ibrahim, Nahor (Nohour) y Haran. Haran tuvo un hijo
llamado Lot (Lut). Cuentan que Abraham era el segundo, y que
Haran murió mientras aun vivía su padre, en
la tierra donde nació, la tierra de los caldeos (Al-Kaldanieen),
también conocida como Babilonia. En aquel tiempo mucha
gente adoraba a ídolos de piedra y madera, otros adoraban
a los planetas, las estrellas, el Sol y la Luna, y otros incluso
adoraban a sus reyes y gobernantes.
Ibrahim nació en ese ambiente, en una típica
familia de la antigüedad. Sin embargo, el jefe de la
familia no era cualquier idólatra, sino que era alguien
que rechazaba completamente a Allah y acostumbraba a hacer
ídolos con sus propias manos. Algunas tradiciones dicen
que el padre de Ibrahim murió antes de que él
naciera y que fue criado por un tío al que Ibrahim
llamaba padre. Otras tradiciones dicen que su padre estuvo
con vida y se llamó Azer.
En esa familia nació Ibrahim, destinado a enfrentarse
con su propia familia, y con todo el sistema que había
en su comunidad. En definitiva, se enfrentó a toda
clase de idolatría.
Estaba dotado de conocimiento espiritual desde temprana edad.
Allah iluminó su corazón y su mente y le dio
sabiduría desde su niñez. Allah, Todopoderoso,
dice en el Generoso Coran:
“Y ciertamente dimos en la antigüedad a
Ibrahim (parte de) la guía correcta, y estábamos
bien informados de él (con respecto a su creencia
en la unidad de Allah, etc.)” (1).
En su temprana infancia, Ibrahim se dio cuenta de que su padre
hacía esculturas extrañas. Un día le
preguntó acerca de qué era lo que había
hecho. Su padre le respondió que hacía estatuas
de dioses. Ibrahim quedó sorprendido y rechazó
espontaneamente la idea. De niño jugaba con tales estatuas,
sentándose en sus espaldas como la gente se sienta
en las espaldas de los asnos y las mulas.
Un día, su padre le vio cabalgando la estatua de Mardukh
y se puso furioso. Le ordenó a su hijo que no jugara
más con él.
Ibrahim preguntó: “¿Padre, qué
es esta estatua? Tiene orejas grandes, más grandes
que las nuestras”.
Su padre le dijo: “¡Es Mardukh, hijo, el dios
de dioses! Ésas orejas grandes muestran su gran conocimiento”.
Esto le hizo reír a Ibrahim. Tenía sólo
siete años en ese entonces.
Pasaron los años e Ibrahim creció. Desde pequeño,
su corazón estaba lleno de rechazo por estos ídolos.
No podía comprender como una persona cuerda podía
hacer una estatua y luego adorar lo que él mismo había
hecho. Observó que estos ídolos no comían,
no bebían ni hablaban, y que no podían levantarse
si es que alguien les ponía hacia abajo. ¿Cómo
era, entonces, que la gente podía creer que esas estatuas
podían dañarlos o beneficiarlos?
El pueblo de Ibrahim tenía un gran templo lleno de
ídolos, en cuyo centro había un nicho en el
que se colocaban los dioses más importantes, de diferentes
tipos, características y formas. Ibrahim, que solía
ir al templo con su padre cuando era niño, despreciaba
grandemente toda esa piedra y esa madera. Le sorprendía
la manera en que su gente se comportaba cuando entraban al
templo: se reclinaban y empezaban a llorar, suplicando e implorando
ayuda a sus dioses, como si esos ídolos pudieran oír
o entender sus súplicas.
Al principio, ese espectáculo le divertía, pero
luego Ibrahim se enojaba por ello. ¿No era asombroso
que toda esa gente pudiera ser engañada? A este problema,
se añadía el hecho de que su padre quería
que él fuera un sacerdote cuando creciera. Quería
únicamente de su hijo que reverenciara esas estatuas,
y sin embargo Ibrahim nunca cesó de sentir odio y desprecio
por las mismas.
Una noche Ibrahim dejó su casa para ir a una montaña.
