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EL
ZAKAT
Y EL LIDERAZGO DE LOS MUSULMANES
Hayy
Abdalhaqq Bewley
Ciudad del Cabo, Septiembre 2005
“Y
estableced el salat, entregad el zakat
y obedeced al Mensajero para que os pueda dar misericordia”.
(24: 54)
(Y otras 28 referencias similares)
“Los
creyentes y las creyentes son amigos aliados unos de otros,
ordenan lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable,
establecen el salat, entregan el zakat,
y obedecen a Allah y a Su mensajero.
A ésos Allah les hará entrar en Su misericordia;
Es cierto que Allah es Poderoso, Sabio”. (9: 72)
“Coge
sadaqa de sus riquezas
y con ello los limpiarás y los purificarás”.
(9:104)
“Realmente
la sadaqa ha de ser para los necesitados,
los mendigos, los que trabajan en recogerla y repartirla,
para los que tienen los corazones amansados, para rescatar esclavos,
para los indigentes, para la causa en el camino de Allah, y para
el hijo del camino.
Esto es una prescripción de Allah y Allah es Conocedor y
Sabio”. (9: 60)
“Islam
está basado en cinco: Atestiguar que no hay dios sino Allah
y que Muhammad es el Mensajero de Allah, establecer la oración,
pagar el zakat, el ha__ y el ayuno de Ramadán”.
Ibn
‘Abbas dijo: “El Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga
y conceda paz, envió a Mu’adh al Yemen y dijo: ‘Pídeles
que testifiquen que no hay más dios que Allah y que yo soy
el Mensajero de Allah. Si te obedecen en éso, diles entonces
que Allah les ha hecho obligatorias cinco oraciones cada día.
Si te obedecen en éso diles que Allah les ha hecho obligatorio
el Zakat que les será tomado de sus propiedades y entregado
a los pobres’”.
Ibn ‘Umar transmitió que el Mensajero de Allah, a quien
Allah bendiga y conceda paz, dijo: “Me ha sido ordenado combatir
contra la gente hasta que atestiguen que no hay más dios
que Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah, y para que establezcan
la oración y paguen el zakat. Si lo hacen, sus vidas y sus
propiedades estarán a salvo de mí excepto lo que incumba
a los derechos del Islam; y el ajuste de sus cuentas corresponde
a Allah”.
Estas
aleyas y hadices que mencionan el zakat son aceptados por todos
los musulmanes. Nadie niega el papel central del zakat en el Islam
en cuanto pilar indispensable con la misma importancia que la oración;
negarlo sería equivalente a la incredulidad. De hecho, Allah
empareja el zakat y el salat en el Corán casi treinta veces
de forma explícita y muchas más de forma implícita;
los mufassirun dicen que esto indica que las dos acciones son interdependientes,
lo cual significa que la oración no es aceptada a no ser
que el pago del zakat haya sido correcto y viceversa.
Y sin embargo, a pesar de lo esencial de su naturaleza y de la aceptación
nominal por parte de la gente, está absolutamente claro que
la gran mayoría de los musulmanes no conceden al zakat la
suprema importancia que le es debida.
La mayor parte de los musulmanes saben que deberían pagar
algo que se llama zakat. Algunos creen que al pagar el zakat al-fitr
al final de Ramadán ya han cumplido con la obligación
del zakat. Otros muchos saben que el zakat tiene que ver con el
dos y medio por ciento de algo, pero no saben qué. Hay un
grupo considerable que incluso intenta pagarlo, aunque por lo general
lo hacen de una forma un tanto descuidada y, en el mejor de los
casos, se considera un acto obligatorio de caridad individual. Lo
que sí es evidente, es que al zakat no se le trata como si
la validez de sus oraciones dependiera de pagarlo correctamente;
Hay muchos que no le prestan la más mínima atención.
Hay varias razones que explican esta indiferencia actual con respecto
al zakat.
La principal es la situación política de los musulmanes
en el mundo de nuestros días. Mientras Dar al-Islam se mantuvo
como una realidad política unificada, la institución
del zakat conservó su papel integral como parte del tejido
económico de la sociedad musulmana. Sin embargo, la caída
del califato propiciada por los ataques traicioneros de los nacionalistas
turcos y árabes, ayudados e incitados por los kafir que les
pagaban, y el desmembramiento consiguiente de la umma musulmana,
provocaron que la shari’at perdiese su lugar central en la
sociedad musulmana; una de las víctimas más importantes
de esta pérdida fue la institución del zakat.