Estuvo caminando solo en la oscuridad hasta que optó
por ir a una cueva en la montaña, donde se sentó,
apoyando su espalda contra la pared. Miró hacia el
cielo. Apenas había comenzado a mirarlo cuando recordó
que esos planetas y estrellas que miraba eran adorados por
muchas gentes en la tierra. Su joven corazón sintió
pánico. Entonces pensó en lo que está
más allá de la luna, las estrellas y los planetas
(es decir, Allah) y se asombró de que estos cuerpos
celestes fueran adorados por los hombres, cuando los mismos
habían sido creados para adorar y obedecer a su Creador,
apareciendo y desapareciendo según su Mandato.
Entonces Ibrahim se dirigió hacia la gente que adoraba
los cuerpos celestiales, como Allah, el Poderoso, ha revelado:
“Y así mostramos a Ibrahim el reino de
los cielos y de la tierra, para que fuera de los convencidos.
Cuando le cubrió la noche, vio una estrella y dijo:
"Éste es mi Señor". Pero cuando desapareció,
dijo: "No amo a lo que se desvanece". Cuando vio
la luna que salía, dijo: "Éste es mi Señor".
Pero al ver que desaparecía, dijo: "Si mi Señor
no me guía, seré ciertamente de los extraviados".
Cuando vio el sol que salía, dijo: "¡Éste
es mi Señor! ¡Éste es mayor!". Pero
cuando se ocultó dijo: "¡Gente mía,
soy inocente de lo que asociáis a Allah!. En verdad,
vuelvo mi rostro, como hanif (que adora sólo a Allah),
hacia Quien ha creado los cielos y la tierra. Y no soy de
los que asocian".
“Su pueblo disputó con él. Y él
Dijo: "¿Me discutís sobre Allah cuando
Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis.
(Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera
algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las
cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?”.
“¿Y cómo habría de temer lo que
Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar
con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros
ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene
más motivos para estar a salvo, si sabéis ...?”.
“Aquellos que creen y no empañan su creencia
con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad,
los que están guiados. Ésta es Nuestra Prueba,
que dimos a Ibrahim sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos
en grados. Es cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor”.
(2)
En dicho debate, Ibrahim dejó en claro a su gente que
los cuerpos celestes no son deidades y no pueden ser adorados
como si fueran asociados de Allah, el Poderoso. Ciertamente,
tales objetos son cosas creadas, ideadas, controladas, manejadas
y puestas al servicio. Aparecen y desaparecen en ciertos momentos,
perdiéndose de vista de nuestro mundo. Sin embargo,
Allah, el Poderoso, nada pierde de vista y nada puede ocultársele.
Él no tiene fin, y no desaparece. No hay más
deidad que Allah.
Ibrahim les dejó en claro, en primer lugar, que los
cuerpos celestes no son objetos para ser adorados y, en segundo
lugar, que ellos están entre los signos de Allah. Allah,
el Poderoso, ordenó:
“Entre Sus signos están la noche y el
día, el sol y la luna. No os postréis ni ante
el sol ni ante la luna sino postraos ante Allah que es Quien
los ha creado, si sólo a Él lo adoráis”.
(3)
El razonamiento de Ibrahim ayudó a revelar la verdad,
y así empezó el conflicto entre él y
su gente, pues los adoradores de las estrellas y los planetas
no permanecieron callados. Empezaron a argumentar contra Ibrahim
y a amenazarlo.
Ibrahim replicó:
"¿Me discutís sobre Allah cuando
Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis.
(Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera
algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las
cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?”.
“¿Y cómo habría de temer lo que
Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar
con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros
ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene
más motivos para estar a salvo, si sabéis ...?”.
“Aquellos que creen y no empañan su creencia
con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad,
los que están guiados.” (4)
En el primer grupo están representados los encubridores,
aquellos que adoraban los cuerpos celestes. La situación
siguiente muestra al segundo grupo, aquellos que practicaban
la idolatría.
Allah dio a Ibrahim el razonamiento necesario la primera vez
así como cada vez que él argumentaba con su
gente. Allah, el Poderoso, dijo:
“Ésta es Nuestra Prueba, que dimos a Ibrahim
sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos en grados. Es
cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor”. (5)
Ibrahim hizo lo que pudo para que su gente atendiera a la
creencia en la unidad de Allah, el Poderoso, y a adorarle
sólo a Él. Les pidió firmemente que renunciaran
a la adoración a los ídolos. Le dijo a su padre
y a su gente:
“¿Qué son estas estatuas a las
que dedicáis vuestra adoración? Le dijeron:
Encontramos a nuestros padres adorándolas. Él
dijo: Realmente vosotros y vuestros padres estáis en
un evidente extravío. Le dijeron: ¿Nos traes
la verdad o eres de los que juegan? Él dijo: Muy al
contrario. Vuestro Señor es el Señor de los
Cielos y de la Tierra, el que los creó. Y yo soy uno
de los que dan testimonio de ello”. (6)
Entonces todo se rompió entre Ibrahim y su gente, y
empezó una pugna. El más asombrado y furioso
era su padre (o su tío que lo había criado),
pues, como se sabe, no sólo adoraba ídolos sino
que los esculpía y los vendía. Ibrahim sintió
que era su deber, como hijo, advertir a su padre respecto
a ese proceder de manera que pudiera librarse del castigo
de Allah.
Como hijo sabio, ni ridiculizó a su padre ni se burló
de su conducta. Declaró amarlo, esperando el amor paternal.
Entonces le preguntó en buenas maneras por qué
adoraba ídolos sin vida que no podían escucharle,
verle o protegerle. Y antes de que su padre se enfureciera,
se apresuró en añadir:
“¡Padre! Me ha llegado un conocimiento
que no te ha llegado a ti, sígueme y te guiaré
por un camino llano. ¡Padre! No adores al Shaytán.
Shaytán ha sido rebelde con el Misericordioso. ¡Padre!
Temo de verdad que te llegue un castigo del Misericordioso
y seas de los que acompañen al Shaytán. (Su
padre) Le dijo: ¿Acaso desprecias a mis dioses, Ibrahim?
Si no dejas de hacerlo, te lapidaré. Aléjate
de mi durante mucho tiempo. Ibrahim dijo: La paz sea contigo.
Pediré perdón por ti a mi Señor. Es cierto
que Él es complaciente conmigo. Me alejaré de
vosotros y de lo que adoráis fuera de Allah”.
(7)
El fuerte trato de su padre no impidió que Ibrahim
comunicara el mensaje de la verdad. Enojado y triste de ver
a la gente postrarse ante ídolos, tomó la determinación
de erradicar estas prácticas y fue a la ciudad a enseñar
a la gente, sabiendo muy bien que podría sufrir daños.
Cual doctor experto que busca la causa de la enfermedad a
fin de prescribir la cura adecuada, o como un juez que interroga
agudamente al acusado a fin de averiguar la verdad, Ibrahim
les preguntó: “¿Los ídolos les
ven cuando se postran ante ellos? ¿Les proporcionan
beneficios de alguna manera?”. Ellos rápidamente
trataron de defender sus creencias. Alegaron que sabían
que sus ídolos no tenían vida, pero que vieron
a sus antepasados adorándoles; esto era, para ellos,
una razón suficiente para mantener su actitud idólatra.
Ibrahim les explicó que sus antepasados estaban equivocados.
Esto les enfureció y replicaron: “¿Estás
condenando a nuestros dioses y a nuestros antepasados? ¿O
sólo estás bromeando?”.
Ibrahim no se atemorizó, sino que respondió:
“Lo digo en serio. Vengo a ustedes con un conocimiento
verdadero. He sido enviado con la guía de nuestro Señor,
El Único digno de adoración, el Creador de los
Cielos y la Tierra, el que gobierna todos los aspectos de
la vida, muy distinto en esto a los ídolos mudos, que
son sólo de piedra y madera”.
Para convencerlos de que los ídolos no podían
dañarle, les desafió: “Les he condenado;
¡si tuvieran algún poder ya deberían haberme
dañado!”.
Allah, el Poderoso, dice:
“Recítales la historia de Ibrahim. Cuando
le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué es lo
que adoráis? Le dijeron: Adoramos ídolos a quienes
continuaremos aferrados. Él dijo: ¿Acaso os
escuchan cuando los invocáis? ¿U os auxilian
u os perjudican? Dijeron: No, pero encontramos a nuestros
padres que así hacían.”
“Él dijo: ¿Habéis visto lo que
adoráis vosotros y vuestros padres antiguos? Ellos
son mis enemigos, al contrario del Señor de los Mundos.