Las nuevas naciones-estados “musulmanas” estaban basadas
en los modelos políticos y económicos kafir, y sus
gobiernos laicos se aseguraban de que el Islam estuviese definitivamente
relegado al ámbito de lo personal y lo privado. Esto negaba
al zakat su vital estatus fiscal y lo convertía en ese asunto
de piedad personal que, en el mejor de los casos, es lo que ha llegado
a ser.
Pero el zakat es definitivamente un asunto político y no
privado. Es una cuestión que no pertenece a la esfera privada
sino a la pública. Su recaudación y distribución
están relacionadas con el gobierno musulmán y no con
la caridad privada. Esto no puede enfatizarse lo bastante porque,
no sólo ha sido el zakat apartado del ámbito público
sino que además, la mayoría de los musulmanes creen
que así es como debe ser. Este no es el caso en absoluto,
y la incapacidad de comprenderlo ha sido uno de los factores que
más ha contribuido en la debilidad política de los
musulmanes en el mundo actual.
En una de las aleyas de la Surat at-Tawba mencionadas antes, Allah,
glorificado sea, dice a Su Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda
paz:
“Coge sadaqa de sus riquezas y con ello los limpiarás
y los purificarás”.
La palabra “sadaqa” se utiliza en el Corán en
el sentido general de donaciones caritativas y también, en
ciertos contextos, con el significado específico del acto
obligatorio del zakat; los mufassirun están de acuerdo a
la hora de afirmar que esta aleya se refiere al zakat.
Contemplado a la luz de lo que hemos dicho hasta ahora, el elemento
más importante de la aleya es el uso del imperativo del verbo
“coger”. Allah ta’ala ordena a Su Mensajero que
coja el zakat de las personas. Podía haber ordenado a la
gente que lo diera, tal y como ordena en otros lugares, en sentido
generalizado, que den de lo que tienen; no obstante, en este caso
concreto que se refiere al zakat, Allah ordena que se coja.
La confirmación de que este era el significado generalmente
comprendido de la aleya, puede deducirse del hecho siguiente: Tras
la muerte del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, los
árabes que rehusaron pagar el zakat a Abu Bakr, que Allah
esté complacido con él, se basaban en esta aleya aduciendo
que al estar en singular se refería sólo al Profeta,
a quien Allah bendiga y conceda paz, quedando en consecuencia abrogada
con su fallecimiento. Esto no era cierto, por supuesto, ya que hay
muchas aleyas dirigidas al Profeta, a quien Allah bendiga y conceda
paz, que tienen un significado general. No obstante, lo que interesa
señalar, es que era un hecho reconocido que la naturaleza
del zakat no es algo que dan cuando quieren los que deben pagarlo,
sino que era tomado, recaudado por el líder de los musulmanes.
Esta definición se ve aún más confirmada con
las conocidas palabras de Abu Bakr, el primer califa de los musulmanes
a ‘Umar ibn al-Jattab durante el incidente que acabo de mencionar;
cuando ‘Umar aconsejó a Abu Bakr que no luchara contra
las tribus que rehusaban pagar el zakat, éste dijo: “Por
Allah que combatiré a todo aquel que haga una distinción
entre la oración y el zakat. Zakat es el derecho que se aplica
a la riqueza. Por Allah que si se niegan a darme una sola cuerda
de atar camellos de las que daban al Mensajero de Allah, a quien
Allah bendiga y conceda paz, lucharé por conseguirla”.
En el contexto actual, las palabras más importantes de esta
extraordinaria declaración son “se niegan a darme”.
Es obvio que Abu Bakr no hablaba de sí mismo como individuo
sino como el líder de los musulmanes; al tomar esta postura
demuestra claramente el vínculo indisoluble entre el zakat
y el gobierno musulmán.
Este vínculo esta confirmado en las fuentes en el hadiz citado
al principio y transmitido por Ibn Abbas donde se narra el instante
cuando Mu’adh es enviado al Yemen. Entre las instrucciones
que le dio el Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, están
las siguientes palabras: “Allah ha hecho obligatorio que el
zakat se coja de sus propiedades y luego se entregue a los pobres”.