Que me creó y me guía. Que me alimenta y me
da de beber y que, cuando estoy enfermo, me cura. Y el que
me hará morir y luego me devolverá a la vida.
Y de Quien espero con anhelo que me perdone las faltas el
Día de la Rendición de Cuentas”. (8)
En otra sura Allah reveló:
“Y (recuerda a) a Ibrahim, cuando le dijo a
su gente: “Adorad a Allah y temedle, ello es mejor para
vosotros si sabéis. En lugar de Allah vosotros adoráis
sólo ídolos. Estáis creando una mentira.
Ésos que adoráis fuera de Allah no tienen poder
para daros sustento. Así pues, buscad la provisión
junto a Allah y adoradlo y agradecedle. A él habréis
de volver. Pero si negáis la verdad ... Ya lo hicieron
naciones anteriores a vosotros. Al Mensajero sólo le
incumbe transmitir con claridad”.
¿Es que no ven cómo Allah crea una vez de la
nada y luego lo hace de nuevo? Eso es simple para Allah.
Di: “Id por la tierra y mirad cómo empezó
la creación. Luego Allah hará surgir la última
creación. Allah tiene poder sobre todas las cosas”.
Castiga a quien quiere y se apiada de quien quiere. A Él
habréis de retornar. No tenéis escape alguno
ni en la tierra ni en el cielo. Ni tenéis protector
o defensor fuera de Allah. Y los que se niegan a creer en
los signos de Allah y en el encuentro con Él, ésos
desesperan de Mi misericordia y tendrán un doloroso
castigo”. (9)
Ibrahim les explicó la belleza de la creación
de Allah, su Poder y Sabiduría. La adoración
de ídolos es detestable para Allah, pues Allah es el
Señor del Universo, El Creador de la humanidad, Quien
guió a Ibrahim, le dio alimento y bebida, y le curó
cuando estaba enfermo, Quien le hará morir y le dará
vida nuevamente. Es Él a Quien Ibrahim adoraba y Quien
le perdonaría sus errores el Día del Juicio.
De todos modos, ellos no hicieron más que aferrarse
firmemente a la idolatría.
Ibrahim abandonó la casa de su padre y abandonó
a su gente y a lo que adoraban. Decidió hacer algo
respecto a la incredulidad de ellos, pero lo mantuvo oculto.
Sabía que iba a haber una gran celebración en
la otra orilla del río a la que concurriría
mucha gente. Ibrahim esperó hasta que la ciudad estuvo
vacía, y entonces salió sigilosamente, dirigiéndose
hacia el templo. Las calles conducentes allí estaban
vacías y el templo mismo se encontraba desierto, ya
que los sacerdotes también se habían ido al
festival en las afueras de la ciudad.
Ibrahim llegó allí portando un hacha bien afilada.
Miró a las estatuas de los dioses de piedra y madera
y a la comida que se ponía frente a ellos como ofrendas.
Se acercó a una de las estatuas y preguntó:
“La comida que te han puesto se está enfriando.
¿Por qué no la comes?”. La estatua se
mantuvo en silencio y rígida. Ibrahim preguntó
a las otras estatuas a su alrededor:
“¿Es que no vais a comer (las ofrendas)?”.
(10)
Las estaba ridiculizando pues sabía que no comerían.
Nuevamente les preguntó:
“¿Qué ocurre que no hablais?”.
(11)
Levantó su hacha y empezó a destrozar a esos
falsos ídolos que adoraba la gente. Los destruyó
a todos excepto a uno, en cuyo cuello colgó el hacha.
Hecho esto, su ira se calmó y quedó en paz.
Entonces salió del templo. Había cumplido con
su deseo de mostrar a su gente el absurdo de adorar otra cosa
que Allah.
Cuando la gente regresó, se quedaron sumamente impresionados
al ver a sus ídolos destrozados en pedazos, dispersos
por todo el templo. Empezaron a adivinar quién habría
hecho esto a los ídolos y el nombre de Ibrahim les
vino a la mente.
Allah, el Poderoso, dice:
“Dijeron: ¿Quién ha hecho esto
con nuestros dioses? Ciertamente es un injusto. Dijeron: Hemos
oído a un joven referirse a ellos, le llaman Ibrahim.
Dijeron: Traedlo a la vista de todos. Quizá pueda atestiguar.
Dijeron: ¿Eres tú el que ha hecho esto con nuestros
dioses, Ibrahim? Dijo: No; ha sido éste, el mayor de
ellos. Preguntadles, si es que pueden hablar.”
“Volvieron sobre sí mismos y se dijeron entre
sí: En verdad sois injustos. Luego, recayendo en su
estado anterior de kufr, dijeron: Sabes perfectamente que
éstos no hablan. Dijo: ¿Entonces adoráis
fuera de Allah lo que ni os beneficia ni os perjudica en nada?
¡Lejos de mi vosotros y lo que adoráis fuera
de Allah! ¿Es que no podéis razonar?”.
(12)
Furiosos, reclamaron que se arrestara y enjuiciara a Ibrahim.
Éste no opuso resistencia. Era precisamente lo que
quería, a fin de poder mostrar en público lo
absurdo de sus creencias.
Le preguntaron, en el juicio, si él era responsable
del destrozo de los ídolos. Sonriendo, les respondió
que le preguntaran al ídolo más grande, que
aún estaba entero. Les dijo que él debía
ser el culpable. Le respondieron que sabían bien que
el ídolo no podía hablar ni moverse, lo que
le dio a Ibrahim la oportunidad de probar la ridiculez de
adorar a esos objetos sin vida.
Entonces, ellos se dieron cuenta del sinsentido de sus creencias;
sin embargo, la arrogancia no les permitía admitir
su error. Lo único que pudieron hacer fue usar su poder
de autoridad –como hacen usualmente los tiranos- para
castigar a Ibrahim. Lo encadenaron y planearon su venganza.
El odio quemaba sus corazones. Decidieron lanzar a Ibrahim
al fuego más grande que pudieran construir. Se ordenó
a todos los ciudadanos que juntaran madera como servicio a
sus dioses. En su ignorancia, las mujeres enfermas hicieron
la promesa de que si se curaban darían mucha madera
para quemar a Ibrahim. Durante muchos días se estuvo
juntando el combustible.
Cavaron un hoyo profundo, que se llenó con madera de
quemar que prendieron. Trajeron una catapulta con la que lanzar
a Ibrahim al fuego. Metieron a Ibrahim en la catapulta, con
las manos y los pies atados. El fuego ya estaba listo, con
sus llamas llegando al cielo. La gente se quedó lejos
del hoyo debido al gran calor que hacía. Entonces,
el sacerdote principal dio la orden de lanzar a Ibrahim al
fuego.
El ángel Gabriel se puso cerca de la cabeza de Ibrahim
y le preguntó: “Oh Ibrahim, ¿deseas algo?”.
Ibrahim le respondió: “De ti, nada”.
Se lanzó la catapulta, y se envió a Ibrahim
al fuego, pero su descenso a las llamas fue un descenso gradual
a un jardín fresco. Las llamas aún estaban allí,
pero no quemaban, porque Allah, el Poderoso, había
dado esta orden:
“¡Fuego! Sé frescura y seguridad
para Ibrahim”. (13)
El fuego se sometió a la voluntad de Allah, volviéndose
frescor y seguridad para Ibrahim. Sólo quemó
sus ataduras. Y se sentó en medio del fuego como si
se estuviera sentando en un jardín. Se puso a glorificar
y a alabar a Allah, el Poderoso, con su corazón lleno
únicamente de amor por Allah. No había allí
lugar alguno para el temor, el pavor o la pena. Estaba lleno
únicamente de amor.
El temor y el espanto se habían muerto, y el fuego
se había vuelto frescura, haciendo agradable el aire.
Aquellos que aman a Allah como Ibrahim, no temen.
Allah, el Poderoso, declaró:
“Aquellos (creyentes) a los que dijo la gente:
Los hombres se han reunido contra vosotros; tenedles miedo.
Pero esto no hizo sino incrementar su confianza y dijeron:
¡Allah es Suficiente para nosotros! ¡Y qué
excelente Guardián! Y regresaron con una gracia y favor
de Allah; ningún mal les había tocado. Siguieron
lo que complace a Allah, y Allah es Dueño de un favor
inmenso. Así es con vosotros el Shaytán, les
atemoriza con sus amigos. Pero, si sois creyentes, no les
temáis a ellos, temedme a Mí”. (14)
La multitud, los hombres de importancia y los sacerdotes se
sentaron a observar el fuego a distancia. Éste les
quemaba las caras y prácticamente les estaba asfixiando.