El uso de la forma verbal “se coja... y se entregue”
revela la naturaleza autoritaria de la institución del zakat,
tanto en su recaudación como en su posterior distribución.
Pudiera parecer que estoy dando demasiado énfasis a este
punto pero es necesario hacerlo porque la conexión orgánica
entre el zakat y la forma de gobierno islámica se ha perdido
por completo. La cuestión no es que el zakat puede ser recaudado
y distribuido por las autoridades musulmanes, lo relevante del asunto
es que ya desde el inicio, la naturaleza del zakat demuestra que
es precisamente así como se hace. En el zakat hay sin duda
un aspecto relacionado con el acto de adoración individual,
--según las palabras de una definición de sobra conocida
“Dar, como acto piadoso, una parte especificada legalmente
de la riqueza personal para que sea distribuida entre las categorías
mencionadas por Allah en Su Libro”. No cabe duda de que el
pago del zakat es una purificación de la riqueza de los que
pagan y una manera de obtener una recompensa en la Otra Vida, del
mismo modo que el no hacerlo es causa de un terrible castigo. Lo
que distingue al zakat de los demás actos de adoración,
es que está íntimamente vinculado al gobierno de la
comunidad musulmana.
Todos los textos de fiqh de cada uno de los madh-habs, y todos los
libros de historia de los musulmanes, muestran que esta conexión
era un hecho admitido a lo largo de los siglos de dominio musulmán
hasta llegar a nuestros días. La designación centralizada
de la recaudación y distribución del zakat, es parte
de la literatura tradicional que habla sobre el tema.
-
Imam al-Sarajsi, el conocido erudito hanafi, dice en su libro
al-Mabsut: “El zakat es un derecho de Allah, y debe ser
recaudado y distribuido por el líder de los musulmanes
o aquellos nombrados para ello. Si alguien paga su zakat a otra
persona, esto no anula su obligación del zakat”.
- Imam Malik dice en al-Muwatta: “La distribución
del zakat depende del juicio personal de la persona a cargo del
asunto... No existe un pago fijo para el recaudador del zakat,
suele ser lo que el líder de los musulmanes considere oportuno”.
- Imam ash-Shafi’i dice en Al-Umm hablando de la categoría
coránica “aquellos que lo recaudan” que son
las personas nombradas por el califa de los musulmanes para recaudar
y distribuir el zakat.
- El Imam Ahmad es citado en el libro Ash-Sharih ar-Rabbani li
Musnad Ahmad como diciendo: “El califa es el único
que tiene la autoridad y responsabilidad de recaudar y distribuir
el zakat, ya sea personalmente o mediante aquellos que designe
para ello; y tiene la autoridad y responsabilidad de combatir
contra los que se niegan a pagarlo”.
Estos
son cuatro ejemplos representativos de entre otras miles de posibilidades.
Todo lo dicho debería dejar sobradamente claro que, ya desde
sus orígenes, la recaudación y distribución
del zakat era una función integral e inseparable del gobierno
musulmán. Los otros pilares del Islam tienen un interface
que los conecta con la autoridad central: la doble shahada, con
el reconocimiento específico de la aceptación de la
autoridad del gobierno musulmán; la oración, con los
nombramientos oficiales de los jatibs que dirigen la oración
del yumu’a; el ayuno de Ramadán con el anuncio oficial
de su principio y su final; y el ha__ por el líder nombrado
para el mismo. Sin embargo, todos estos ritos pueden llevarse a
cabo por musulmanes que no estén siendo gobernados según
la shari’at –tal y como evidencia la presente secularización
del mundo musulmán actual y los muchos musulmanes que viven
bajo una autoridad kafir— siendo el principio y el final de
cada Ramadán donde más se hace notar la falta de una
autoridad musulmana reconocida por todos. En el caso del zakat esto
no es posible. El zakat no puede estar separado del gobierno musulmán
activo.
Si se rompe el vínculo vital entre el zakat y el gobierno
ello significa que el pilar del zakat, tal y como siempre ha sido
entendido por todos los musulmanes a lo largo de la historia del
Islam, ha sido eliminado. Cualquier pretensión con respecto
al pago y distribución del zakat en las presentes circunstancias
no puede ser más que eso –una pretensión bien
intencionada. Negar la conexión integral entre el zakat y
el gobierno central musulmán significa sin duda alguna que
la naturaleza del zakat ha sido alterada más allá
de toda posible identificación de su función y práctica
original.