Se mantuvo ardiendo por tal tiempo que los incrédulos
pensaron que nunca se extinguiría.
Cuando terminó de arder, se quedaron enormemente sorprendidos
de ver a Ibrahim venir del hoyo sin haber sido tocado por
el fuego. Sus caras estaban negras por el humo, pero la de
él estaba luminosa con la luz y la gracia de Allah.
El fuego furioso se había vuelto frescura para Ibrahim
y sólo había carbonizado las cuerdas que le
ataban. Salió del fuego como si estuviera saliendo
de un jardín. Los idólatras gritaron de asombro.
“Quisieron dañarle, pero Nosotros les
hicimos los perdedores”. (15)
El milagro asombró a los tiranos, pero la llama de
odio de sus corazones no se enfrió. De todos modos,
después de este suceso, varias personas siguieron a
Ibrahim, aunque algunos mantuvieron en secreto su creencia
por temor a sufrir daños o a ser muertos en manos de
los gobernantes.
Cuando el rey Namrud escuchó cómo Ibrahim había
escapado exitosamente al fuego montó en cólera.
Temió que el estatus de divinidad que proclamaba para
sí mismo se cambiara ahora por el de un ser humano
corriente. Convocó a Ibrahim a palacio y mantuvo un
diálogo con él que Allah, el Poderoso, nos relata:
“¿No has visto a aquel que, porque Allah
le había dado soberanía, desafió a Ibrahim
discutiéndole a su Señor? Dijo Ibrahim: Mi Señor
da la vida y da la muerte. Dijo él: Yo doy la vida
y doy la muerte. Dijo Ibrahim: Allah trae el sol desde el
oriente, tráelo tú desde occidente. Y el kafir
que se negaba a creer se quedó sin habla. Allah no
guía a los que son injustos”. (16)
La fama de Ibrahim se extendió por todo el Imperio.
La gente hablaba de cómo se había salvado del
fuego y de cómo había hablado con el rey y le
había dejado sin argumentos. Mientras tanto, Ibrahim
seguía llamando a la gente a Allah, haciendo un gran
esfuerzo para guiar a su gente por el camino recto.
Trató por todos los medios de convencerlos. Sin embargo,
a pesar de su amor y el cuidado que tenía por su gente,
éstos se enfadaron y le dejaron. Sólo un hombre
y una mujer de su gente compartían su creencia en Allah.
El nombre de la mujer era Sarah, y se hizo su esposa. El nombre
del hombre era Lut (Lot), y era un profeta.
Cuando Ibrahim comprendió que nadie más seguiría
su llamada, decidió emigrar. Dejó su pueblo
y viajó con su esposa y con Lut a una ciudad llamada
Ur, de ahí a otra llamada Haran, y de ahí a
Palestina.
Allah, el Poderoso, dijo:
“Y Lut Creyó en él (en Ibrahim).
Él (Ibrahim) dijo: He de emigrar por mi Señor,
es cierto que Él es el Inigualable, el Sabio”.
(17)
Luego de estar en Palestina, Ibrahim viajó a Egipto,
llamando a la gente a creer en Allah por dondequiera que iba,
juzgando rectamente entre la gente y guiándoles a la
verdad y la justicia.
Abu Hurairah relata que Ibrahim no mintió sino solamente
en tres ocasiones, dos de ellas por causa de Allah, cuando
dijo: “Estoy enfermo”, (18) y
cuando dijo: “(No lo he hecho sino que) este ídolo
grande lo hizo”. La tercera fue cuando Ibrahim y Sarah
(su esposa), en un viaje, pasaron por el territorio de un
tirano. Alguien le dijo al tirano: “Este hombre (es
decir, Ibrahim) está acompañado de una mujer
fascinante”. Entonces, envió por Ibrahim y le
preguntó acerca de Sarah diciendo: “¿Quién
es esta dama?”. Ibrahim dijo: “Es mi hermana”.
Ibrahim fue donde Sarah y le dijo: “¡Oh Sarah!
No hay más creyentes sobre la faz de la tierra que
tú y yo. Este hombre me preguntó acerca de ti
y le he dicho que eres mi hermana; no contradigas lo que le
dije”. El tirano entonces llamó a Sarah, y cuando
ella fue donde él, trató de retenerla con su
mano, pero (su mano se puso rígida y) quedó
confundido. Le pidió a Sarah: “Ruega a Allah
por mi y no te haré daño”. Entonces Sarah
pidió a Allah que se curara y quedó curado.
Trató de tomarla por segunda vez pero (su mano se puso
tan o más rígida que la vez anterior y) quedó
más confundido. Le pidió nuevamente a Sarah:
“Ruega a Allah por mi y no te haré daño”.
Sarah pidió a Allah nuevamente por él y el hombre
quedó bien. Entonces él llamó a uno de
sus guardias, (el que la había traído) y le
dijo: “No me has traído a un ser humano, sino
que me has traído a un demonio”. El tirano le
regaló a Sarah, como doncella sirviente, a Hajar. Sarah
regresó (donde Ibrahim) mientras él estaba rezando.
Ibrahim, haciendo un gesto con su mano, le dijo: “¿Qué
ha pasado?”. Ella respondió: “Allah estropeó
el turbio plan del kafir y me dio a Hajar en servidumbre”.
Abu Hurairah se dirigió entonces a los que le escuchaban
diciendo: “Ésa (Hajar) es vuestra madre, Oh Bani
Ma-is-Sama (es decir, los árabes, descendientes de
Ismail, hijo de Hajar)”.
Sarah, la esposa de Ibrahim, era estéril. Había
recibido a Hajar, que era egipcia, como su sirviente. Ibrahim
había envejecido, y su cabello ya estaba gris después
de muchos años dedicados a llamar a la gente a Allah.
Sarah pensó que ella e Ibrahim se encontraban solos
porque ella no podía concebir un hijo. Por tanto, ofreció
a su esposo a su sirviente, Hajar, en matrimonio. Hajar dio
a luz a su primer hijo, Isma’il (Ismael), cuando Ibrahim
era ya un hombre de avanzada edad.
Ibrahim vivió en la tierra adorando a Allah y llamando
a la gente al tawhid, pero ya estaba viajando hacia Allah,
conocedor de que sus días en la tierra eran limitados
y que serían seguidos por la muerte y, finalmente,
la resurrección. El conocimiento de la vida después
de la muerte llenaba a Ibrahim de paz, amor y certeza.
Un día, él imploró a Allah que le mostrara
cómo haría para resucitar a los muertos. Allah
le ordenó a Ibrahim que tomara cuatro aves, las cortara
en pedazos, mezclara las partes de sus cuerpos, las dividiera
en cuatro grupos, y los colocara a cada uno en la cima de
cuatro montes diferentes, y que entonces llamara a las aves
en el nombre de Allah. Ibrahim hizo como se le dijo. De inmediato,
las partes mezcladas de las aves se separaron para unirse
a sus cuerpos originales en diferentes lugares, y las aves
volaron hasta donde estaba Ibrahim.
Allah, el Poderoso, reveló:
“Y (recuerda) cuando Ibrahim dijo: ¡Señor
mío! Déjame ver cómo resucitas lo que
está muerto. Dijo: ¿Acaso no crees? Dijo: Por
supuesto que sí, pero es para que mi corazón
se tranquilice. Dijo: Toma, entonces, cuatro pájaros
distintos, córtalos en pedazos y, a continuación,
pon un pedazo en cada monte y luego llámalos. Vendrán
a ti en el acto. Y sabe que Allah es Poderoso, Sabio”.
(19)
(1). Sura 21: 51. (2). Sura 6: 75-83. (3). Sura 41: 37. (4).
Sura 6: 80-82. (5). Sura 6: 83. (6). Sura 21: 52-56. (7).
Sura 19: 43-48. (8). Sura 26: 69-82. (9). Sura 29: 16-23.
(10). Sura 37: 91. (11). Sura 37: 92. (12). Sura 21: 59-67.
(13). Sura 21: 69. (14). Sura 3: 173-175. (15). Sura 21: 70.
(16). Sura 2: 258. (17). Sura 29: 26. (18). Cuando su gente
celebraba un festival en honor de sus dioses, Ibrahim se excusó
(de no poder ir) diciendo que estaba enfermo. (Ver Sura 37:
89). (19). Sura 2: 260.
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