Otro factor en la subversión del papel representado por el
zakat en la comunidad musulmana --unificador en lo político
y beneficioso en lo social— ha sido un método particular
de categorizar y tratar con los diversos tipos de propiedad que
ha sido desarrollado por los mismos musulmanes. En los primeros
días no se hacía distinción alguna entre los
diversos tipos de riqueza, pero en un momento comparativamente temprano,
la riqueza se dividió en dos categorías: riqueza aparente
(amwal dhahira) y riqueza no aparente (amwal batina). La riqueza
aparente eran los animales y los productos agrícolas, puesto
que se podían ver fácilmente, y la no-aparente era
el oro, la plata y las mercaderías que no eran tan fácilmente
identificables. La riqueza no aparente se hacía aparente
si su propietario la sacaba de la ciudad para venderla o comerciar
con ella en algún lugar.
Al principio, todas las categorías de riqueza eran tratadas
de la misma manera en lo que respecta a la recaudación y
distribución del zakat que les correspondía, y era
el deber de las personas designadas oficialmente el recaudar los
diversos tipos de zakat a los musulmanes que lo debían. Era
su responsabilidad asegurarse de que lo recaudado llegaba a la institución
gubernamental llamada bayt al-mal que era el depósito oficialmente
reconocido donde se entregaba el zakat recaudado y desde donde se
distribuía a las ocho categorías de beneficiarios
con derecho a percibirlo. En el caso de la riqueza aparente, esta
fue la práctica consensuada de los musulmanes hasta la caída
del califato y el consiguiente abandono de la shari’at a comienzos
del siglo pasado. Pero en el caso de la riqueza no aparente, se
concedió una dispensa por la cual las personas involucradas
podían, en ciertas circunstancias, distribuir su propio zakat
en la riqueza monetaria de la que eran poseedores.
Esta dispensa no era por supuesto una regla o un mandato, y a pesar
de que nunca tomó forma más definitiva que la de una
dispensa limitada, se utiliza sin embargo hoy en día por
muchos musulmanes para justificar la privatización del zakat,
algo que en la situación actual equivale a abandonar el zakat
por completo, ya que los otros tipos de zakat no se recaudan oficialmente
en ningún lugar. No cabe duda de que los que siguen esta
postura han caído en manos de los secularistas que hoy gobiernan
a los musulmanes en todos los territorios musulmanes y les han facilitado
la obtención y la posterior conservación del poder.
Debemos recordar en primer lugar, que la dispensa fue concedida
en un entorno donde la autoridad de la shari’at era absoluta
y la realidad política del zakat aplicado a todos los tipos
de riqueza era un hecho establecido sin duda alguna; en esas circunstancias,
la distribución individual de la riqueza no aparente no significaba
una amenaza contra la institución del zakat, al contrario
de lo que ocurre en nuestros días. A pesar de ser aceptado
como una posibilidad por algunos eruditos, todos permitían,
y muchos preferían, que el zakat de la riqueza no aparente
fuese pagado a los recaudadores oficiales.
El gran erudito shafi’i Al-Mawardi dijo que el recaudador
debía aceptar el zakat de la riqueza no aparente y ayudar
a la gente a evaluarlo; algunos shafi’itas dicen que el zakat
tiene que pagarse siempre al líder de los musulmanes. El
hanafi al-Sarajsi mantenía la opinión de que ningún
propietario tenía la posibilidad de invalidar el derecho
de recaudación que pertenece al líder de los musulmanes,
derecho que le confiere la shari’at. Al-Sarajsi llega incluso
a decir que si no se entrega al líder, no se ha cumplido
con la obligación de zakat. A pesar de que la gente de Imam
Malik reconocía la distinción entre riqueza aparente
y la que no lo es, en lo que respecta a la recaudación consideraban
toda la riqueza como aparente. En su opinión, el zakat de
cualquier clase que sea, tiene que pagarse al líder de los
musulmanes a través de los recaudadores oficiales, a no ser
que se sepa que el dirigente es una persona injusta porque no hace
correctamente la distribución del zakat. Otro factor desafortunado
en la corrupción del zakat ha sido el papel jugado recientemente
por las instituciones benéficas islámicas y otras
organizaciones similares que pretenden recaudar y distribuir el
zakat. Es especialmente perjudicial porque hacen que los musulmanes
crean que al darles su dinero están cumpliendo con el pago
obligatorio del zakat; la realidad, tal y como acabamos de ver,
es que no lo hacen. En los folletos y presentaciones escritas de
estas organizaciones se pide a la gente su zakat llegando a decirles
cómo calcularlo. Esto significa que se están nombrando
a sí mismos recaudadores del zakat. Pero en la shari’at
está de sobra claro que los recaudadores del zakat solo pueden
ser nombrados por el líder legítimo de los musulmanes;
nadie puede nombrarse a sí mismo para desempeñar esta
tarea.
Según la mayoría de los eruditos, si una persona paga
el zakat a alguien que no tiene derecho a recaudarlo, tiene que
pagarlo de nuevo; así pues, estas organizaciones benéficas
no sólo no pueden recaudar el zakat, sino que al hacerlo
impiden que los musulmanes cumplan correctamente con su obligación
causando un grave perjuicio en todo el proceso. Al no tener, según
la shari’at, el derecho a proclamarse recaudadores del zakat,
no tienen derecho a los fondos obtenidos de esta manera, y las cantidades
que se utilicen para pagar sus gastos han sido malversadas.
Sin embargo, lo peor es que al actuar de esta manera, estas organizaciones
ayudan a los enemigos del Islam puesto que impiden que surja a la
luz la verdadera posición de los musulmanes con respecto
al zakat. Al hacer parecer a la mayoría de los musulmanes
que es correcto e incluso deseable pagar el zakat de la forma que
sugieren, están confabulados con los enemigos del Islam ya
que, consciente o inconscientemente, confirman que el sometimiento
político actual de los musulmanes ante la forma de gobierno
no-musulmana es una situación aceptable.
Para una de estas organizaciones benéficas, la única
forma de justificar su derecho a recaudar el zakat sería
proclamar su liderazgo de la comunidad musulmana, algo imposible
puesto que perdería inmediatamente su estatus de sociedad
benéfica. En consecuencia, estas organizaciones deberían
abandonar inmediatamente su pretensión de ser recaudadores
del zakat.
Lo que espero haya quedado claro con lo estudiado hasta ahora, es
que a pesar de las sin duda sinceras intenciones de millones de
musulmanes del mundo entero, que hacen lo posible para dedicar cada
año parte de su riqueza para cumplir con la obligación
del zakat debida a Allah –y Allah es el que mejor conoce nuestros
corazones y puede hacer lo que Él quiere— la verdad
es que la obligación del zakat, tal y como ha sido siempre
entendida por los musulmanes, no está cumpliéndose
correctamente en ningún lugar. Esto es así porque
la conexión necesaria entre el zakat y el gobierno islámico
ha sido cortada, y porque el zakat de la riqueza no aparente, es
decir dinero y mercaderías, no se está pagando de
la forma en que está permitido hacerlo: con oro y plata.
No cabe duda de que el zakat es el pilar que falta en el Islam.
Lo que sí es evidente es que cuando el zakat es recaudado
y distribuido correctamente, actúa en la sociedad musulmana
como la última ayuda, como una especie de red protectora
que garantiza la protección del bienestar social. Los que
reciben el zakat son las personas que no tienen acceso a ninguna
otra fuente de ayuda. Es importante comprender que el zakat no es
caridad. Las donaciones privadas y el establecimiento de los awqaf
se encargan de satisfacer las necesidades más comunes de
la comunidad musulmana. El zakat está para cubrir las necesidades
de los que tienen ningún lugar donde acudir. Esta es otra
de las razones de que el zakat sea recaudado comunalmente y distribuido
localmente, ya que es la única manera de conseguir fondos
suficientes y distribuirlos de manera eficiente en ese ámbito
local que garantiza que las necesidades reales de la gente puedan
ser reconocidas y atendidas.
Tal y como hemos visto, es necesario que haya un líder político
en cada comunidad que supervise la recaudación y distribución
del zakat. Lo más normal es que parte del zakat, aunque no
sea una cantidad fija, se destine a los recaudadores; luego se atienden
las necesidades de los pobres e indigentes y luego el resto de categorías
descritas según cuándo y dónde sea apropiado
hacerlo. Estas decisiones competen al líder político
de los musulmanes, y su existencia es necesaria en cada comunidad
para que el zakat se distribuya correctamente.
Cuando habla de la distribución del zakat, Imam Malik lo
especifica con todo detalle en el Muwatta en la sección el
Libro del Zakat:
“Nuestra
postura con respecto a la división del zakat es que compete
al juicio individual de la persona al mando. Esta persona decide
quienes tiene preferencia entre las categorías de personas
más numerosas o con mayor necesidad. Es posible que esto
cambie tras un año o dos, pero siempre se da preferencia
a los que están necesitados y son más numerosos,
cualquiera que sea la categoría a la que pertenecen. Esto
es lo que yo he visto hacer a la gente de conocimiento con la
que estaba satisfecho”.
Ahora
ya debería ser claro y evidente que para poder aplicar de
nuevo el fiqh del zakat de forma correcta, además de volver
a colocar el pilar del zakat en su lugar fundamental en el centro
de la sociedad musulmana, deben abordarse dos factores fundamentales:
el vínculo necesario entre el zakat y la forma de gobierno,
y la reintroducción de las monedas de oro y plata como medios
de intercambio entre los musulmanes que permitan pagar de forma
correcta el zakat de la riqueza monetaria. Debería también
añadirse un tercer factor corolario a los dos ya mencionados:
el restablecimiento de los awqaf entre los musulmanes. Esto se debe
en parte a que el zakat no se considera una caridad y no se destina
a casos que en la sociedad musulmana se han asumido mediante el
establecimiento de awqafs; por otro lado, el restablecimiento de
los awqaf es el paso siguiente a la restauración del zakat
para poder lograr una sociedad musulmana que funcione correctamente.
Ya hemos visto que existe una indisoluble conexión entre
el zakat y el liderazgo político de la comunidad musulmana;
cuando este vínculo se rompe, el zakat, tal y como fue instaurado
en su forma original, deja de existir. De ello se deduce que, para
que el zakat sea restaurado, es indispensable reactivar el vínculo
entre éste y el liderazgo político de los musulmanes.
Hay un punto de vista que afirma que esto es ciertamente necesario
pero que sólo podrá conseguirse cuando se reinstaure
el liderazgo de toda la nación musulmana en su conjunto.
Dicho con otras palabras: no habrá zakat hasta que no se
reinstaure el califato ya que el califa es el único que tiene
derecho a nombrar recaudadores de zakat y supervisar su distribución.
Es evidente que el deseo explícito de todo musulmán
es ver el califato reinstaurado en todo su esplendor lo antes posible,
pero si seguimos la postura mencionada con respecto al zakat, no
estaremos cumpliendo con la tarea divina que tenemos enconmendada
y que consiste en hacer todo lo posible para ver el Din de Allah
establecido al máximo dentro de lo que permita nuestra propia
situación.
Ha habido épocas a lo largo de la historia del Islam en las
que el poder y la autoridad del califa no llegaban a muchos lugares
de la umma, pero ello no impedía el establecimiento correcto
y completo del zakat en esas zonas. Cuando se daba esa situación,
el líder político local representaba al califa en
esa región nombrando los recaudadores y supervisando la distribución
del zakat. Es evidente que nuestra responsabilidad como musulmanes
en estos tiempos sombríos sin califa es hacer lo mismo y
entonces, si Allah quiere, nuestro decidido deseo de restablecer
el pilar del zakat en sus cimientos más correctos demostrará
ser un paso fundamental en el camino hacia la reinstauración
del califato.
Es evidente que la situación de los musulmanes varía
según el lugar del mundo donde se vive. En los, así
llamados, países musulmanes –esos territorios que solían
ser parte de la umma cuando era un Dar al-Islam auténtico—
la responsabilidad del liderazgo político con respecto al
zakat es clara y evidente. Tienen que iniciar inmediatamente el
proceso de de-secularización que exige el zakat. Tienen que
empezar a recaudar el zakat de la forma que exige la shari’at;
y esto no significa añadir 2,5% al IRPF o retener la cuarenteava
parte de las cuentas bancarias de la gente, prácticas erróneas
y de salvar las apariencias que son utilizadas por gobiernos mal
aconsejados.
Lo que se pretende en realidad es volver a poner en su lugar todo
el mecanismo de recaudación y distribución del zakat,
abandonando en consecuencia el resto de impuestos injustos e ilegales
con los que ha sido sustituido. Hay que reorganizar las estructuras
de gobierno regionales, nombrando recaudadores del zakat que estén
supervisados por qadis. Hay que establecer centros de distribución
local donde se recoge el zakat y desde donde se distribuye a los
que tienen derecho al mismo en cada localidad. Y por fin, y como
corolario al zakat, hay que restablecer la yizya para reinstaurar
y mantener, en el marco de la política del Islam, una relación
correcta entre los musulmanes y los que no lo son.
No obstante, nuestra responsabilidad como musulmanes sigue siendo
la misma donde quiera que estemos, especialmente cuando nos encontramos
bajo un gobierno no musulmán: tenemos que emigrar a un lugar
donde Islam esté establecido y la autoridad de la shari’at
ocupe su lugar –lo cual no es una opción puesto que
no hay lugar del mundo donde este sea posible— o tenemos que
esforzarnos al máximo y hacer todo lo que podamos para ver
el Islam establecido en el lugar donde vivimos.
La casi totalidad de las comunidades musulmanas consiguen establecer
la oración, y el número de mezquitas existentes es
buena prueba de ello. La mayoría de los musulmanes cumplen
con el ayuno y los que pueden van al ha__. Pero el zakat en su forma
correcta no existe. En consecuencia, la obligación urgente
e inmediata de toda comunidad musulmana es remediar esta situación
y poner de nuevo en su lugar a este pilar caído. Sin zakat
no puede haber Islam. Pero tampoco puede haber zakat sin el liderazgo
musulmán que éste requiere. Así pues, nuestro
deber ineludible a la hora de establecer esta obligación
fundamental de nuestro Din, exige que tenemos que restablecer entre
nosotros la estructura política que lo va a hacer posible.
Los musulmanes que viven bajo el gobierno kafir tienen una identidad
política que se expresa en términos políticos
kafir. Tanto en el ámbito nacional como en el local, se divide
a los musulmanes según líneas políticas partidistas
que definen cuál es el mejor partido a la hora de cortejar
a la población musulmana e impedir así el surgimiento
de una identidad política específicamente musulmana.
La estructura política que exige el zakat corregirá
esta situación inmediatamente. El zakat requiere un liderazgo
manifiesto en cada grupo de musulmanes. Para que el zakat pueda
ser recaudado y distribuido según la shari’at, tiene
que haber un líder reconocido y aceptado en toda comunidad
musulmana. Si tienen el apoyo y el reconocimiento de la comunidad
que representan poco importa que hayan nombrados desde fuera o elegidos
desde dentro. Este paso no sólo permitirá la correcta
implantación del zakat sino que, de forma instantánea
y radical, politizará a los musulmanes como musulmanes, confiriéndoles
una identidad política de acuerdo con el Libro y la Sunna
y con ello, la posibilidad del poder real que sólo ocurre
cuando las leyes de Allah se ponen en práctica de la manera
correcta.
Cuando se establezca de esta manera el liderazgo musulmán
local y el zakat se recaude y distribuya de acuerdo con la shari’at
y a un nivel también local, es entonces cuando cada comunidad
musulmana podrá defender su propio terreno frente a las autoridades
kafir y los musulmanes obtendrán un cierto grado de independencia
en comparación con la absoluta dependencia del Estado kafir
presente en nuestros días.
Otro de los logros será que la comunidad musulmana incrementará
su cohesión y fortaleza política a nivel local y nacional,
y la consecuencia será que los musulmanes comenzarán
a verse a sí mismos como una fuerza humana dinámica
y transformativa en vez de una minoría asediada.
Me gustaría terminar insistiendo en que este nombramiento
de un líder no es una cuestión opcional para las comunidades
musulmanas que viven bajo la autoridad no-musulmana; ni siquiera
puede considerarse como algo que deberían hacer; es algo
que el Din del Islam les obliga a hacer. Es obligatorio. Ningún
grupo de musulmanes sería capaz de rezar sin nombrar a un
Imam que dirija la oración. El zakat y la oración
son mutuamente dependientes. Del mismo modo que la oración
no es posible sin un Imam que la dirija, el zakat tampoco lo es
sin un líder político que regule su recaudación
y posterior distribución. Es en consecuencia obligatorio
para todo grupo social de musulmanes tener un líder de este
tipo que permita la instauración del zakat de la manera que
el Din de Allah ha hecho obligatoria.
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